sábado, 19 de marzo de 2011

ANALISIS SOBRE ARQUITECTURA NATIVA

ESTRUCTURA EXISTENCIAL DE LA ARQUITECTURA NATIVA
Por el Arq. Victor Jose Stilp Piccotte
Del Libro del mismo nombre (ISBN DDNA)
(Todos los derechos reservados)

REVOLUCIÓN…

Todo trabajo histórico, como todo trabajo científico, constituye un recorte realizado en el continuum de la realidad…
Al hablar de “Estructura Existencial de la Arquitectura Nativa”, los espacios y los tiempos que han “contenido” a la misma, “relativizan” la Historia y “cuestionan” el conocimiento alcanzado por el Ser Humano, dado que no es posible encontrar un sistema de referencia absoluto. Ese continuum de la realidad, que concatenaba la visión de la Arq. Waisman, es en definitiva, el mecanismo perenne que admite a la Poética, para transformarse en un elemento propulsor de lo “relativo”, cuestionando el sistema historiográfico de verdades absolutas, y fraccionando nuevas visuales en heterogéneos espacios y tiempos que facilitan su relación y comparación con otras cosas; segmentado a las generaciones de investigadores e intelectuales a efectos de conceptualizar las circunstancias, sin desconocer que las mismas son, y serán siempre variables.
Distante de las Invariantes que perfilaron el entendimiento de los ideales de la Arquitectura Moderna y Posmoderna, y extrañados de los conceptos Minimalistas del Kitsch – recargados y de mal gusto – que profundizaron la in-dialéctica filosofía estructural de la arquitectura del tercer milenio, habrá de surgir – hasta obtener respuesta – la pregunta sobre qué Pasado nos contuvo como Patria, y qué Presente nos contiene como Historia.
Es verdad relativa – por el simple hecho de no pecar de ignorante – que entre los años transcurridos entre 1536 – llegada al NOA del invasor Diego de Almagro – y 1810 – Revolución de mayo – los pueblos originarios se levantaron – con o sin armas – para repeler los intentos de usurpación que levantaban las banderas de los desconocidos ultramarinos; hasta que el mestizaje, la inducción monoteísta, y la extrañación violenta de sus dioses y terruños, facilitó la consumación de la “Argentina del plata y del puerto”. Esta simple acumulación de informes historiográficos que completan los anaqueles de las bibliotecas de la “Patria de los doscientos años”, ignoran, a sabiendas, no sólo la existencialidad de los héroes nativos y sus pueblos, sino los espacios y los tiempos que abrieron a la luz en forma previa a la llegada de los españoles, perdurando hasta la séptima década del siglo XVII; cuando las espadas, los virus elementales, y la impudicia ultramarina, sometieron a los hombres y mujeres, impostando no ya un idioma andino diferente – quechua – sino también, su lenguaje, y su panteón monoteísta.
Esa fue la época en que comenzaron a consolidarse las “ciudades españolas” en los valles del NOA – no por su cantidad de habitantes, sino por el concepto de “Ciudad Capital” que otorgaban las actas jurisdiccionales – y terminó siendo, en incoherente paso mitológico, la época en la que se fundamentaron las raíces por debajo de las vías , confirmando que efectivamente, antes de la llegada de los quechuas (1470 – aproximadamente) y antes de la llegada de los españoles (1536) en los valles concatenados por las últimas estribaciones de las Sierras Pampeanas, la arquitectura contuvo una estructura existencial que relativizó las invariantes que coordinan nuestra percepción unitaria, y negativamente, totalitaria.
A ello me refiero cuando observo a la historiografía consentir que aquellos españoles nunca – o sólo en raras excepciones – construyeron sus ciudades sobre los restos de los asentamientos nativos.
De ese ecléctico lugar surgen, “invariantes”, las preguntas…
¿Qué motivó a Juan Pérez de Zurita para utilizar las estructuras arquitectónicas del Shincal, en Catamarca?
¿Qué circunstancia impulsó a Juan Núñez del Prado para utilizar la traza de un asentamiento nativo para fundamentar la primera fundación de “El Barco” – verdadera madre de ciudades en el NOA –? ¿Qué impulsó a Jerónimo Luís de Cabrera y Garay para asentar sobre la traza de Pomangasta una de las traslaciones – llamada luego la ciudad de papel – de la mítica Londres de la Nueva Inglaterra? ¿Qué generó Huatungasta? ¿Qué sustentó Astái? ¿Qué inspiró Ampujango?
Y a pesar de que las respuestas no armonizan la verdad historiográfica, si constituyen el fundamento que invalida a los que afirman que la urbanística llegó a la patria de Abya Yala junto con los invasores españoles… Y si lo anterior no es causa suficiente para desautorizar la errónea conclusión de “algunos historiadores”, debería explicarse porqué la existencialidad de…
“El camino nativo, los ejes de conexión, el sentido lineal, la defensa como elemento arquitectónico”.
La estructura existencial no trata de la enumeración de ejemplos sobre arquitectura nativa. Tampoco discierne el corte temporo espacial ocurrido entre la evolución originaria y la llegada de los españoles. Por el contrario, la estructura y la existencia de la arquitectura nativa nos hablan de una impostación que sólo fue efectiva en el campo de idioma y de la religión.
Primero con la utilización del quechua para instaurar la religión monoteísta y luego con la obligatoriedad del castellano.
Tal vez por ello, en ese continuum del devenir de los espacios y de los tiempos, el habitante nativo persistió en su tránsito, y no cambió en sus actitudes, sino que reaccionó ante la acción destructiva de los españoles.
Y más allá de la idea ultramarina, de respetar las decisiones de la Corona en referencia al implante urbanístico en los asentamientos del NOA, sobre ellos no hubo tipologías funcionales formales que contuvieran las ideas conductoras del renacimiento europeo.
En definitiva…
Antes de la llegada de los impostadores quechuas y españoles, el NOA contuvo ideas de tipologías originales.
Por lógica, el Espacio y la Arquitectura formaron parte de la Estructura Existencial.

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