jueves, 2 de diciembre de 2010

LA RELIGION MONOTEISTA EN ARGENTINA

Religiosos monoteistas
Al sur del Titicaca en los siglos XVI, XVII, y XVIII

Arq. Víctor José Stilp Piccotte ®
Todos los derechos reservados ©
Del libro Huaymocacasta, Inhibición histórica de la Argentina – Cinco Tomos ®



“España le transmitió su cultura a América, y en gran medida su ascendencia política, a través del instrumento de la Iglesia”[1]

No puedo obviar, al iniciar el presente vínculo, citar la siguiente frase…

“El Papa Julio II, mediante una bula, confirió al Rey Fernando y a sus sucesores el derecho exclusivo de patrocinio en el Nuevo Mundo, es decir, el control sobre la fundación o construcción de todas las iglesias y monasterios, y la disposición sobre todos los beneficios eclesiásticos”[2]

PAPA JULIO II
Y como el “Rey de los cristianos católicos” había adjudicado las tierras recién descubiertas a los reyes de Castilla y Aragón a fin de predicar y diseminar la religión, es lógico reconocer que en retribución al gesto papal, el “Rey Castellano” envió en el segundo viaje de Cristóbal Colón al Fraile Bernal Boyl como primer vicario apostólico al Nuevo Mundo, junto con una docena de otros religiosos…

Entre quienes se encontraba el franciscano Juan Pérez de Marchena del convento de la Rábida, quien ¿en conocimiento del viaje secreto del genovés a las Indias? había ayudado a persuadir a la Reina para que apoyara la empresa de Colón.[3]

Efectivamente, los primeros franciscanos llegaron a Santo Domingo antes del año 1500, y los primeros Domínicos, encabezados por Fray Pedro de Córdoba, arribaron en el año 1510…

Quienes, como mandaba la tradición en estas tierras, fueron seguidos por los Mercedarios y miembros de otras órdenes.[4]

En el territorio del Tucumanahaho, al sur del lago Titicaca (Que formaba parte de la Diócesis de Lima) los doctrineros de la orden de los Mercedarios se presentaron en el año 1536 junto con las huestes de Diego de Almagro…

El día 25 de abril del año 1536, de regreso hacia el Cusco,  a los pies del Morro de Arica (Chile) se oficia una misa presidida por Diego de Almagro, y oficiada por los frailes mercedarios Antonio Rendón, Francisco Ruiz Castellano, Antonio de Almanza, y Antonio Solís, junto los clérigos Bartolomé de Segovia, Rodrigo Pérez y Cristóbal de Molina[5].

Precisamente estos religiosos son los primeros en oficiar una misa en la ciudadela incaica del Valle (Hoy conocida como Shincal de Londres) en forma previa al inicio del cruce ínter cordillerano de Diego de Almagro, con destino al Valle de Copayapó o Capupo. (Copiapó) Ellos fueron, además, los que dieron impulso a la evangelización en las difíciles tierras de la Cultura Cacá a fines de impostar al nuevo Dios llegado desde Europa. 

DIEGO DE ALMAGRO
Tarea que fue complementada en sus inicios, por algunos miembros de la orden de los Franciscanos en el año 1538.
Pero los hermanos de ambas órdenes seculares no residieron en la actual tierra de Argentina…

Hecho que determina la presencia efectiva de los religiosos en un período posterior.

En el año 1540, y acompañando la entrada de Pedro de Valdivia por el desierto de Atacama en el actual territorio de Chile, llegan los sacerdotes Diego Pérez, Juan Lobo y Rodrigo González Marmolejo quien fuera después el primer obispo de Chile.
Tres años más tarde, en 1543, el capitán Diego de Rojas, a quien la historiografía designa como Jefe de la segunda entrada de invasores españoles al Tucumán, trajo consigo a los primeros nativos peruanos, y, además, a otros siervos de Dios que se asentaron el valle…

“Los primeros nativos peruanos y religiosos en el NOA, acompañaron a Diego de Rojas, Felipe Gutiérrez y Nicolás de Heredia”[6] “Con Rojas venía el padre Cerón”[7]

Efectivamente, los sacerdotes franciscanos Francisco Galán y Juan Cedrón (¿Cerón o Cidrón?)[8] a pesar de la muerte del Capitán Diego de Rojas en el valle de “Mocacaj”[9], continuaron bajo las órdenes del Capitán Felipe Gutiérrez, misionaron por todo el territorio Cacá, y luego de seis meses se dirigieron hacia el sureste con dirección al Paraná…

Entre los años 1545 y 1546 el padre Cedrón[10] a diferencia de Nicolás de Heredia, retornó al territorio Chileno por el actual paso mendocino de “Las Cuevas” (luego de alcanzar en el extremo noreste al puerto de Asunción) reconociendo los territorios de San Juan y Mendoza, donde plantó los primeros ejemplares de vid. [11]

PEDRO DE LA GASCA
Dos años después de la creación de la Diócesis del Río de la Plata (Papa Pablo III) con mayor precisión a finales del año 1549, con la expedición del enviado del gobernador de Lima Licenciado Pedro la Gasca, y acompañando al capitán Juan Núñez del Prado, llegaron los religiosos de la Orden de los Predicadores de Santo Domingo, Félix Gomar, Gaspar de Carvajal (Carabajal)[12] y Alonso Trueno[13], quienes convalidaron la fundación de la primera ciudad en territorio argentino. Ciudad del Barco, en el año 1550…

El Santo Evangelio no fue introducido por Aguirre, sino por Núñez del Prado a quien acompañaron tres sacerdotes, de los cuales he corroborado que Gomar murió y que Trueno y Carvajal fueron expulsados por Aguirre, que por otra parte no había sido acompañado por religiosos ya que no se caracterizaba por su religiosidad.[14]

Con el grado conferido por Valdivia, como Teniente General de la Serena, Francisco de Aguirre arriba a la tercera fundación de la ciudad del Barco en el año 1553, y decide trasladarla dos mil metros hacia el sur, cambiando su nombre por el de “Nueva Santiago, al lado del río Estero”…

Aguirre era un espíritu combativo y dominante, amaba el lujo y el placer. Un producto de la Europa renacentista que pudo haber sido al mismo tiempo, sin proponérselo, una avanzada heterodoxa de la Reforma en nuestra América (…) llegado al Barco expulsó a los dos frailes del lugar.[15]

A principios del año de 1553, y según asegura la historiografía santiagueña…

Acompañado por unos sesenta hombres (…) Aguirre entró en la ciudad del Barco en febrero de 1553 a altas horas de la noche lo que le facilitó apoderarse de ella (…) destituyó e hizo prisionero a Juan Vásquez que la gobernaba en ausencia de Núñez del Prado, que exploraba la región (…) a quien mandó tomar prisionero en la región de Famatina expulsándolo hacia Chile (…) a la vez que desterraba a los únicos sacerdotes que había en ese entonces, los pp. Trueno y Carvajal.[16]

Posteriormente el capitán Francisco Villagra (Villagrán) recepta un pedido de Francisco de Godoy y envía desde Chile a los clérigos Nuño de Abregó, Luis Bonifacio y Antonio Rendón Sarmiento, quienes inician la catequización de los nativos en el valle Cacá, aunque su misión se ve impelida por la presencia del Teniente General de la Serena…

Fue Francisco de Godoy y llevó quarenta hombres y quatro frailes franciscanos y dos clérigos (Fray Juan Rojo), la qual gente asimismo entregó a Francisco de Aguirre.[17]

A finales del año 1556[18], tras años de “apostasías” que la historiografía desconoce, cinco tenientes españoles asentados en la ciudad de Santiago la nueva al lado del río Estero, desanimados por la resistencia nativa y la falta de alimentos y de elementos de defensa, deciden cruzar por el paso cordillerano para solicitarle a Francisco de Aguirre asistencia económica y religiosa. 

RODRIGO DE QUIROGA
Así fue, que Rodrigo de Quiroga[19], Bartolomé Mansilla, Hernán Mejía Miraval, Nicolás de Garnica y Pedro de Cáceres[20] tras un prolongado cruce andino, acceden hasta el Cabildo de Santiago de la Nueva Extremadura y son recibidos por Aguirre, quien brinda un inmediato auxilio a sus compatriotas, destinando provisiones, armamento, caballos, y el auxilio piadoso que recayó en el Franciscano Juan Cedrón[21]

La falta de sacerdotes tenía muy mortificados a los santiagueños (…) pero sobre todo, como dice el Capitán Hernán Mejía de Miraval en su probanza, “Abrumados los españoles andaban por dejar la tierra y salir de ella a hacer confesar y bautizar a sus hijos”.[22]

CAPITAN PEREZ DE ZURITA
En el año 1558, el Franciscano Juan Cedrón (¿Cerón o Cidrón?) al participar de la fundación de Londres de la Nueva Inglaterra, se encontró con el sacerdote secular Juan Rojo (Que había llegado a esos valles acompañado al capitán Pérez de Zurita) y juntos, desarrollaron una ímproba tarea de evangelización, que se vio complementada con la implantación de nuevas especies vegetales en la región ubicada al sur del Valle de Londres…

Luego de trasladada la ciudad del Barco (Tercera fundación) hacia un nuevo sitio con el nombre de “Nueva Santiago, en el estero” Francisco de Aguirre, permite que desde Chile retorne Juan Cedrón ¿Cerón? ¿Cidrón?[23], quien posteriormente fue acompañado en sus tareas evangélicas por el padre Juan Rojo[24] Quienes, además de catequizar, llevan adelante la tarea de implantación de nuevos vegetales en la región del Tucumanahaho.[25]

Tres años después comparten el arribo de los sacerdotes mercedarios Luis Valderrama, Cristóbal de Albarrán y Hernando de Almenares, quienes se asientan en Talavera del Esteco, y edifican el primer convento a mediados del año 1567…

VIRREY FRANCISCO DE TOLEDO
Movido Felipe II por las halagüeñas noticias que sobre los jesuitas había recibido del Perú, escribió otra vez a San Francisco de Borja, pidiéndole que, con ocasión de pasar al Perú el nuevo virrey don Francisco de Toledo, nombrase a veinte de sus religiosos para que fuese en su compañía a evangelizar aquellas regiones. Contestó el santo, en carta de 9 de diciembre de 1568, que haría cuanto le fuese posible para complacer a Su Majestad (…) pero no pudo juntar sino diez (…) Estos fueron el padre Bartolomé Hernández, que iba de Superior de la expedición, los padres Juan García, Alonso de Barzana (o Bárcena) como se le apellida indiferentemente, Hernán Sánchez y Rodrigo Álvarez con los hermanos estudiantes, ya próximos a ordenarse, Juan de Zúñiga, Antonio Martínez y Diego Ortún (u Ortuño), y los hermanos coadjutores Juan de Casasola y Diego Martínez. Todos ellos se hicieron a la vela el 19 de marzo de 1569 (…) desembarcaron en el Callao el 7 de noviembre del mismo año (…) el padre Juan García enfermó gravemente en Panamá y murió en aquella ciudad…[26]

Si bien, la orden de los Franciscanos había sido representada en la primera entrada española encabezada por el sacerdote secular Juan Cedrón, oficialmente se concede la fecha de su arribo al Tucumán en el año 1566, con la llegada de Fray Juan Pascual de Rivadeneira, junto a Fray Baltasar Tapia, y Fray Francisco Daroca…
De los franciscanos que vinieron con
 el P. Rivadeneira, dos de ellos, los PP. Baltasar (Sin apellido conocido) y Francisco Daroca están perfectamente identificados, el tercero sería, probablemente, el P. Fr. Juan de Santa María, o bien el P. Gonzalo de Malaber, primer cura párroco de Santa Fe.[27]

En el año 1572 se realiza la segunda expedición oficial, con la llegada de doce franciscanos andaluces, entre ellos Fray Luis de Bolaños y Fray Andrés Vázquez, llamado “el taumaturgo”[28] (Los nativos le denominaban hechicero) del Tucumán…

Componen el Obispado de Tucumán, ciudades de Santiago del Estero, Córdova de la Nueva Andalucía, San Miguel de Tucumán, Talabera de Madrid, de Esteco o de las Juntas, de Salta o de Lerma, de Xuxuy, de La Rioja, de Londres, de San Juan de la Ribera.[29]

Dos años antes de la llegada de los andaluces, la evolución de los diferentes pueblos españoles en la Gobernación del Tucumán, permite que la diócesis de Tucumán se segregue de la Diócesis de Lima…

PAPA PABLO III
El Papa Pablo III había creado veinte años antes (1/07/1547) la Diócesis del Río de la Plata, la que segregada de la Diócesis de Lima contiene a las de Charcas (Bolivia) y La Plata, Santiago de Chile, La imperial, la Paz y Santa Cruz de la Sierra; también a la de Tucumán, que se segrega en el año 1570. (Bula Papal del Papa Pío V del 14 de mayo de 1570)[30]

Desde el año 1574 hasta su viaje a España en el año 1580, el Padre Rivadeneira es designado como segundo “Custodio de las Custodias unidas del Tucumán y Paraguay”[31], tiempo en el que accede al Valle de Londres el franciscano Fray Antonio Díaz Picón, hijo de Francisco Picón, uno de los primeros encomenderos de la región…

Felipe II en cédula de 29 de agosto de 1563, determinaba que la Gobernación del Tucumán, Juríes y diaguitas, se incluyera en el distrito de la Audiencia de los Charcas, demasiado extensa para ser convenientemente regida (…) Ello trajo consigo la creación de un nuevo Obispado que remediaría las innumerables necesidades espirituales de aquel inmenso territorio.[32]

FRAY FRANCISCO DE VITORIA
Respecto de esta nueva diócesis, y tomando en consideración que el primer Obispo efectivo que asume en el Tucumán es el Domínico portugués Francisco de Vitoria, resulta menester detallar aspectos relacionados con su elección, ya que la misma dependió de numerosos acontecimientos que la poética de investigación relata de la siguiente manera…

El religioso Melchor Calderón de la Catedral de “Santiago del Nuevo Extremo” fue el primero en ser convocado para asumir como Obispo del Tucumán, pero su nombramiento resultó anulado.[33]

Inmediatamente el recién devenido en Papa como Pío V requirió la sumisión del padre franciscano Francisco de Beaumont (Belmonte) que era el guardián del convento de Jeréz de la Frontera, España; pero si bien Beaumont aceptó de buen agrado la invitación cursada desde Roma, su quebrantada salud impidió su asunción, falleciendo ese mismo año antes de que se expidieran las correspondientes bulas papales… [34]

 “y como es evidente que tu favor le sería muy oportuno al elegido Francisco para cuidar mas fácilmente de la Iglesia que se le ha encomendado, rogamos a tu fraternidad y te exhortamos atentamente, ordenándolo por medio de nuestros apostólicos escritos, que teniendo al citado Francisco y a la Iglesia del Tucumán, a él confiada, por sufragáneos tuyos, les favorezcas con la ayuda de tu benevolencia, para reverencia nuestra y de la Sede apostólica, en el aumento y conservación de sus derechos, de modo tal que el citado electro Francisco pueda desempeñar con más utilidad, mediante el auxilio de tu favor, el gobierno de la citada Iglesia que le fue confiada y tú merecer más copiosamente, en virtud de esta acción, la divina misericordia y la bendición y favor nuestros de la Sede apostólica”

FRAY JERONIMO DE LOAYSA
El Papa, por influencias del Obispo de Lima Fray Jerónimo de Loaysa, designó al franciscano Jerónimo de Albornoz, quien fue ordenado Obispo de Tucumán en la ciudad de Roma. Aunque Albornoz pisó tierra americana en Lima, Perú, el 13 de agosto del año 1574, no pudo asumir ya que falleció en la misma ciudad el 27 de octubre víctima de una desconocida enfermedad…

Muy Reverendo Padre mío (…) el mayor deseo que tengo es ver a V. R. y conocerle para servirle (…) en el entretanto que yo voy, V. R. en lo espiritual y temporal mío, podrá hacer como mi propia persona, que para ello le doy toda mi autoridad y judicial en derecho Utroque foro; y pues V. R. tiene entendidas las ánimas y el trato de ellas, hacerme ha señalada merced muy largo de las cosas que entendiere tienen necesidad de remedio para el bien de los naturales y asiento de los españoles.[35]

A fines de evitar una nueva elipsis en la designación del Obispo de la diócesis, el representante del fallecido Obispo Albornoz, Fray Juan de Rivadeneira (superior de los franciscanos del Tucumán) elevó a Roma el nombre del Franciscano Jerónimo de Vilcarrillo, quien en conocimiento de las intenciones de Rivadeneira, y presintiendo las dificultades que le aguardaban, exhibió su renuncia al Obispado antes de ser designado.
Apenado por los sucesos, Fray Jerónimo de Loaysa fallece el 7 de mayo del año 1576, aunque su informe de recomendación para la Diócesis es elevado al Consejo de Indias, cuyos integrantes acatan su voluntad y eligen a finales de ese mismo año al Domínico de origen portugués Francisco de Vitoria, proponiendo al Rey que el predicador asuma como Obispo de la diócesis del Tucumán…

Triste era por demás la situación de las nuevas provincias en los primeros tiempos; había pocos sacerdotes, y éstos ignoraban los idiomas hablados por los indios; los obispos no tenían quien fuese capaz de ayudarles. Muchos pueblos de españoles, privados de los Sacramentos, Vivian en el seno de los vicios. Aunque la nación española es frugal y sabe además reprimir los excesos de la naturaleza con la templanza, sin embargo, por la abundancia de todo, unida al vasallaje de los indios y á la muchedumbre y licencia de las mujeres del país, se corrompieron las costumbres de tal manera, que todos lamentaban amargamente su destino, pues carecían de sacerdotes y de sermones; desde hacía muchos años no confesaban; vivían y morían sin escuchar la divina palabra; el bien espiritual de los indios, por las mismas razones, era imposible de conseguir. A pesar de que los obispos quisieran extender la religión cristiana y extirpar los vicios, se veían imposibilitados de conseguirlo, dada la inmensidad del país y de lo numerosos que eran sus habitantes; á más, los españoles estaban desmoralizados. Por fin, quiso el cielo inspirar al obispo del Tucumán un feliz pensamiento, y fue llamar la Compañía de Jesús, cuyos muchos servicios á la Iglesia conocía. Era dicho prelado Fr. Francisco de Victoria (…) acaeció entonces que á varias personas les pareció que lo veían con mitra, presagio que no resultó vano. (…) Este varón eminente escribió al P. José Anchieta, famoso por sus milagros, á la sazón provincial del Brasil, y al P. Juan Atienza, provincial del Perú, rogándoles por las entrañas de Cristo que le concedieran lo que ardientemente deseaba, á saber, que le enviasen algunos sacerdotes escogidos para ayudarle, pues en ningún país podrían trabajar los jesuitas que reportasen más gloria.[36]

El día 13 de enero del año 1578, luego de la aceptación de la Corona Española, por decisión del Papa Gregorio XIII el lusitano fue designado Obispo de la Nueva diócesis.[37]

PAPA GREGORIO XIII
En el año 1578, el Obispo Francisco Vitoria permite la llegada de los primeros Jesuitas al Perú, ellos son los padres Angulo, Barzana, (también Burzana o Bárcena) Gutiérrez y Villegas.[38] A los que se incorporarían los sacerdotes provenientes del territorio de Brasil.

Como la presencia del Obispo en la gobernación del Tucumán se demoraba, en el año 1580 se comisiona al párroco Hernando Morillo, de “la nueva Santiago, en el estero”, para que tome posesión de la diócesis hasta la llegada de Francisco de Vitoria.
Un año después, Hernando de Lerma que era el gobernador del Tucumán, desconoce las órdenes del Vicario y Administrador General, actitud que fue denunciada por los religiosos. En conocimiento de los sucesos que ocurrían en el territorio de su diócesis, el Obispo Vitoria, que debía prestar audiencia en Lima, y. que además, se encontraba postrado debido a una vieja dolencia física, envía como su representante con el cargo de Deán al Licenciado Francisco de Salcedo.[39]
Aunque esto, lejos de calmar los ánimos de Lerma, los estimula; en efecto, el impío accionar del gobernante español culmina con un proceso al Deán designado por el obispo Francisco de Vitoria, a quien ordena encarcelar junto al ex Vicario Morillo y al padre Pedro García. Pero no satisfecho con lo perpetrado, Hernando de Lerma deporta a los tres religiosos rumbo a Lima.
Tres años después, el día 16 de abril de 1582, durante la ceremonia de fundación de la ciudad de Salta, Hernando de Lerma observa la llegada imprevista del Obispo Francisco de Vitoria, y comprueba azorado, que el Domínico es acompañado por los religiosos Francisco de Salcedo (a quien Lerma había expulsado) Nicolás Gómez y Bartolomé de la Cruz.
La actitud del Obispo de traer nuevamente al Tucumán al Deán Salcedo, es tomada por Lerma como una provocación, y en una actitud vehemente amenaza de muerte a Francisco de Vitoria…

“Saludarle éste y reñir con él fue todo uno: empezó por oponerse (Lerma) a la prosecución de su viaje (Del obispo) y acabó más tarde con decir que le ahorcaría de un algarrobo, junto a los clérigos y frailes”[40]

En conocimiento de la intolerancia del gobernador (Que había intimado al Obispo para permanecer cuatro meses en la capilla de Talavera del Esteco, y luego de acceder a su llegada al Tucumán, obligarlo a huir junto a sus delegados hacia la misma ciudad) el Rey, decidido a culminar con los abusos de Lerma, envía en su reemplazo a un riojano nacido en Estollo, pueblo de Logroño en España, que era hábil estratega militar y político, llamado Juan Ramírez de la Pe(p)sina, y Velasco, y Ábalos y de la Calle…

Inmediatamente, el “noble caballero Juan Ramírez de Velasco” tomó asiento y comprobó que el ex gobernador estaba preso, y el pueblo pidió justicia apenas tomó posesión Ramírez de Velasco. “oyó éste quejas contra Lerma, organizó reposadamente el juicio de residencia, y su fallo fue una fulminación. Condenó al antiguo gobernador a privación perpetua de cargo público, a expulsión de las Indias, y a confinamiento en Orán (…) fuera de otras penas menores (…) Hernando de Lerma no llegó a cumplirlas, pues falleció en la cárcel de Madrid, en una pobreza tal, que se hizo necesario enterrarlo de limosna.[41]

OBISPO FRANCISCO DE SALCEDO
Pero antes de la llegada del “riojano” y por expreso pedido del Obispo, accede al NOA el joven sacerdote Francisco de Salcedo, sobrino de su homónimo, junto a dos hermanos Domínicos, con el objetivo de administrar la Diócesis…

En todo este distrito hay más de veinte lenguajes, más distintos que el griego y el latino (…) Y las imperfecciones con que viven acá los hombres no les da lugar a tomar empresas de tanto quilate y santidad, como es, sólo por Dios, tratar de cosas tan dificultosas.[42]

Claro que don Ramírez de Velasco, que parecía “noble” y “caballero” aunque no “mostraba” linaje, decidió desplegar el poder que le otorgaba la Corona, y ejerció la fiscalización sobre las autoridades eclesiásticas del Tucumán, especialmente en contra de administrador religioso impuesto antes del retiro hacia España por el ex Obispo Vitoria.[43]

La lucha entre el Administrador Salcedo, puesto por el Obispo Vitoria, y el gobernador Ramírez de Velasco (…) defendiese el Obispo acusando al gobernador ante la superioridad, escribiendo al Rey y excomulgando al gobernador (…) mas este, aun siendo profundamente religioso, convencido de su deber y de su derecho, censuró y refrenó los actos del designado por el Obispo hasta conseguir el asentimiento de la Audiencia de los Charcas.[44]

Fue entonces cuando la organización de la justicia pasó a ejercer un esquema de importancia en el poder de los nuevos gobiernos.
En tal sentido comenzaron a desentrañarse aspectos sobre las incompatibilidades en las funciones de cada uno de los encargados de ejercer el poder (Político y religioso) raíz que determinó la llegada de los integrantes de la orden de López de Recalde en Abya Yala…

En el año 1585 enviaron desde el Perú á los PP. Juan Atienza, Francisco Angulo y Alonso de Barzana, los tres sacerdotes, y al lego Juan Villegas.[45]

El 26 de noviembre de 1585, llegan a “Santiago la nueva, en el estero”, los padres Jesuitas, ya que…

Don Francisco de Vitoria los había pedido con énfasis para su Diócesis (…) El 7 de agosto de 1585 los padres Francisco de Angulo y Alonso de Barzana (…) recibieron orden de pasar al Tucumán, y llegaron a Santiago del Estero el 26 de noviembre del mismo año de 1585. Fueron recibidos con mucha devoción y aplauso por el Obispo, el clero y los religiosos, y conducidos en procesión a la iglesia donde se cantó el Te Deum.[46]

La orden estaba representada por los jesuitas Pedro Añasco, Francisco de Angulo y Alonso de Barzana, y sus observaciones primarias no fueron confortadoras...[47]

Lo cierto de esta gente es que no conocieron Dios verdadero ni falso, y ansí son fáciles de reducir a la fe, y no se tema su idolatría, sino su poco entendimiento para penetrar las cosas y misterios de nuestra fe, o el poder ser engañados de algunos hechiceros.[48]

Acompañándolos viajaba el hermano coadjutor Juan de Villegas, y todos los religiosos había sido encomendados por el Papa Sixto V hacia Santiago del Estero en visita canónica…

“En la gobernación del Tucma, en el año 1587, había treinta y seis sacerdotes”[49] Entre tanto, el P. Añasco caminó doscientas leguas, bautizando innumerable gentío, y llegó desde los límites de los frentones á las ciudades del Tucumán (…) Gaspar Monroy. Ambos recorrieron muchos pueblos de los omaguas, no dejando de hacer cuanto es propio de varones apostólicos. Convirtieron á numerosos indios y reconciliaron otros tantos con Cristo. (…)Piltipico – Viltipico – fué grande obstáculo para que los omaguas abandonasen por completo las antiguas supersticiones, pues aunque había celebrado sinceramente un tratado de paz con los españoles, no quería reconciliarse con Dios por amor de su gentílica libertad. (…) el P. Monroy cayó enfermo con fiebre en la ciudad de Jujuí, y fué cuidado en su dolencia por el P. Añasco. Mientras ambos allí permanecían, corrió la voz de que los omaguas, excitados por Piltipico y Teluy, se habían aliado con los chiriguanas, gente belicosa, á fin de, unidos, asaltar y devastar la ciudad de Jujuy (…) Después envió el gobernador una compañía de soldados para que echaran mano á otro cacique poderoso y turbulento, quien luego se convirtió á la fe católica, movido por las exhortaciones de los Padres jesuitas, y se bautizó, con suma alegría de militares y ciudadanos (…)  sucedió que aquel Piltipico, reo de tantos sacrilegios y parricidios, aquejado por los remordimientos de su conciencia, se reconcilió con el Creador estando gravemente enfermo en la cárcel, y murió al poco tiempo (…) conociendo el gobernador del Tucumán que las costumbres de los omaguas dependían de las que tenían los caciques, hizo que éstos trasladaran su residencia á las inmediaciones de la capital, medida tan provechosa y eficaz que en adelante dichos indios omaguas vivieron sujetos á los españoles y no opusieron resistencia al Evangelio. Hecho esto, los PP. Montoya y Añasco predicaron en varias partes nuestra religión: el primero, en unión del P. Juan Viana, fué al país de los tonocotés, convertidos antes por el P. Bárcena, y allí bautizaron no poca gente.[50]

Posteriormente, el padre Angulo fue designado para tareas de la inquisición y el padre Bárcena es exhortado a evangelizar a los nativos asentados en las inmediaciones de la ciudad de Esteco…

Después de lo referido, el obispo del Tucumán retuvo consigo al P. Francisco de Angulo para que se ocupase en asuntos de la Inquisición, y dispuso que el P. Alonso de Bárcena, con el lego Juan Villegas, fuese á la ciudad de Esteco, para procurar la conversión de los indios de cincuenta aldeas próximas á esta población y dependientes de ella, y dotar á Esteco de un sacerdote que cuidase de los españoles. (…) Permaneció en Esteco pocos días (…) luego se dirigió á los lugares de los indios que están muy separados, atravesando ásperas montañas y cañaverales en los pantanos. Poco antes había andado por allí un religioso apóstata, que fué no sé de dónde y causó notable daño á las almas; bautizó á muchos idólatras sacrílegamente, sin instruirlos en los misterios de nuestra fe, de modo que no tenía validez el sacramento (…) Catequizólos cuidadosamente el P. Bárcena y luego los bautizó de nuevo. (…) rogaba al Señor que iluminase los ánimos de los gentiles; á continuación decía misa y dirigía una plática á los circunstantes; el resto de la mañana lo pasaba con su compañero en instruir á los neófitos; por la tarde bautizaba á los indios, autorizaba matrimonios y confesaba; casi para nada se acordaba de su cuerpo. Cuánto padeció yendo por abruptas montañas, por selvas remotas, por lagunas cubiertas de cañas, tras de los indios que vagaban de un sitio en otro, contento con silvestres manjares y cuidadoso de que ninguno se escapara, es cosa que estará escrita en el libro de la vida. Por espacio de nueve meses continuó en tan ímproba tarea, obteniendo grande fruto; bautizó más de seis mil seiscientos indios, asistió á más de seis mil matrimonios y no sé á cuántas personas oyó en confesión. Hecho esto, ambos compañeros tornaron al lugar de donde habían salido, llamados por el obispo, y recibieron parabienes de todos por lo que felizmente acababan de realizar.[51]

La llegada al NOA del clérigo Pedro López de Barraza, en el año 1588, facilitó la presencia dos años mas tarde de los franciscanos Francisco Solano, y Baltasar Navarro…

Ya sólo quedan 500 kilómetros más al sur: el valle de Humahuaca, Jujuy, Salta, Tucumán y la meta final, Santiago del Estero (…) más de año y medio después de su salida de España, en marzo de 1589 (…) puede entonces el jefe de la expedición franciscana, fray Baltasar Navarro, informar al rey (…) A 15 de noviembre del año 90 llegué a esta Gobernación del Tucumán con ocho religiosos de la orden de mi Padre San Francisco, de los once que Su Majestad me mandó traer a dicha Gobernación; dos murieron en Panamá y uno se ahogó en un naufragio que padecimos en el Mar del Sur...[52]

SAN FRANCISCO SOLANO
Con la presencia de Solano y sus compañeros religiosos, se da un rápido impulso a la evangelización de los naturales, acción que se ve facilitada por el “sorprendente” conocimiento y dominio de las lenguas nativas que manifestaba el primero de ellos.

(Idioma, que nunca había estudiado)[53]

Solano permaneció dos años[54] en las tierras del noroeste argentino, visitando el Valle y los olivos de Huasán y de Arauco (Plantados por el franciscano Juan Cedrón) luego se asienta en Todos los Santos de la Nueva Rioja, para posteriormente retirarse a Salta, y desde allí a Lima (1594) ciudad donde murió en el año 1610, a la edad de 61 años.
A pesar de la “prolífica labor de los primeros evangelizadores”, el amplio territorio, y la innumerable cantidad de asentamientos en el NOA, obligaron a los religiosos del Tucumán a solicitar ayuda a las diócesis vecinas.
En ese sentido, a finales del año 1586, se envía una misiva al padre Anchieta para que consigne misioneros a la diócesis del Tucumán, a efectos de suplir las necesidades de la “iglesia” [55]

El P. José Anchieta, provincial del Brasil, luego que recibió carta del obispo del Tucumán, envió en el año 1587 cinco misioneros, todos varones escogidos; eran los PP. Juan Salón (Salón) nacido en Valencia; Tomás Filds, irlandés; Manuel Ortega y Esteban Grao, portugueses, y Leonardo Arminio, italiano, al frente de ellos; embarcáronse apenas sopló viento favorable, y cuando llegaron á la desembocadura del río de la Plata, creyéronse en lugar seguro; pero de improviso fueron acometidos por los piratas ingleses, que hicieron presa de la nave; estos enemigos jurados de la Compañía, colmaron de insultos á los religiosos, y para que no esparcieran la semilla de la fe en pueblos gentiles, los dejaron en una isla desierta y hedionda con objeto de matarlos más adelante.[56]

De los padres enviados por Anchieta, llegaron a Tucumán, Manuel Ortega, Juan Saloni y Tomás Filds…

En el año 1590 fueron al Tucumán el Padre Juan de Fonté, á quien Santa Teresa vió en el cielo entre los predestinados, y el P. Pedro Añasco, ambos capaces de grandes cosas.[57]

El padre Juan Fonté es destinado a cumplir funciones de evangelización en la región de Omaguaca…

Por suerte se tenía a la mano misioneros excelentes, eran los padres Jesuitas, llegados a Salta en el mes de marzo de 1593 (…) en 1594 el padre Gaspar Monroy (…) y hasta seiscientos indios recibieron el santo bautismo, entre ellos, el cacique principal, Tolay.[58]

Mientras ello sucede, en el NOA fallece el padre Juan de la Zerda (año 1595 por los nativos del Valle Calchaquí) quien es reconocido como el primer mártir. Inmediatamente el Consejo de Indias solicitó el envío de un mayor número de misioneros respetando la petición a la orden del padre Ignacio de Loyola. Luego de su muerte, la avanzada de los Jesuitas se había asentado definitivamente en América.

FRAY FERNANDO DE TREJO Y SANABRIA
El sucesor de Francisco de Vitoria fue Fernando[59] de Trejo y Sanabria a quien se considera el “verdadero” fundador de la diócesis tucumana, es decir, el organizador de la iglesia argentina. Trejo y Sanabria, a diferencia de Vitoria (Quien por otra parte acarreaba numerosas dificultades en sobrellevar su penosa enfermedad)[60] determinó la creación de un organismo que permitiría la formación de religiosos en el área de Santiago la nueva, al lado del río Estero. (Con mayor tranquilidad, por estar suficientemente alejada de las regiones hostiles)  Desde su lugar como Obispo, realizó luego una prolífica tarea para una “sustentable” evangelización de los que él llamaba “indios”, destacándose en la defensa de los derechos personales de los pueblos originarios, aunque nunca dejó de lado su convicción de que las creencias nativas atentaban contra el Dios europeo…

“Infernales hombres; llamados pobleros, que merecen mejor el nombre de demonios encarnados según son los daños que en lo corporal y espiritual hacen a estos desamparados vasallos de V.M.”[61]

A pesar de su relativismo espacial y temporal, de suma importancia resultó su intervención en la diócesis del Tucumán, ya que protegió con firmeza (Cual émulo de Pedro Goyena) los valores del catolicismo en defensa del derecho natural y divino[62]

y las almas de los españoles y de los governadores, y ministros, que avían de remediar este daño, tengo por cierto que incurren y pagarán lo mucho que hacen con el Eterno. No me han vastado los muchos sermones de otros predicadores y los míos, ni Synodos, que he hecho para atajar este tan lamentable y pernicioso servicio... que se lo (de) ponga (a Maldonado), (y) deje de desterrar (en) esta ynfernal servídumbre conque estos pobres vasalios de V .M. están constituidos en la de esclavos con sus mujeres e hijos, privados de toda libertad..."[63]

Sobre las actividades del “segundo” Obispo del Tucumán, “hablan” sus comunicaciones al Rey. Documentos que han sido rescatados del archivo de Charcas para corroborar la presencia que intentaban consolidar los religiosos en las amplias regiones que ocupaba la Diócesis. En una de las cartas enviadas hacia España, Trejo y Sanabria cita que en la Diócesis existen un convento Domínico en la ciudad de Córdoba, con apenas tres o cuatro miembros, y en igual cantidad existen en Santiago del Estero, Tucumán, Salta, La Rioja y Esteco. De igual manera que los Domínicos, se reparten los conventos de la orden de los mercedarios; dos conventos de la orden de Ignacio de Loyola, uno en Córdoba que es el colegio máximo con veinticuatro miembros[64], y otro en Tucumán con sólo cuatro religiosos.[65] En otra carta fechada en el año 1607, afirmaba que en relación con la catedral[66] de Santiago del Estero...

“Al presente se va acabando de edificar con la plata que el reverendísimo de este Obispado don Francisco de Vitoria dejó, y las limosnas con que yo he acudido”[67]

El Obispo se trasladaba en forma permanente, y, ante la ausencia de un medio efectivo de movilidad, realizaba sus trayectos caminando, ya que consideraba que era la única manera de tomar contacto con la realidad que vivenciaban los nativos…

"Por aver caminado toda la tierra del Pirú, desde Quito donde me consagré por no aver en otra provincia obispo hasta el río de la Plata, que cinco obispados y el arzobispado de Lima y también siendo provincial de la Orden de mi padre San Francisco, y visitando toda la tierra..." [68]

Durante el ejercicio de su obispado, se dan a conocer las célebres ordenanzas de Francisco de Alfaro, quien se basaba en las Leyes Nuevas del año 1542 defendiendo la libertad absoluta del indio. Trejo y Sanabria, temeroso de que estas ordenanzas produjeran un efecto similar al ocurrido en México y Perú, se mantuvo en su posición conservadora, y la misma se refleja cuando afirma…

"Siempre insté como persona de experiencia de la incapacidad desta gente que los dejasen sujetos porque dellos dos extremos: de la subjeción y libertad, el postrero es el mas peligroso y mas dañoso, porque teniendo libertad la que ellos se toman no sólo no acuden a las obligaciones que tienen a sus encomenderos, pero ni aún a su propio sustento, al de sus mujeres e hijos, pués siempre para que cuiden de él ha sido necesario cuidado ajeno y personas cerca de sí que les fuercen a ello..."[69]

En ese mismo período da inicio en la provincia del Paraguay (Primera en crearse) a la instalación de reducciones y pueblos indígenas dirigidos por los jesuitas…

En el año 1600 llegaron del Perú los Padres Juan Darío, Fernando Monroy y Juan del Arco, sacerdotes, y el lego Juan Rodríguez; el P. Juan Romero los distribuyó de manera que atendiesen á las principales regiones del Tucumán.[70]

En el año 1607 se crea el Curato de Londres (Catamarca, con jurisdicción sobre Santa María, Andalgalá, Pomán, Tinogasta y Antofagasta de la Sierra) e inmediatamente accede como clérigo designado en la región el padre Diego de Torres, quien llega al territorio en el año 1608 con trece misioneros que le acompañan…

En el mismo año que la Compañía de Jesús se estableció en el reino de Chile, el P. Provincial Juan Sebastián Parra ordenó que fueran al Tucumán y al Paraguay los PP. Juan Romero, Gaspar Monroy, Juan Viana y Marcelo Lorenzana, todos sacerdotes, que hacía tiempo habían llegado de España; iba con ellos el lego Juan Aguilar. Acababa de declarar el General Claudio Aquaviva que los jesuitas que habían ído del Brasil con el P. José Anchieta cinco años antes, estaban sujetos á la potestad del Provincial del Perú, y así, en ausencia del P. Juan La Fuente, fué puesto al frente de los misioneros del Paraguay y del Tucumán el P. Juan Romero, quien ciertamente era digno de tal cargo.[71]

El Curato de Londres pasa a depender políticamente de la diócesis de Arequipa creada en el año 1609[72].

En el año 1610, dos meses después de la muerte de Solano, se inicia el periodo de beatificación, que culminó con su canonización en el año 1726.[73]

En el mismo espacio tiempo, el padre Diego González publica en Lima la segunda Gramática de la lengua general del Perú…

“No tanto para saber algo de la lengua para confesar, que esa ya la havía sino para formar”[74]

En la navidad del año 1614 fallece el segundo Obispo del Tucumán, y ante su desaparición física, Diego de Torres escribe al Rey solicitándole la sustitución en el Obispado por el fundador del Colegio de San Miguel, el canónigo Francisco de Salcedo, que residía en Chuquisaca.

(Carta al Rey fechada el 28 de diciembre de 1614) "por lo que ha ayudado al Obispo pasado (Vitoria)"

En el año 1620 se funda el Convento de Todos los Santos de la Nueva Rioja, Por su parte, dos Jesuitas, los padres Diego de Torres, en el año 1613, y Pedro de Oñate, en el año 1616, comienzan con la recopilación del material bibliográfico que la historia conoce como “Cartas Anuas de la provincia de Tucumán, de la Compañía de Jesús”[75]

“Ediciones que se prolongarían hasta el año 1637.”[76]

Posteriormente se asienta en la región de los valles de Catamarca un grupo de misioneros jesuitas enviados desde Paraguay (1617)

Pero pronto desisten debido a las miserias y penurias que deben soportar.

Un hecho místico de trascendencia histórica sucede el 30 de abril del año 1620, en efecto, la mitología popular pagana “fragua” en la “iconografía monoteísta” cuando el español Juan de Zalazar “descubre” una imagen de la Virgen María. (Abandonada en la Gruta de las lomas de Choya, Catamarca) y dado el lugar de su hallazgo, inmediatamente es denominada como “Virgen del Valle”.

(La imagen fue llevada a Las Chacras y luego a San Isidro, fecha donde comienza su devoción)
Ajenos al inicio de la devoción mariana, e inmersos en la gestación del primer alzamiento nativo en contra de los invasores españoles, diferentes religiosos asentados en el noreste y noroeste de la actual provincia de La Rioja resultaron perseguidos.
El caso de mayor difusión fue la ejecución de Fray Torino, acaecida en el año 1632. 

POLO DE ONDEGARDO
Este religioso, fervoroso seguidor del inquisidor Polo de Ondegardo, asesor del fallecido Fray Francisco de Loaysa,[77] intentaba erradicar…

“con diferentes métodos y actitudes no convencionales”
Las manifestaciones que los nativos ejecutaban hacia “sus muertos sagrados”. Debido a ello, el cacique de la parcialidad Atiles, Juan Cativas, ayudado por su consejero Pedro Alimín, pergeñaron un plan para dar muerte al padre Antonio Torino, meta que cumplieron cuando colgaron el cuerpo del religioso de un algarrobo, descuartizándolo…

Inmediatamente El joven capitán Jerónimo Luis de Cabrera y Garay, designó a su lugarteniente Gregorio de Luna y Cárdenas para que asista la orden asentada en el lugar del martirio de Torino, y “ejecute a toda la parcialidad”[78] (Por su puesto que Luna y Cárdenas cumplió fielmente la orden, y no quedó un solo miembro de la parcialidad nativa)[79]

“Serenados los ánimos en los valles de La Rioja”, por la presencia intemperante de Pedro Ramírez de Contreras (¿De Ramírez Contreras?) la diócesis decidió en el año 1635 enviar a los padres Jaime de Barrios e Ignacio de Medina, con la misión de evangelizar en las ciudades de Todos los Santos de la Nueva Rioja y Londres de la Nueva Inglaterra…

Porque eran peritos en la lengua general.[80]

Aunque para “fundamentar” esa tarea, los religiosos habían asentado una “Reducción de nativos” en el Fuerte del Pantano, tal como se comprende de la siguiente cita…

Ello coincide con las menciones que el P. Torreblanca hace en los folios 118 y 126 de su relación, de un viaje realizado con su compañero, el P. Patricio, desde la reducción del Pantano, en La Rioja, a San Miguel de Tucumán para entrevistarse con el Provincial Lupercio de Zurbano y recibir las instrucciones pertinentes.[81]

A mediados del siglo XVII es designado el religioso Cristóbal de Burgos como “cura de indios y negros africanos” en los curatos de Catamarca, región que contaba con tres curatos al este del Ambato, y otros, en el oeste de los Valles de Capayán y de Londres.
Pero el mestizaje, y la “influencia” del carácter andino sobre la mente de los “evangelizadores”, generan una “adhesión” de éstos a los primarios objetivos de las parcialidades del NOA; eventualidad que es aprovechada por un estafador llamado Pedro Chamijo, quien haciéndose pasar por Emperador Inca consigue no sólo el apoyo de los nativos, sino también de parte de los religiosos asentados en la región…

El P. Provincial Simón de Ojeda (…) recriminó al P. Torreblanca su participación favorable al encumbramiento de Bohórquez como Inca y representante del poder real en los Valles Calchaquíes.[82]

Por lógica, y como consecuencia de los sucesos derivados de la sublevación de Bohórquez, las autoridades de la Diócesis determinaron una pronta reorganización territorial, la cual consistió en la confirmación de diferentes asistentes, tales como el…

“cura y vicario de la ciudad de Londres, el maestro Juan de Aquino; cura y vicario de la Parroquial de Catamarca; el licenciado Cristóval de Burgos, Cura doctrinante de sus naturales; y el licenciado Isidro de Villafañe, clérigo presbítero”[83]

A finales del año 1699, observando que resulta “inicua” la acción evangelizadora, el obispo de Tucumán recompone las “huestes” de su estructura religiosa monoteísta, y decide trasladar la sede episcopal hacia una ciudad que “poseyera una segura demarcación territorial, libre del acoso de los rebeldes Cacá”…

Luego de intensificarse los ataques nativos contra los españoles, el Obispo de Tucumán, Manuel Mercadillo, traslada la sede episcopal desde la ciudad de Santiago del Estero a la ciudad de Córdoba.

Colateralmente, los edificios elevados por estos primeros religiosos en el NOA “no formaron parte de la historia oficial”, sea porque la debilidad estructural los dejó pasibles de las destrucciones temporales, sea porque los primeros “templos” fueron simples oratorios con advocaciones determinadas[84].
En ese aspecto de la dialéctica estructural, resulta verosímil que una vez creado el Curato de Belén, se citara que en el mismo todavía se encontraba en “pie” la primera capilla de la región ubicada en “Haschaschi”, región de Andalgalá[85]

En su libro, el padre Antonio Larrouy cita que el padre Pedro Juan Andréu, que había nacido en Palma de Mallorca en 1697 y que fuera enviado para la evangelización de los “Lules”, pasaba de vez en cuando a Andalgalá, ya que pertenecía a la desmesurada parroquia de Belén y que la misma no tenía sacerdote fijo (…) El padre José Manuel Peramás que había residido durante varios años en el territorio de Argentina, cita el Curato, afirmando que…“La parroquia de Belén pertenecía a una desmesurada extensión, comprendiendo la antigua jurisdicción de Londres, desde Anconquija y el Ambato hasta la gran Cordillera, y de la frontera de La Rioja (el Valle de Arauco) hasta Santa María inclusive”[86]

Pero la región que abarcaba el primigenio territorio invadido por los españoles, se encontraba bajo la jurisdicción de la Iglesia de La Rioja, y aunque la labor de doctrina debía ser impulsada desde la ciudad de Todos los Santos, los religiosos allí asentados no desarrollaron su misión. Por ese motivo, y aunque la delimitación jurisdiccional eclesiástica entre Catamarca y La Rioja lo impedía, fueron los frailes asentados en el amplio Tucumán quienes desplegaron su labor en el Valle de Capayán (antigua denominación de los valles de Londres, y de Arauco) sin respetar las demarcaciones políticas.
En los archivos que pertenecieron a la iglesia de la ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja, se cita que hacia la segunda mitad del siglo XVII en los Curatos de “Capital”, “Los Llanos”, “Guandacol”, “Arauco” y “Famatina”, se resguardan las almas de cuatro mil indios y quinientos mulatos…

CAPILLA DE ANGUINAN
En los pueblos indios de Sanagasta, Malligasta, Sañogasta, Olta, Aimogasta, Los Sauces, Pituil, Famatina, Machigasta, Anguinan y Vichigasta, apenas hay un centenar de ellos. (Nativos) [87] “Que perduran en sus costumbres y en mantener la identidad”.

Respecto de los primeros cementerios católicos en la región, debo citar una frase del padre Verdugo Garnica, quien en el año 1685, afirma que…

“él había sido el primer cura que realizó entierros dentro de los rituales católicos.”

Al respecto cito que los restos de los “ciudadanos más importantes” se colocaban en el terreno baldío, ubicado al este de los numerosos oratorios elevados en la región. Edificios, por otra parte, que soportaron estoicamente los movimientos telúricos, y otros fenómenos naturales.[88]

Pequeñas capillas u oratorios de paramentos de cincha y techumbre de cañizo o pusquillo, con el objetivo de orar a Dios y a la Virgen – por lo general dedicados a una advocación de ésta última.

Los primeros templos (en realidad, Capillas) que se mantienen perdurables a las eventualidades físicas, meteorológicas y geológicas, se fundamentan en la primera década del siglo XVII con la elevación de las capillas de Anillaco (Valle de Abaucán, Catamarca)[89], de la capilla de Anguinan (Dpto. Chilecito, La Rioja) y de nuestra Señora de la Candelaria en Santa María (Catamarca)

Dos años después de esta nueva “actitud constructiva” accede al Valle el presbítero Juan Navarro como “virtuoso cura de naturales”.
Hasta la cuarta década del siglo XVIII, el flujo “piadoso” no fue importante, y la información más trascendente sobre el tema surge en el año 1744 cuando la compañía de Jesús realiza un censo poblacional en el NOA que arroja una cifra superior a los cuarenta mil nativos en reducciones y más[90], en toda la gobernación del Tucumán. (Roma tenía una población de 100.000 personas en ese “pacha”)
En forma similar, en el año 1766 el Obispo Manuel Abad Illana realiza un segundo censo sobre las órdenes religiosas asentadas en los valles al suroeste de Santiago, lo que arroja una cifra superior a la obtenida por los jesuitas. Coincidente con los datos anteriores, el obispo Manuel Abad Illana hace constar que en el Obispado de Tucumán existían diez reducciones, ocho a cargo de los Jesuitas y dos a cargo de los franciscanos.
El día 12 de julio de 1767 y por decisión Papal “se clausura” la acción de los Jesuitas; adhiriendo a esta disposición el Rey los expulsa de los dominios de España, señalando que… 

Habiéndome conformado con el parecer de los de mi Consejo Real en el Extraordinario que se celebra con motivo de las ocurrencias pasadas, en consulta de 29 de enero próximo, y de lo que sobre ella me han expuesto personas del más elevado carácter; estimulado de gravísimas causas, relativas a la obligación en que me hallo constituido de mantener en subordinación, tranquilidad y justicia mis pueblos, y otras urgentes, justas y necesarias que reservo en mi Real ánimo; usando de la suprema autoridad económica que el Todopoderoso ha depositado en mis manos para la protección de mis vasallos y respeto de mi Corona: he venido en mandar que se extrañen de todos mis dominios de España e Indias, Islas Filipinas y demás adyacentes, a los Religiosos de la Compañía, así Sacerdotes, como Coadjutores o Legos que hayan hecho la primera profesión, y a los Novicios que quisieran seguirles; y que se ocupen todas las Temporalidades de la Compañía en mis Dominios; y para su ejecución uniforme en todos ellos, os doy plena y privativa autoridad; y para que forméis las instrucciones y órdenes necesarias, según lo tenéis entendido y estimaréis para el más efectivo, pronto y tranquilo cumplimiento. Y quiero que no sólo las Justicias y Tribunales Superiores de esos Reinos ejecuten puntualmente vuestros mandatos, sino que los mismos se entiendan con los que dirigiereis a los Virreyes, Presidentes, Audiencias, Gobernadores, Corregidores, Alcaldes Mayores y otras cualesquiera Justicia de aquellos Reinos y Provincias; y que en virtud de sus requerimientos cualesquiera tropa, milicia o paisanaje den el auxilio necesario sin retardo ni tergiversación alguna, so pena de caer el que fuere omiso en mi Real indignación; y en cargo a los Padres Provinciales, Propósitos, Rectores y demás Superiores de la "Compañía de Jesús", se conformen de su parte a lo que se les prevenga, puntualmente y se les tratará en la ejecución con la mayor decencia, atención, humanidad y asistencia de modo que en todo se proceda a mis soberanas intenciones. Tendréis lo entendido para su exacto cumplimento, como lo fío de vuestro celo, actividad y amor a mi Real servicio, y daréis para ello las órdenes e instrucciones necesarias, acompañando ejemplares de este mi Real Decreto, a los cuales estando firma de vos, se les dará la misma fe y crédito que al original. Rubricado por la Real Mano. En el Pardo a veintisiete de Febrero de 1767. Al Conde de Aranda, Presidente del Consejo.[91] 

Sucesivamente, otros religiosos “transitaron” los valles con su impostación mística hasta el año 1775.

Tal es el caso del fraile Juan José Archeverroa, quien se asentó en los valles de Catamarca durante treinta años.

Inmediatamente después de la expulsión de sus territorios, de los acólitos de la Orden de Loyola, el Rey Carlos III (Regidor hasta 1788) decide otorgar autarquía a las regiones invadidas en el siglo XVI y segregar al NOA del Virreinato del Perú.
Por ello…

En el año 1776 la Corona crea el Virreinato del Río de la Plata, y todas las gobernaciones pasan a ser intendencias, desdoblándose la Gobernación del Tucumán, en Salta del Tucumán, y Córdoba del Tucumán (Córdoba y La Rioja)[92]

Con el paso del tiempo se homologó el Curato de los Sauces del Valle de Arauco, en el pueblo de indios del mismo nombre, donde se erigió la capilla principal…

“Parroquia que contenía a la Vice parroquia de Santa Rosa de Arauco, a la capilla del Curato de San Miguel de Pinchas, a la capilla de Anjullun, a la capilla de Utpinango, a la capilla del pueblo de indios de Machigasta, a la capilla del pueblo español del Pantano, y a la capilla del Río Colorado, que dista del serro negro al poniente quatro leguas.” [93]

La población del pueblo de Aimogasta[94] cuya…

Primera partida data de la Parroquia de la Inmaculada concepción con fecha 20 de mayo del año 1736.

No consentía la construcción de un nuevo templo religioso, dado que el existente en el año 1736, había cedido definitivamente.
En referencia a esta idiosincrasia, vale citar el enojo del Sub delegado de la Real Hacienda Pedro Miguel del Moral, quien deja constancia de que…

En dichos pueblos (…) no mereciendo nombre tal el de Aymogasta por no tener capilla, ni haberla querido rehacer sus naturales.[95]

Pese a esto, el Curato de los Sauces del Valle de Arauco, no sufrió mayores contratiempos que los infligidos por los efectos climáticos.
Así, fue que en el año 1795, el sacerdote Pedro Antonio de la Colina se dedicó a efectuar una recorrida por todas las poblaciones del Valle (A las que regresó en el año 1805) tarea que luego perpetuara el padre José Ramón Álvarez a partir del año 1809.[96]
Respecto de la capilla de Santa Rosa en Arauco, hasta el año 1796 se desempeñó como párroco el cura José María Cabrera, y posteriormente fue designado el religioso Juan Felipe Medina. [97]
Por cierto que no es el presente vínculo un testimonio sobre el papel de la Iglesia en la impostación española del NOA, mucho menos una revisión de la Historiografía Eclesiástica en Argentina.
Simplemente adhiero, descartando el vínculo de la contención aristotélica de la verdad de los hombres, a la verdad universal de aquellos que trataron de imponer su propio Dios, impeliendo una ubicación temporo espacial religiosa que acompañara los efectos de la invasión en los valles ubicados al sur del Aconquija.
Aunque, evitando hacer catarsis de las consecuencias de esa “impostación espiritual”, resulta lógico mencionar, que cuando la iglesia secular se implantó definitivamente en el NOA, la limitación al trabajo de los frailes por parte de los obsecuentes de la Corona fue la consecuencia. Y por lo tanto, el choque de intereses generó una larga discusión sobre jurisdicciones eclesiásticas, determinando un antagonismo que perduró más allá de los días de mayo del año 1810.

No obstante, no puede soslayarse que precediendo a esos acontecimientos, en el escéptico Valle de Arauco, los piadosos conjuraron continuar con la evolución de su mandato, buscando que el gobernador español de turno compartiera con ellos el sentimiento que la nueva tierra generaba en sus corazones.[98]



[1] De los Ríos, Fernando. “The action of Spain in América” Edit. Concerning Latin American Culture. 1935
[2] Zamora, Niceto. “Impresión general acerca de las leyes de indias” Bs. As. 1942
[3] Varela, Consuelo. Ibídem. (Ver Bibliografía consultada en Huaymocacasta, Inhibición histórica de la Argentina, Tomo V)
[4] Haring, C. H. “El imperio español en América” Ibídem. (Ver Bibliografía consultada en Huaymocacasta, Inhibición histórica de la Argentina, Tomo V)
[5] Página oficial de la ciudad de Arica. Historia de Chile.
[6] León, Cieza de. Ibídem. (Ver Bibliografía consultada en Huaymocacasta, Inhibición histórica de la Argentina, Tomo V)
[7] Levillier, Roberto. “Nueva Crónica del Tucumán” Ibídem. (Ver Bibliografía consultada en Huaymocacasta, Inhibición histórica de la Argentina, Tomo V)
[8] Picón, Fray Antonio. Dice que Cedrón fue “Quien plantara los primeros retoños de olivo y vid, traídos desde Panamá vía Perú” Archivo General de Indias (Sevilla) LXXV/VI/II copia adjuntada por Fray Buenaventura Oro, citado por Fray Antonio S. C. Córdoba “El Reverendo Padre Fray Juan Pascual de Rivadeneira” Revista Archivum T.II. C.1. Ibídem. (Ver Bibliografía consultada en Huaymocacasta, Inhibición histórica de la Argentina, Tomo V)
[9] Lozano, Pedro. T. IV. Ibídem. (Obra detallada en Anexo II Tomo V)
[10] Navamuel, Ercilia. “Investigaciones del Instituto Güemesiano de Salta”. Monografía del Instituto Güemesiano de Salta. Página oficial.
[11] Videla, Horacio. “Historia de San Juan” 1984. Ibídem. (Ver Bibliografía consultada en Huaymocacasta, Inhibición histórica de la Argentina, Tomo V)
[12] Misionero Dominicano, nacido en Extremadura, España en el año 1500, y fallecido en Lima, Perú en el año 1584. Una vez incorporado a la orden se dirigió a Perú en el año 1533, y se dedicó a la conversión de los indios nativos. En el año 1540 acompañó la expedición de Gonzalo Pizarro al territorio del Amazonas. La expedición volvió a Quito en el año 1542 con solamente ochenta sobrevivientes de los cuatro cientos originales. Carvajal fue enviado por sus superiores a la misión de Tucumán, en donde por varios años él trabajó para la conversión de las tribus nativas. Siendo elegido a la oficina de provincial, pasó cuatro años en la organización de la provincia y la fundación de conventos. En 1565 lo eligieron para representar la provincia de Perú en Roma, pero no pudo cruzar el océano por causas que se ignoran.
[13] Levillier, Roberto. Ibídem. (Ver Bibliografía consultada en Huaymocacasta, Inhibición histórica de la Argentina, Tomo V)
[14] Achaval, José Néstor. “Historia de Santiago del Estero” Universidad Católica de Santiago del Estero. Santiago del Estero, 1989.
[15] Alen Lascano, Luis C. “Historia de Santiago del Estero” Plus Ultra, Buenos Aires, 1992.
[16] Achaval, José Néstor. Ibídem. (Ver Bibliografía consultada en Huaymocacasta, Inhibición histórica de la Argentina, Tomo V)
[17] Levillier, Roberto. “Audiencia de Charcas” T. I. Carta de Pedro Ramírez de Quiñones, remitida al Rey de España, el 10 de noviembre de 1566. Ibídem. (Ver Bibliografía consultada en Huaymocacasta, Inhibición histórica de la Argentina, Tomo V)
[18] Si bien existen conjeturas, e incluso investigaciones historiográficas que establecen una fecha posterior para la segunda llegada de Juan Cedrón a los territorios del NOA (Año 1558) los datos que he cotejado certifican que fue anterior a la fundación de la primera Londres de la Nueva Inglaterra, por Pérez de Zurita en el año 1558.
[19] En documentos citados por Levillier, se cita a otros dos españoles, Bartolomé Valero y Juan Abrego.
[20] Levillier, Roberto. “Correspondencia de los Cabildos” Ibídem. (Ver Bibliografía consultada en Huaymocacasta, Inhibición histórica de la Argentina, Tomo V) cita la información mandada levantar por el Gobernador de la provincia del Tucumán, Juan Ramírez de Velasco, fechada en Santiago del Estero, el día 11 de noviembre del año 1586.
[21] He cotejado versiones que aseguran que junto a Cedrón, Aguirre envió al sacerdote Juan Lobo con destino a Santiago del Estero. Cedrón, tras el regreso de su excursión al Paraná y cruzado a Santiago del Nuevo Extremo por el Paso de Mendoza, se había asentado en esa ciudad.
[22] Achaval, José Néstor. Ibídem. (Ver Bibliografía consultada en Huaymocacasta, Inhibición histórica de la Argentina, Tomo V)
[23] Es común, que en las fuentes consultadas en Chile, se lo cite con este apellido.
[24] Revista Archivum. T.II. C.1. Buenos Aires, 1944. Ibídem. (Ver Bibliografía consultada en Huaymocacasta, Inhibición histórica de la Argentina, Tomo V) Variante histórica que desliza en sus cartas el capitán Bartolomé de Sandoval Ocampo en el año 1586. Según citas recogidas por Melchor Calderón de la Catedral de Santiago del Estero. Cartas del Archivo de la Orden. Archivo Histórico de Santiago.
[25] Levillier, Roberto. “Correspondencia de los Cabildos” Ibídem. (Ver Bibliografía consultada en Huaymocacasta, Inhibición histórica de la Argentina, Tomo V) cita la información mandada levantar por el Gobernador de la provincia del Tucumán.
[26] Jouanen, José. “Historia de la Compañía de Jesús en la Antigua Provincia de Quito: 1570-1774”   
[27] Córdoba, Antonio. “El Reverendo Padre Fray Juan Pascual de Rivadeneira” Monografía de Revista Archivum T.II C.1. Editorial Huarpes. Buenos Aires, 1944.
[28] La “biblioteca” riojana atribuye ese mote al Santo Francisco Solano.
[29] Vásquez de Espinosa, Antonio. “Compendio y descripción de las Indias occidentales” BMUNC transcripción de Charles Upson Clark. Smithsonian Insitution Washington, EE.UU., 1948.
[30] Archivos del Vaticano. “Segreteria di stato” Rubrica y Nº de protocolo… 31 al 56. Citados en Revista Archivum. Ibídem. (Ver Bibliografía consultada en Huaymocacasta, Inhibición histórica de la Argentina, Tomo V)
[31] Alonso de Torre fue el primer Custodio franciscano en el Río de la Plata, el segundo, fray Juan de Rivadeneyra, al mismo tiempo que vicario general de la diócesis, y el tercero, fue fray Martín Ignacio de Loyola.
[32] Cháfer, Francisco Avellá. Monografía “Los Clérigos Salcedo en el Tucumán del siglo XVI” Córdoba, 1944.
[33] Crónica Histórica de la Venerable orden tercera de San Francisco en

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