viernes, 12 de noviembre de 2010

RELATORES DE LA HISTORIA ARGENTINA


BREVÍSIMA RELACIÓN sobre relatores


Pedro Lozano (Sacerdote e Historiógrafo de la Compañía de Jesús, cuyos restos mortales se encuentran sepultos en la capilla de Uquia, Salta) afirmó que… el primer cronista del nuevo mundo fue el capitán Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdez, y que el mismo escribió “La historia general y natural de las Indias, Islas, y Tierra firme del mar Océano”[1] cuya primera parte se imprimió en Sevilla en el año 1535; y que… el segundo cronista fue Juan Cristóbal Calvete de la Estrella, quien escribió en latín “La historia de las Indias”[2] texto que en época del Jesuita se encontraba inédito; y que, en forma posterior… el Cronista Luis Tribaldos de Toledo se ocupó de la “Historia de Chile” (…) y el Cronista Antonio de León Pinelo, dejó escritos (…) y han quedado inéditos otros sobre América.[3]


Nave de la iglesia de Uquía.[4]

Desestimando alguna contradicción sobre las aseveraciones del insigne historiógrafo de la Compañía, debo agregar que si bien de la lectura de sus obras he tomado substanciales referencias para el legado literario, también han concurrido en esa misma dirección las historias de los cronistas Ruy Díaz de Guzmán[5] (“La Argentina”) Ulrico Schmidl[6] (“Viaje al Río de la Plata”) y Antonio Pigafetta.[7] (“Primer viaje en torno al globo”)


Firma de Ruy Díaz de Guzmán

De igual modo o manera, el compromiso intelectual no puede soslayar el trabajo que han aportado a las generaciones posteriores, otros investigadores e historiadores de la Companía de Jesús; ya que todos relataron lo ocurrido en Abya Yala desde el año 1535[8] (Condición idónea) hasta el año 1767, período en el cual, el ¿cazador? y Rey, Carlos III, ordenó la expulsión sumaria y súbita de la Orden en los territorios de España y sus mandatos. Al respecto, válido es citar que…

Los indios mineros lograron hacerse de cantidades considerables de metal que llevaban a vender al mercado de Potosí. Sin embargo los jesuitas que llegaron el año 1576 al lugar decidieron atacar este sistema, declarando que los indios vendían metal robado (…)

Esto le valió a los jesuitas ser expulsados de Potosí el año 1578, momento en que se inicia una fuerte represión contra la Orden.[9]

Los integrantes o miembros de la Orden de Loyola, cual antecesores de Fourier,[10] trataron de imponer una enhiesta organización social en el “nuevo continente”, aunque sólo alcanzaron a “transponer” la faz revolucionaria[11] del renacimiento europeo, sobre los desolados territorios de la región sur continental.
Para ello no sólo contaron con la pluma de Lozano, sino de otros investigadores y literatos – exceptúo la “Historia del Nuevo Mundo” del Jesuita “Bernabé Cobo” ó “Bernabé Cobo Peralta” – quienes recopilaron una asequible información con el objetivo de exportarla hacia la sede ubicada en Roma. De esta manera, los escritos de los Frailes continuadores de la misión apostólica de Ignacio de Loyola, conocidos como “Cartas Anuas”,[12] contuvieron precisos datos sobre las misiones ubicadas en América, y también un pormenorizado relato de los viajes o peregrinaciones que realizaban sus integrantes por el territorio del Tucumán, el Río de la Plata, y Paraguay.
Al respecto “la biblioteca Argentina” conjetura sobre la fabulación que evidencian algunos relatos surgidos de la pluma de los primeros jesuitas; pero vanamente se perfilan, pues la realidad certifica como “creíble” a la extensa y certera datación de lugares, que quinientos años después nos resultan conocidos y favorablemente “apetecibles”, para quienes habitamos e investigamos la poética histórica del SER argentino.
A su turno el religioso Nicolás du Toict, conocido como Nicolás del Techo, en su “Historia de la Provincia del Paraguay” publicada en 1673 en Lieja, España (Idioma francés) narra las derivaciones de la invasión, incluyendo los hechos ocurridos hasta el año 1644 (La obra fue traducida al castellano en el año 1897) y lo hace basándose en los textos de sus predecesores, generando con ello el nacimiento de la labor historiográfica de la Companía de Jesús.
Utilizando el mismo idioma, en el año 1756, el Jesuita Francisco Javier de Charlevoix publica en Paris su obra “Historia del Paraguay”, escrito que causó impacto en el viejo mundo, impulsando su traducción al idioma alemán, y posteriormente al inglés, latín, y al castellano. Este trabajo literario histórico compuesto por veintidós libros compilados en seis volúmenes (Versión traducida al castellano) eleva por primera vez una aguda crítica a la invasión, y a los excesos cometidos por los españoles sobre los nativos. (Fundamentalmente en las encomiendas)
Dos volúmenes editados en el año 1754 en Madrid, con el título “Historia de la conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán”[13] redactados por el aludido Jesuita Pedro Lozano, narran la historia de la penetración española a la gobernación del Tucma[14] o Tucumanahaho (Tucumán) citando los sucesos ocurridos hasta el año 1614. Esta obra, a pesar de conformar un panegírico eclesiástico, resulta ser la primera en datar los diferentes pueblos nativos existentes en los Valles de Catamarca y de La Rioja, incluyendo nombres de Jefes o caciques, e incluso, brindando detalles sobre la organización de las sociedades, y su cultura, precisando que…

El nombre de Tucumán que tiene la provincia, quieren algunos derivarle de la lengua quichua general del Perú (…) “Tucui” es Todo, y “Mana” es negación, como si dijesen toda esa provincia es nada (…) en ves de Tacuiajman que es la expresión genuina y propia (…) el nombre se tomó de un cacique muy poderoso del Valle de Calchaquí llamado Tucma (…) que se decía Tucumanahaho (…) que en lengua Kakana propia de los calchaquíes quiere decir pueblo.[15]

No escapa a la perspicacia intelectual, que en la obra de Lozano se condensa la influencia de Guzmán, y ¿Schmidl?[16] Aunque la “Historia de la conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán” trasciende el concepto de estas obras primigenias, y forja un vocabulario toponímico de valor universal, que en la actualidad puede cotejarse en ediciones en papel, en la red, o bien en los volúmenes de la antigua librería Jesuítica de la Compañía de Jesús de la ciudad de Córdoba, cobijada por las Bibliotecas Nacional de la República Argentina, y Mayor de la Universidad Nacional de Córdoba… Lamentablemente su obra más evolucionada, “Diccionario Histórico en seis volúmenes” (que fuera citada por otros Jesuitas) en la que se aportan vocabularios de Barzana y citas sobre el Valle de Paxsipas, de Aymocaj, y de Londres, se ha perdido.
El padre José Guevara, coyunturalmente el último de los historiadores de la provincia jesuítica del Paraguay, realizó un minucioso trabajo de síntesis de la obra de Lozano. Si bien resulta harto conocida su “Historia del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán”, diferentes investigaciones han coincidido que Guevara había concluido un manuscrito con una evolución historiográfica de la misma obra, pero cuando se disponía a publicarlo, se dio a conocer el decreto del año 1767 firmado por Carlos III. A raíz de ello, Guevara fue apresado en la ciudad de “Córdoba” y derivado a Italia, donde falleció en el año 1807 – ¿1806? – La “historia conocida” afirma que en el año 1836, un editor e historiador napolitano, protegido de Bernardino Rivadavia, dio a conocer una versión sobre el supuesto hallazgo de la obra manuscrita de Guevara del año 1764. Aunque en realidad, lo que publicó Pedro de Angelis en el año 1836, no fue más que una nueva versión del manuscrito del Jesuita expulsado (compendio que nuclea, además, a otros autores) haciendo constar algunos artículos sobre la flora y vertebrados fósiles. (Además de la cronología histórica sobre el Paraguay, Río de la Plata, y Tucumán,[17] que “pareciera” continuar la tarea de Lozano)[18] El libro de Pedro de Angelis definió un interesante retorno hacia las raíces americanas, desechando otras ramas de la ciencia que a su turno serían objeto de investigación por miembros de la orden, quienes se dedicaron al estudio y la enseñanza de las ciencias naturales…

“Como medio importantísimo para bien espiritual y eterno de españoles y nativos”[19]

Sirva como ejemplo, citar al padre José Sánchez Labrador (1717, 1798) con su obra “Paraguay Natural”; a Llano Zapata; a Tomas Falkner (1702, 1784) con su obra “Descripción de la patagona”; a Gaspar Juárez (1731, 1784) con la “Historia natural del río de la Plata”; a Manuel de Torres que en el año 1787 descubre el primer esqueleto completo de un megaterio; y al sacerdote Juan Ignacio Molina (1740, 1829) nacido en Talca, Chile, que con su obra del año 1782 “Compendio de la historia geográfica, natural y civil del Reyno de Chile” traslada datos sobre plantas, animales, accidentes geográficos, mineralogía, y un importantísimo apunte sobre los movimientos sísmicos ocurridos en la región.
Sobre Diego de Rosales y otros ignotos relatores de la época, poco he logrado redimir, sólo datos parciales sobre la trayectoria cultural del primero, corroborando que en el año 1590 Europa se ve perturbada (en sus basamentos y convicciones) al tomar conocimiento de sus obras literarias. Sismo cultural que es aprovechado por el Jesuita Joseph de Acosta[20], que en el año 1590 da a conocer la “Historia natural y moral de las Indias” dedicada a la Serenísima Infanta Doña Isabel Clara Eugenia de Austria. Los seis libros originales que componen este extenso trabajo literario, con el encabezamiento “De procuranda indorum salute” pergeñan un primitivo estudio sociológico de los pueblos nativos, con el objetivo, manifiestamente expuesto, de purificar la mentalidad de los originarios a fines de extirpar de cuajo sus ritos y supersticiones. Esta obra que posteriormente fue reimpresa en latín, francés, alemán, portugués y flamenco,[21] fue editada originalmente en tres idiomas comunes a esa etapa histórica, castellano, Quechua y aymara[22], como una manera de respetar el pensamiento de San Pablo…

“No hemos de seguir la letra que mata, sino el espíritu que da vida.”[23]

Pensamiento, que resultaba fiel a los preceptos que anidaban en el corazón del joven López de Recalde[24] al momento de “entregar su vida a la voluntad de Dios”. Tal vez por ello, los miembros de la Compañía junto a otros destacados investigadores cuyos nombres no compete trascender, desarrollaron un profundo y minucioso estudio del entorno, acción que les habilitó – a muchos de ellos – el libre acceso como docentes de la Universidad de Córdoba de la Nueva Andalucía…

Cuyo origen se entiende en el Colegio Máximo de los Jesuitas, y no, en la voluntad tardía de fundación de la actual Universidad Nacional de Córdoba por parte del Obispo de la diócesis del Tucumán don Fernando de Trejo y Sanabria.[25]

De la lectura de los trabajos mencionados (Parcial en alguno de ellos, traducciones en otros, originales de los más trascendentes) queda clarificado el medio ambiente pergeñado en el año 1532 y también, el inicio del proceso de inducción y subducción que generaría la invasión derivada de la captura de Atahualpa en Cajamarca, y con ello, el rudimento del espacio tiempo propicio para los españoles en el territorio impostado por los Incas. (NOA)
Efectivamente, desde esa fecha diferentes formas de vida y fundamentalmente de creencias, obligan a las civilizaciones del sur americano a un proceso de sometimiento que encarnó la inhibida historia que sobrelleva Argentina, generando una inaceptable violación física y moral de un grupo humano contra otro semejante. Este innegable episodio histórico de la humanidad que perdura en la segregación actual, fue sufrido en carne propia por los nativos de Abya Yala, y sólo la tradición oral, en forma de poesías, mitos o narraciones, ha logrado trasladar intacto hasta nosotros el legado que en vano intentaron extinguir los españoles… Como asegura la biblioteca… Hasta que se descifren los dibujos en los topakus”
Por supuesto que muchos años antes de la explosión literaria de las Misiones Jesuitas, otros relatores e investigadores habían realizado una aproximación a las verdades españolas… Que por otra parte, en nada coincidían con las vivencias de los pueblos impostados, que continuaban reclamando la devolución de sus tierras y de sus dioses. Muchas fueron las voces que intentaron alzarse en contra de la extirpación de idolatrías andinas; pero el plan de desarrollo español era más sustentable que la vivencia secuencial y simple de los nativos, y por eso no resultó extraña la confiscación de tradiciones. En efecto, las continuas reacciones de los pueblos originarios sólo hacían mella en las construcciones de los españoles, pero nada en sus corazones y menos aún en sus pretensiones. No resultó extraño entonces que en el Cusco, antes de la partida fundacional de Pedro de Valdivia, y poco tiempo después del regreso de Diego de Almagro de su aventura al sur del Titicaca, los hombres y mujeres repitieran…

Almagro pide la paz. Los Pizarro, guerra, guerra, ellos todos morirán. Y otro, mandará la tierra...

Estos versos que datan del año 1537, constituyen una ímproba crónica de la autenticidad soslayada, que prosiguió invariable en el discurso de Pedro Cieza de León[26] en su obra historiográfica “Crónica del Perú”…  Aunque el laberinto literario de la obra significa una referencia obligada para los historiadores posteriores, dada la primera visión española sobre el mundo andino.
Como sucediera con Lozano décadas después, la obra de Pedro de Cieza de León sobre las misiones de los enviados de su amigo gobernador (Licenciado) Pedro La Gasca en el territorio del cacique Tucma, no pudo ser completada debido a su temprana muerte. (32 años de edad, en la ciudad de Sevilla)
Cristóbal de Molina[27] con sus “Fábulas y ritos de los Incas”, tal como sobrevino con Pedro Sarmiento de Gamboa y su “Historia Índica”, nada relataron sobre las secuelas que quedaron tras la penetración española en el imperio Inca. Tampoco interesó este tema a Juan de Betanzos[28] en su “Suma y narración de los Incas”. Aunque Betanzos alcanzó a trascender como uno de los “privilegiados” españoles en el dominio del prosternado idioma Quechua, ya que… de Betanzos contrajo nupcias con Cusi Rimay Ocllo, conocida como Angelina, quien había sido la segunda esposa de Francisco Pizarro. La obra contiene una visión primaria sobre el Tahuantinsuyu, resultando obvia la “mirada” renacentista sobre los ciclos míticos de la creación y transformación del mundo Inca, al que sin embargo – con la visión de los primeros años del tercer milenio – podría haber descripto con fidelidad dada su evolucionada capacitación como traductor.[29]
Años antes de Betanzos, Hernando Pizarro, hermano de Francisco, había redactado un memorial sobre su participación en la invasión; este escrito que resulta de interés para quienes dilucidan el carácter de los españoles afincados en Perú, fue complementado y corregido por los escritores Francisco de Xeres, Pedro Sancho y Juan Ruiz de Arce, quienes habían acompañado al oriundo del pueblo español de Trujillo como testigos directos de la guerra… Los escritos incorporados al libro primigenio formulan denuncias sobre “la violencia nativa”.
Por su parte, Agustín de Zárate, Contador General de Cuentas del Rey de España, redactó “Crónica e Historia del descubrimiento y Conquista del Perú” realizando un detallado relato de la geografía, el clima, y las costumbres de los nativos. A la obra publicada en el año 1555, le fue agregado un epílogo con la acción de la Corona solventando al Licenciado Pedro La Gasca, y, además, con consideraciones sobre la evolución de la minería en Potosí, dado que…

El Rey deseaba con vehemencia que La Gasca acabara con el reinado de los hermanos Pizarro, especialmente con el poder de Gonzalo Pizarro.

El Fraile Mercedario Martín de Murúa[30] en su “Historia General del Perú, origen y descendencia de los Incas” se explaya en leyendas sobre míticos monstruos del área andina; aunque incorpora frases “sugestivamente influenciadas” por los escritos de Polo de Ondegardo[31] quien en sus obras “De los errores y supersticiones de los indios” y de la polémica “Relación del notable daño que resulta de no guardar a los indios en sus fueros”, “echa con cajas destempladas” la verdadera historia “soportada” en el sur americano. No resulta diferente la versión de la invasión escrita por el cronista Miguel de Estete[32] en

“La relación del viaje que hizo el señor Capitán Hernando Pizarro por mandato del señor Gobernador, desde el pueblo de Caxamalca a Pachacamac y de allí a Jauja”.

Respecto de la cronología histórica del Perú, es válido citar a los cronistas Antonio de Herrera, Diego Fernández (El Palentino) con su obra “Historia del Perú”; y Pedro Gutiérrez de Santa Clara, que escribiera “Historia de las guerras civiles del Perú”.
Finalmente, como una síntesis de la labor literaria en la primera etapa de la invasión al sur continental, creo conveniente incorporar dos párrafos históricos. El primero corresponde al testamento que Mancio Sierra de Leguizamo (Uno de los confidentes de Francisco Pizarro) remitiera al Rey de España para que... 

“Sepa la verdad de lo que los conquistadores vieron e hicieron con los habitantes del Nuevo mundo (...) que entienda su Majestad Católica que hallamos éstos de tal manera que en todos ellos no había un ladrón, ni hombre vicioso, ni holgazán, ni había mujer adultera, ni mala (...) y que los hombres tenían sus ocupaciones honestas y provechosas. Y que las tierras y montes, y minas, y puestos, y caza, y maderas, y todo género de aprovechamiento estaba gobernado y repartido en suerte que cada uno conocía y tenia su hacienda sin que otro ninguno se la ocupase ni tomase, ni sobre ello había pleitos, y que las cosas de la guerra aunque eran muchas, no impedían al comercio ni estos a las cosas de la labranza y cultivos de tierra, ni otra cosa alguna; y que en todo desde lo mayor a lo más menudo, tenia orden y concierto con mucho asiento, y que los Incas eran temidos y obedecidos y respetados, y acatados por sus súbditos”[33]

El segundo, corresponde al Fraile Juan de Torquemada, quien en relación con los que habitaban las tierras por ellos “descubiertas”, afirmaba...

“No saben hurtar; todo cuanto hallan, aunque sean cosas muy apetecibles y de su gusto, buscan a su dueño para dárselo, y se ha verificado esto, y después que los españoles están entre ellos; porque cosas que han perdido se las han buelto, buscando con diligencia a los dueños (...) y al que no tiene mas que una manta y la pierde, se la buelven con condición que ha de andar desnudo por todo el pueblo, pintado y embijado todo el cuerpo, y los muchachos dándole grita, como castigo por perder en el juego.”[34]

Párrafos que “advierten” con lírica ansiedad, la extraviada y negada historia que se omitía ante la oficial.
A raíz de esta postura, una nueva literatura que “sospecha otro pasado” vislumbra a los emergentes pueblos nativos de América, y sorprendentemente se ve contenida en el pensamiento de los denominados “Cronistas de la Invasión”; grupo “selecto”, conformado por aquellos que precedieron a los citados, y, además, por los intelectuales e investigadores que habían nacido en la nueva tierra. Dos Cronistas de esa época histórica, fueron, el civil Blas Valera (¿Velera?) a quien se adjudica ser el “verdadero” autor de la “Crónica y Buen Gobierno”…

Los dos documentos son complementarios, pues narran, con detalles distintos, los mismos acontecimientos que modifican una serie de hechos hasta ahora consolidados por la historiografía colonial peruana. Por un lado acusan a Francisco Pizarro de haber derrotado a Atahuallpa sirviéndoles vino envenenado a los oficiales del Inca. Por el otro lado revelan que el mestizo P. Blas Valera fue encarcelado, y luego desterrado a España, no por un asunto de mujeres, como se consideraba hasta ahora, sino por un delito mucho más grave, que parece haber sido herejía y subversión política, es decir algo que colocó a la Provincia jesuítica peruana entera en grave tensión con la Inquisición.[35]


 Garcilaso de la Vega[36]

Y el mestizo Inca Garcilaso[37] de la Vega, quien había nacido en el Cusco el 12 de abril de 1539, en el seno de la familia compuesta por el Capitán español Garcilaso de la Vega y la nativa Isabel Chimpu Ocllo. (Sobrina del Inca Huayna Cápac) Garcilaso, en su obra “Comentarios Reales”, cita el origen del imperio Incaico, su gobierno, las leyes y costumbres, manifestando un destacado amor por el Cusco y sus antepasados. Actitud que le llevó a escribir “La Historia General del Perú” ensalzando a los que él llama “conquistadores españoles”. Luego, el cambio físico y social del espacio tiempo americano, condujo al nativo a interpretar la historia de otra manera.Tras el conocimiento de estos escritos, nuevos jalones se inscriben en el proceso histórico, y las primeras revisiones se esbozan en las letras de Juan de Espinosa Medrano, nacido en la provincia de Aimaraes en el año 1629, y muerto en el Cusco cincuenta y nueve años después. Medrano, era en realidad un notable teólogo y doctrinante de habla Quechua conocido vulgarmente como “El Lunarejo” (Por un amplio lunar que portaba en su rostro) que supo exponer el origen nativo en su obra “La novena Maravilla” (Una serie de sermones que se hallan disponibles en la red, y que consolidan el aspecto revolucionario que sobrevendría con los años)
También en los textos del cronista y poeta Juan del Valle Caviedes, nacido en la Villa de Procura, Andalucía, en el año 1652, quien es el autor de los versos…

El pobre es tonto si calla. Y si habla es un majadero; Si sabe, es un hablador, Y si afable, embustero; Si es cortés, entrometido; Cuando no sufre, soberbio; Cobarde cuando es humilde. Y loco, cuando es resulto.

Rimas asonantes, que por otra parte, resultan ser las primeras en describir las conductas sociales sobrevivientes del mestizaje ocurrido en las tierras del otrora imperio Inca…

Caviedes llegó siendo niño al Perú, y fue llamado el poeta de la ribera, trascendiendo con su fama los límites de la extensa frontera del Virreinato del Perú.

Estos “Post” cronistas de la invasión, que he referido, sintetizan los actos y sucesos generados por la ambición española; y al ser incorporados al pensamiento del tercer milenio, permiten la apertura de nobles umbrales consintiendo que “la conocida no es la única verdad” (Ya que sus autores eran o pertenecían en parte a la raza de los castellanos) y fundamentalmente, el corrimiento del “telón” que oculta las consecuencias del choque racial, que hasta ese espacio tiempo había sido narrado en forma parcial, y antológicamente consecuente con la posición de los vencedores…

Por lo tanto, es lógico suponer que a cuatrocientos ochenta años de aquel acontecimiento, nos falta una madura versión nativa, que por consecuencias de la mutilación cultural no llegará jamás.

Otros cronistas, sin embargo, intentaron – inmersos en el espacio tiempo de los invasores – detallar lo ocurrido con “las culturas existentes en el NOA antes de la llegada de los españoles.” Tal vez simples indicios que corresponden a la pluma de quienes nacieron en el nuevo continente, y que se encuentran sintetizados en Titu Cusi Yupanqui, Juan de Santa Cruz Pachacutic Saicamaygua[38] y Felipe Huáman Poma de Ayala[39], quienes expusieron (con candidez) una primitiva voz de los vencidos… Aunque exista en ellos la huella del mestizaje español, y un pensamiento arraigado sobre los valores impostados hacia el Quechua.
El audaz Yupanqui, hijo de Manco Inca (quien fuera emperador y vasallo de la corona española con el nombre de Manco Cápac II) se atrevió a narrar en el año 1570 la caída del Imperio en Cajamarca, y la posterior resistencia de su padre en el Cusco. Pachacutic Saicamaygua, por su parte, es quien relata la interrelación entre Tonapa y Viracocha, convalidando la presunción de la presencia Inca en la confluencia hídrica del Valle Vicioso, donde los pueblos de la cultura Cacá se encolumnaban detrás de la figura del legendario Paxsipas. (Algunos autores lo denominan Pacipas de Londres de la Nueva Inglaterra) Es Saicamaygua quien habla del dios que convierte a los contrarios en piedra y que hace que los cerros se derritan en fuego. (Mimesis de la leyenda de Qamayoq y del origen del fuego) El mismo que relata los hechos que determinan a las huacas abatirse con el viento. (Leyenda de Huillanco) o los gloriosos momentos en que las portentosas aves andinas dominan el espacio desde las altivas cumbres. (La leyenda del cóndor) A su turno Huamán Poma de Ayala (1534 – 1615?) es el que refrenda la huella nativa de lo real y lo ideal, trasladando conmovedores hechos hacia el relato popular…

“Todos eran como amortajados, toda la cara cubierta, y que se le parecía sólo los ojos, y en la cabeza traían unas ollitas” (asegura sobre cómo veían los nativos a los invasores españoles) luego afirma que los españoles “comenzaron a matar indios como hormigas”[40]

La crónica de Ayala – manifiesta entre los años 1587 y 1615 – se ha transformado en el único escrito nativo que cita con certeza la presencia de Francisco Pizarro y Diego de Almagro en el Cusco, detallando sus actitudes con respecto a Atahualpa y a Huáscar. De la lectura de Ayala podemos extraer los testimonios sobre las epidemias que causaron estragos entre los nativos. (En el año 1577 con la peste de catarros, en 1585 con la viruela, y en 1587 con la de sarampión.)

“Es cosa constante irse disminuyendo por todas partes el número de los indios, bien sea por los estragos formidables que hacen las viruelas, bien por el uso de las bebidas fuertes y su inmoderación, incapaz de contenerse, bien por la repugnancia que les causa verse sujetos a naciones extrañas y precisados a trabajar contra su inclinación, o por otras causas menos visibles, aunque son bastantes las antecedentes”[41] Respecto de síntomas menores, el mismo autor cita que… “Las viruelas se han extendido con gran rapidez, causando muchos estragos, siendo un hecho raro, pero sobre el cual no cabe duda alguna, el de que los simples catarros, tengan consecuencias igualmente funestas”[42]


Tucumán[43]

En una variante similar, y sobre los territorios ubicados al sur del Titicaca, Poma de Ayala resulta ambivalente, pues sus relaciones no siempre condicen con la realidad. Por ejemplo, resulta creíble cuando asegura que por efectos de los virus del Sarampión y de la Viruela… “No cabían los cadáveres en los cementerios ni en las iglesias, y que los enfermos desbordaban de sufrimiento”… Y resulta ingenuo al afirmar que Tucumán era “tierra de buen tenple, poca comida y carne y de mucho pescado”, de donde se desprende que Ayala nunca pisó el territorio del NOA…

La dicha ciudad de Tucomán no tien[e] juridición y obispado, sola la dicha ciudad. Y no tiene prouincias ni comarcanos, uillas, aldeas ni pueblos. De la parte de Paraguay deuide el rrío caudaloso que entra a la Mar de Norte y entra de la montaña de Chile y parte de la montaña de los Andes. Y es tierra de buen tenple, poca comida y carne y de mucho pescado y poca rropa y plata, oro, pobre gente y abundancia de fruta desta ciudad y tierra. Ban cordelleras, ysletas a otros rreynos y la mar caudoloso, adonde se cría la mar de serena, pexe espada, uallena mucha, la mar mayor del mundo y pescados terribles. Está la Mar del Norte d[e] España adonde los primeros pilotos asertaron y hallaron tierra y legua de la mar desde Castilla a Tucomán, Paraguay seticientas leguas. Y en ellas tienen yglecia, conuentos y capillas muy aderesadas, toda cristiandad y pulicía y buena gente caritatibos, amigo de los pobres, temerosos de Dios y de su justicia y de su Magestad, buenos becinos y moradores, soldados, toda pulicía ací españoles como saserdotes, yndios, negros y bien criados ellos como sus mugeres y hijos. Desde la fundación no a auido suspecha en ellos ni mentira, todo uerdad.[44]

Como ilógica consumación, debo decir que en las hojas escritas por los antes nombrados, debe basarse la conjetura que corrobora la historia. En primer lugar, porque “ellos” no posibilitaron “La destrucción de las Indias”, tampoco la invasión al NOA, ni el posterior ultraje e impostación religiosa monoteísta europea. En segundo lugar, porque contuvieron el legado histórico, al dejar en sus escritos las aseveraciones de las actas que hoy no existen, determinando el hilo o ruta que concatena el origen de las poblaciones en los valles intermontanos del NOA.
Como incoherente conclusión, debo expresar que cuando un escrito de esa época llega a manos de un historiador, otra novela comienza. (Porque a pesar de negarlo, saben que la historia es una conjetura) En definitiva, porque nadie se atreve a pasar de un extremo a otro lo ya escrito (Sin relatar “toda” la verdad) y menos aún modificar el sentido descriptivo de aquellos que hace cinco siglos “intentaron” con supuesta objetividad, señalar los sucesos originados tras la llegada de Cristóbal Colón a Guanahani.


[1] Lozano, Pedro. “Historia de la Conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán” T. I. BMUNC (obra citada en Tomo I) Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[2] Lozano, Pedro. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[3] Lozano, Pedro. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[4] Fotografía de la colección de imágenes del NOA, del arq. Víctor José Stilp Piccotte.
[5] Díaz de Guzmán, Ruy. Nació en 1554 en Asunción del Paraguay, y falleció en 1629 Fundó la ciudad de San Pedro de Guzmán y escribió las obras “Anales del descubrimiento” (1610) y “La Argentina”. (1612) Lamentablemente se desconoce el lugar donde se guarda al manuscrito original de esta última.
[6] Schmidl, Ulrico. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[7] Pigafetta, Antonio. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[8] Momento en el cual Gonzalo Calvo de Barrientos profanó el actual Noroeste Argentino.
[9] Laurencich Minelli, Laura. Dip. di Paleografía e Medievística Universidad de Bologna, Italia “Las actas del coloquio Guaman Poma y Blas Valera. Tradición Andina e Historia Colonial: nuevas pistas de investigación”.  Roma, Italia, 30 de septiembre de 1999.
[10] Fourier, Charles. Filósofo y sociólogo francés creador del “falansterio”, o sistema social comunitario, ejemplificado en una comunidad de trabajadores que comparten al mismo tiempo, el hábitat para trabajar y el desarrollo de las actividades de la vida privada.
[11] Curiosamente, y tal como lo señala la poética, estos ideales que propusieron los Jesuitas en el siglo XVIII, fueron condensados en el siglo XIX por filósofos hegelianos y marxistas, y nuevamente introducidos en el Noroeste Argentino a partir del año 1965, como objetivos centrales de los ideales populares y cristianos que impulsaban los religiosos católicos del “tercer mundo” (Mújica y Angelelli, entre otros) acción que se viera interrumpida en forma violenta por la dictadura militar del año 1976.
[12] En especial sobre la región del Tucumán. Carta Anua citada por Pedro Francisco Javier de Charlevoix. Signatura 9-3762/11 y Carta Anua de la Provincia de Paraguay de la Compañía de Jesús, citada por Pedro Lozano, correspondiente a los años de 1611 y 1612 – Signatura 9-3702/18 remitidas por el Auxiliar Asunción Miralles de Imperial, de la Biblioteca de la Real Academia de la Historia de Madrid. España. asuncion_miralles-@rah.es     
[13] BMUNC (Cinco volúmenes) Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[14] Cacique llamado Tucma, y su pueblo Anahaho / Tucumanahaho (Pueblo del cacique Tucma)
[15]  Lozano, Pedro. T. II. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[16] Schmidl, Ulrico. (Schmidel) Nació en Straubing, Alemania, en el año 1510, acompañó a Pedro de Mendoza en su exploración del Río de la Plata en el año 1535. en 1553 regresó a Alemania y escribió un relato sobre sus experiencias en el nuevo continente. El libro apareció en 1567 con el titulo de “derrotero y viaje a España y las Indias” o “Viaje al río de la Plata”
[17] Tucumán, en letras pequeñas en relación a las palabras Paraguay, y Río de la Plata, dado que poco es lo que aporta sobre esta gobernación.
[18] Angelis, Pedro de. Considerado el Patriarca de los historiadores argentinos, nació en Nápoles el día 29 de junio del año 1784. a la edad de 40 años viaja a París (1825) donde es presentado a Bernardino Rivadavia. Dos años después viaja a la ciudad de Buenos Aires para hacerse cargo de la imprenta del Estado. Una vez obtenida la ciudadanía Argentina inicia la publicación de dos periódicos, el primero “Crónica Política y literaria de Buenos Aires” el segundo “El Conciliador” (Este último sólo pudo difundir un número) con la caída de Rivadavia se ve obligado a clausurar sus proyectos y debe recurrir al dictado de clases para sobrevivir. Gracias a su amistad con el restaurador de las Leyes comienza a pergeñar su ulterior desafío histórico. En 1836 concreta la publicación de “Colección de Obras y Documentos relativos a la Historia Antigua y Moderna de las provincias del río de la Plata” en los que cita la colección completa del Jesuita José Guevara. Luego de un corto paso por Brasil y algunas ciudades europeas, retorna a Buenos Aires y publica una diversidad de obras históricas y literarias que merecieran el elogio de Domingo F. Sarmiento, quien afirmó que “son el monumento (las obras literarias de De Angelis) que pueda honrar a un Estado Americano”. A pedido de Bartolomé Mitre, De Angelis ocupó un lugar en el Instituto Histórico y Geográfico del Río de la Plata, y el día 10 de febrero de 1859 falleció en la ciudad de Buenos Aires.
[19] En el año 1974, García Castellanos atribuye esta frase al Obispo Trejo y Sanabria.
[20] Nació en el año 1540 y llegó a Lima en el año 1572. Fue Profesor, Consejero del Virrey Toledo, Miembro del Tribunal de la Inquisición, y Examinador Sinodal del Arzobispado. Participó de las campañas de evangelización entre los años 1575 y 1576, experiencia que le sirvió para la redacción de su libro “De Procuranda Indorum Salute” o “Historia Natural y moral de las Indias”. A este Jesuita se debe la consideración sobre los adoradores del culto solar, y especialmente, el conocimiento de la división de las Panacas Hurin y Hanan. Falleció en Paris en el año 1605.
[21] Se reimprimió en Barcelona en el año 1591, en el año 1595 fue traducida al latín en Salamanca. Fue reimpresa en Madrid en los años 1608, 1610, 1792 y 1894. en Italiano por Pablo Gallucio, quien la editó en Venecia en el año 1596. Roberto Reynault, la editó en francés en el año 1598, 1600, 1606, 1616. Evard Grimstone en el año 1604 y 1684. Juan Hugo de Luischat, edición en flamenco del año 1598 y 1624. Gotardo Artús en alemán en el año 1599. posteriormente, la obra fue incluida en otros volúmenes literarios, como por ejemplo en la parte tercera de la obra de Teodoro Bry “Historia Occidental” (Primera edición en lengua francesa)
[22] Ensalzada en la versión de Vicente Gay, “Leyes de imperio español” Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[23] Acosta, Joseph de. P. “Historia natural y moral de las Indias” Reedición española del año 1945, de la original en castellano del año 1590.
[24] San Ignacio de Loyola.
[25] Revista Archivum. T. I. C. 1. Buenos Aires, 1943. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[26] Nació en Llerena en el año 1522, se embarcó rumbo a América en el mes de junio el año 1535, llegó a Perú en el año 1547 junto a Pedro de La Gasca y combatió contra las huestes de Gonzalo Pizarro. Viajó hacia España en el año 1552 y publicó su obra literaria en Sevilla. Falleció en esa ciudad española en el año 1554.
[27] Molina, Cristóbal de. Nació en Perú en 1550, fue párroco del Cusco. Hablante Quechua, se interesó en las prácticas rituales de los amerindios. Escribió “Fábulas y ritos de los Incas”
[28] Betanzos, Juan de. Nació en España a comienzos del siglo XVI, y llegó a Perú junto a las huestes de Pizarro. Se caso con Angelina, que era hermana de Atahualpa, y aprendió a hablar el Quechua. En un primer espacio, le brindó su apoyo a Gonzalo Pizarro, y luego se convirtió en un firme defensor de las ideas de La Gasca, postura que le fue retribuida con una encomienda. Hizo de intérprete en Vilacamba y escribió “Suma y Narración de los Incas”. Falleció en Cusco en el año 1576
[29] Se conservan dos copias de su trabajo, una que he observado en la Biblioteca del Escorial, y otra, según la “biblioteca”, en Palma de Mallorca.  Ambas, regiones de España.
[30] Nació en Guipúzcoa, España en el año 1554. llegó a América en el año 1584. se trasladó al Valle de Curahuasi en 1594 y siete años después residió en el Convento de San Juan de Letrán en Arequipa. Se trasladó a Córdoba de la Nueva Andalucía en el llano a finales del año 1613, y tres años después en la ciudad de Buenos Aires, donde solicita permiso para editar el “Manuscrito de Loyola” conocido como “Historia General del Perú, origen y descendencia de los Incas.” Falleció en España en el año 1623.
[31] Ondegardo, Juan Polo de. Nació en 1528 en el mismo pueblo de los hermanos Pizarro, en España, y fue reclutado por Francisco Pizarro con la función de relator de todas las crónicas de la aventura. Tras una pelea en Panamá, fue separado por Diego de Almagro y se quedó en el Darien. En 1545 llegó al territorio de los Incas decidido a apoyar al ejercito realista de La Gasca que enfrentaba a Gonzalo Pizarro (¿venganza personal?) luego del triunfo fue nombrado Gobernador de Charcas y corregidor del Cuzco. Amigo del Inca Garcilaso, inició su tarea de escribir una serie de obras relacionadas con la legislación y administración de los Incas (En realidad fue un excelente delegado religioso, encargado de recuperar los “huesos” de los ilustres antepasados amerindios, con el fin de destruir el respetuoso culto a los muertos. Lo que vulgarmente se conoce en la historia como “inquisidor”)
[32] Estete, Miguel de. Nació en el año 1507 en Santo Domingo de la Calzada, España. No se conoce la fecha exacta de la llegada al nuevo continente, aunque se conecta su presencia en Perú con la hegemonía de Hernando Pizarro. En Coaque se une al ejército español, y junto al hermano del fundador de Lima participa en todas las expediciones de éste, hechos que recoge en sus libros. Murió en Lima en el año 1560.
[33] Sierra de Leguizamo, Mancio. “Testamento” facsímile del original existente en el Archivo y Biblioteca de Sevilla. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[34] Torquemada, Juan de. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[35] Laurencich Minelli, Laura. Dip. di Paleografía e Medievística Universidad de Bologna, Italia. Las actas del coloquio Guaman Poma y Blas Valera. Tradición Andina e Historia Colonial: nuevas pistas de investigación. Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid. 2002. www.ucm.es 
[36] De la Vega, Garcilaso. “Biblioteca de oro del estudiante” García Ferré producciones, Lord Cochrane, Chile, Agosto de 1994. Síntesis del libro “Comentarios Reales” de Editorial Santiago Limitada.
[37] De la Vega, Garcilaso. Nació como Garcilaso de la Vega de Suárez de Figueroa, el 12 de abril de 1539 en Cuzco (Perú) hijo del capitán español Sebastián García Lasso (Garcilaso) De La Vega Vargas, quien participó en las guerras de las cuales el futuro escritor daría cuenta en la segunda parte de sus “Comentarios Reales” y de la princesa india Isabel Chimpu Ocllo, era pues un mestizo, quien vino al mundo antes de que se cumplieran diez años del arribo de los invasores al Perú. Su padre fue gobernador del Cuzco entre 1553 y 1556; y su ancestro fue el poeta Pachacutec y su madre era prima de Atahualpa. A través de ella era nieto del príncipe Inca Huallca Tupac, sobrino nieto de Huayna Cápac y bisnieto del rey Túpac Yupanqui, su madre al bautizarse tomó el nombre de Isabel Suárez. Falleció en la ciudad de Córdoba (España) el 22 de abril de 1616 sin recibir las órdenes sacerdotales.
[38] Se ignora el año de su nacimiento y el de su muerte. En el año 1613 escribió la “Relación de Antigüedades de este Reino del Perú” donde narra la historia Inca hasta la llegada de los invasores. Su narración mantiene las variantes de la lengua nativa original y la forma no figurativa de concebir al mundo que tenían los Incas.
[39] Nació en la ciudad de San Cristóbal de Santuto en el año 1534 (algunos citan el año 1530 y otros el año 1535) y falleció en Lima en el año 1615 (algunos citan al año 1614 y otros al año 1616) Hijo de Huamán Mallque y de Curi Ocllo (Hija del Inca Túpac Yupanqui) Estudió en Cusco y en la ciudad de Huamanga.
[40] Poma de Ayala, Felipe (G) Huamán. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[41] Ulloa, Antonio de. “Noticias Americanas” Madrid. Reedición del año 1925 de la original del año 1792. (En su libro “El galón del cabo de mar” Antonio Perea y Orive, asegura que Antonio de Ulloa era un General de Marina que navegó los mares circundantes de América hasta el año 1744, cuando fue apresado por los ingleses mientras se dirigía hacia España en la fragata francesa Delivrance. Los británicos, sin embargo, salvaron los manuscritos que portaba y luego fue recibido por la Corte de Londres donde se le tributaron homenajes de respeto y consideración debidos a su sabiduría) Falleció en San Fernando en el año 1795
[42] Ulloa, Antonio de. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V) (ref. s/H.P. de Ayala)
[43] Poma de Ayala, Felipe (G) Huamán. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[44] Poma de Ayala, Felipe Huamán. P. 1070 Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)

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