martes, 19 de octubre de 2010

ERA OCTUBRE...

They say that Allende committed suicide and is dead now (Dicen que Allende se suicidó y ahora está muerto)" (Patricio Carvajal, 11 de septiembre de 1973)

Era octubre, corría el año 1973, un mes antes, el 11 de septiembre, el gobierno democrático de Allende caía en Chile, Pinochet inauguraba la represión sanguinaria al sur de America, y doce días después, Neruda dejaba, al igual que nuestro Favaloro, su vida por amor a la vida, a la Honestidad, a la Ética.
Era octubre, nacía el doce, la noche plena caía sobre Villa María, y junto a un grupo de compañeros (impactados por tanta muerte inútil) pintamos “Ni olvido, ni Perdón” en la mampostería blanca que abría al supermercado Baudino en el centro de la ciudad. Un grupo de policías se acercó a nosotros, y terminamos mal, muy mal. (Mis viejos nunca se enteraron que ese día me pintaron las manos… “Por pintar una pared”)
Ahora, es el décimo año del tercer milenio, Salvador es leyenda, Pinochet un genocida, y Pablo, al igual que Rene, inmortal e indestructible.
Viene a cuento, esto, de rememorar recuerdos (perdón por la falsa licencia) para comprender lo otro, aquello que permanece ajeno a la historia cotidiana, a la verdad oficializada (no sólo por los poderes de turno) que parece encantarnos con una filosofía barata pero efectiva. Es que esto de la Revolución, de Cambiar, de Modificar los rumbos, pareciera conmovernos cuando jóvenes, y examinarnos cuando viejos.
No fue una pintura o graffiti lo que me llevó lejos de mi Córdoba amada, un cercano octubre de 1996. Por el contrario, las letras permanecieron en mí, como un eslabón o atadura eviterna, permitiendo la sobrevivencia espiritual y coadyuvando para la estabilidad de la familia. ¡El trabajo, ese factor inoperante que genera divisas, y comida, se encontraba distante del Barrio Alberdi y del Celeste imperecedero de su cielo!
No fue una pintura o graffiti lo que me impulsó a tomar un trozo de cerámica, otra mañana de octubre, en el Arauco riojano. Tal vez fue el destino (agnóstico sendero que nunca llega a transformarse en camino) el que iluminó con una pintura el opaco horizonte que cegaba “la Historia a mi Historia”.
En esa cerámica, que el tiempo y el espacio habían cobijado entre médanos hablantes, coexistía otra historia, diferente a la contada en la escuela, pero real, tangible, imperecedera. Desde entonces, el doce de octubre dejó de ser día de la Raza, también dejó de ser recordatorio de la Proeza de Don Cristóbal, para transformarse en una pregunta inalterable e inconsulta… ¿Qué ocurrió en el témpano del Nuevo Continente, y en nuestro NOA, antes de la llegada de los españoles?
Comprobé que a la desidia e intolerancia de las pestes y hecatombes europeas de la época, se contraponían en la tierra de Abya Yala, Civilizaciones cruentas e incruentas, con sus dioses a cuestas, con su Historia, y fundamentalmente, con un Futuro que les pertenecía y que no debía ser interrumpido. Si por eso, tan siniestro, hasta sucedió otro octubre del pasado siglo, cuando Juan Pablo II (Inmaculado) pidió perdón a los pueblos originarios por haber acompañado a aquellos españoles, y por los actos – no coherentes – cometidos por la iglesia católica, apostólica y romana durante los siglos XV y XVI en América. Comprobé también, que a pocos parece importarle que haya comprobado.
Tal vez, porque duele reconocernos con pasado. Tal vez porque duele comprender que antes de 1973 y de los ideales revolucionarios, otros hermanos (Seres Humanos) soportaron genocidios, invasiones, depredaciones, lapidaciones. Simplemente porque otros imaginaron que Dios los había ungido mejores, y porque otros libertaron lo que era libre desde la creación misma, y porque otros en 1924, imaginaron un himno acotado que quitara aquello de “Se conmueven del Inca las tumbas, y en sus huesos revive el ardor”… y porque otros…
Ahora, es otro octubre, pero no diferente a todos los octubres que nacieron con el Hombre, en este planeta que navega el universo, rodeado de millones de estrellas y planetas. Es octubre, y no está Pablo, ni Rene, ni la histórica bandera encalada en la proa del Barco que contiene la Argentina. Ya no existe el supermercado Baudino en mi Villa María natal, tampoco la mampostería blanca abierta hacia la calle. Mis viejos, residen en el cementerio local, junto a otros amigos y seres queridos; y yo sólo habito en esta tierra semidesértica, rodeado de imponentes montañas, descubriendo, asombrado, que aun guardan mis manos la pintura de aquella noche. ¡Ni olvido, ni perdón!... Como si fuera una frase grabada en la cerámica cobijada por los médanos… Preguntándome: ¿Por qué tanta muerte? ¿Para qué?

AMÉRICA, no invoco tu nombre en vano.
Cuando sujeto al corazón la espada,
cuando aguanto en el alma la gotera,
cuando por las ventanas
un nuevo día tuyo me penetra,
soy y estoy en la luz que me produce,
vivo en la sombra que me determina,
duermo y despierto en tu esencial aurora:
dulce como las uvas, y terrible,
conductor del azúcar y el castigo,
empapado en esperma de tu especie,
amamantado en sangre de tu herencia.

(Pablo Neruda falleció el 23 de septiembre de 1973) Según el crítico Harold Bloom, "ningún poeta del hemisferio occidental del siglo XX admite comparación con él".

Por ARQ. VICTOR JOSE STILP PICCOTTE  www.comisionbicentenario2010.blogspot.com
presidente de la comisión nacional de historia de Salac central – Córdoba

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