lunes, 11 de abril de 2011

¿TINIEBLAS DE LA SUPERSTICION?

Antitético discurso sobre la invasión del siglo XVI

por el Arquitecto Victor Jose Stilp Piccotte
Todos los derechos reservados.
“Un mundo acaba de ser descubierto, veinte naciones son creadas. Un sólo idioma ahoga a multitud de idiomas indígenas. Se construyen vastas obras de riego. Se trazan caminos. Se esclarecen bosques y se rompen y cultivan tierras. Montañas altísimas son escaladas, y ríos con anchura inmensa son surcados. Se adoctrina e instruye a las muchedumbres, las mismas instituciones municipales son esparcidas por millares de Villas y Ciudades. La Industria, el Comercio, la Navegación, la Agricultura, el Pastoreo, surgen en un nuevo pedazo del planeta y enriquecen a gentes y naciones. ¿Y quien ha realizado tan gigantesca obra? ¡Todas las naciones de Europa juntas? ¿Todas las naciones unidas en un supremo y titánico esfuerzo? ¡No! ¡Una Nación, una sola Nación, sola, sin auxilio de nadie! ¡España!” (Azorin)

A comienzos del año 2000, con mayor exactitud el día 12 de enero, el Papa Juan Pablo II solicitó el perdón de la América nativa a raíz de los pecados cometidos por la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, en los siglos XVI, XVII y XVIII, época en la cual impostó el evangelio cristiano en la tierra de Abya Yala .
Pero muy a pesar de la voluntad del fallecido Pontífice, esta cita coadyuvante para la poética histórica, no fue complementada por otros dos umbrales que la asamblea cristiana impone como condicionantes para limpiar toda mácula de pecado: “El propósito de la enmienda” y “La restitución del patrimonio cultural y natural vejado” (Hecho inviable, de acuerdo a los preceptos capitalistas de la actual sociedad)
Sugestivamente, precediendo al manifiesto del Cacique Cuatemoc, el ente rector sobre los Derechos Nativos de la República de Bolivia exteriorizó en la anteúltima década del pasado siglo, que el Tribunal de la Haya dictaminara que el Estado Vaticano y la República de España eran los únicos responsables del holocausto cultural, social y económico pergeñado durante el proceso denominado “Conquista y evangelización de América”; y que por lo tanto, debían resarcir y desagraviar a los actuales nativos de Abya Yala, restituyéndoles de todo aquello que les fue inhibido, y, además, reparando los daños originados por la invasión.
La lógica señala que nada de eso podrá ser enmendado por la Europa del Mercado Común y del “Euro” , pues la propia América con una conciencia “pro imperialista” ha evadido invariablemente el concepto que esgrime ese pedido; y sólo las voces de la poética histórica atestiguan sobre la “verdadera Fe” y la “responsabilidad” asumida por la Corona de España ante la invasión llevada adelante por sus ancestros en las “Indias occidentales”
La pregunta que surge de este análisis conjetura… ¿la Corona de la “madre Patria” fue indulgente con el génesis de la denominada Leyenda Negra de América? Cabe por ello ¿responsabilizar a la Iglesia en ese proceso?
La respuesta, antagónicamente, siempre será positiva… Ya que la Iglesia fue corresponsable al permitir que la Corona Española realizara el trabajo de impostación y aculturación sin control. Más aún, al permitir que sus obligaciones apostólicas fueran inducidas por los reyes, y asumidas por los invasores (mal llamados conquistadores) coparticipando en el sometimiento de nativos que generó el surgimiento de la América monoteísta y castellana.
La investigación poética, sin embargo, ajena a la pertenencia de roles revisionistas, trata de permanecer distante de los “asentimientos humanos”, y fiel a las pretensiones de la “Verdad Universal” que encerraban las palabras del fallecido “Papa polaco”; y fundamentalmente afín a las pretensiones “altruistas” de los pueblos originarios de éste continente.
Y si la verdadera fe constituía un deber ineludible para la Corona de los Reyes Católicos, resulta un peso ineluctable confirmar que los “pueblos originarios, mal llamados indios” no tuvieron culpa alguna al “mostrar descarnadamente sus cimientos morales y de convivencia”, ya que nadie debió juzgarlos (Porque, entre muchas otras cosas, fueron creados por Dios) menos aún, invadirlos y someterlos a un proceso de vejación para nada exento de violencia.
Cuatrocientos años después del advenimiento tempestuoso del monoteísmo en el “Nuevo Mundo”, un “riojano” (nacido en la patria Argentina) sin levantar la espada, sino ensalzando su voz a efectos de “constituir una ciudad”, afirmaba ante los alumnos que en silencio lo escuchaban en el aula mayor de la Universidad de La Plata… “No porque los carriles del tren dividan el bosque, dejan de entrelazarse las raíces por debajo” (Joaquin Victor Gonzalez)
Efectivamente, espacio y tiempo distante de la llegada de los españoles al territorio de Abya Yala, resuenan con intensidad los preceptos que encontrarían asidero en la memoria histórica de la inhibida Argentina. Porque de esa manera, no de otra, se ha logrado aprehender la existencia de una España imperialista, y de ésta, incoherente, que penetró los años de la angustia con páginas de historia, infecundas de poética. No fue la España signada por ilustrados profesores de la Universidad de Valladolid la “madre benefactora” que compartiera los surcos abiertos en la desierta tierra de la ciudad del oro y de la plata. Por el contrario, aquella España de los siglos XVI, XVII, y XVIII, fue la consecuencia de una invasión a los pueblos de constitución estática, que disolviera con o sin derramamiento de sangre, las castas, los idiomas, y los dioses… “La desaparición acelerada de indígenas en las colonias de los pueblos europeos, es una consecuencia natural del proceso de selección. Las razas de vida más o menos intensa no pueden adaptarse al fuerte ritmo de vida de la civilización occidental.”
Queda claro entonces, la existencia del discernimiento del Vaticano y de la Corona española, y una real comprensión sobre las acciones que “sus adelantados y representantes en el Nuevo Mundo” llevaban a cabo al sur de la provincia de “Coiba”, y ello descarta toda “virtual” imprevisión o ingenuidad.
Al respecto, no he hallado citas de relator, oidor, escribidor, cronista, investigador o historiador que niegue tal afirmación. (Incluso releyendo a aquellos que hacen apología de la “conquista”) Hecho que confirma además, que todos ellos en diferentes espacios y tiempos, reconocen el “plan de desarrollo sustentable y destructivo” que los invasores ejecutaron en el “mundo descubierto por Colón”.
Pero no es ni será “Huaymocacasta”, una “musa” imbuida en regresión a fines de improvisar “catarsis” con los sucesos de los siglos citados. Primero, porque como esclareceré en los umbrales que componen cada Tomo del presente libro, la poética histórica debe sustentarse en diferentes “cimientos filosóficos”; y luego, porque debe fundamentar el conocimiento general sobre esta República Argentina celebrada como país informe, Patria que perfila una sede central llamada ciudad del “Crisol de razas”, y diferentes subsedes regionales denominadas “de los cabecitas negras”, que sólo existen y se mantienen a efectos de nutrir el desarrollo de la gran urbe portuaria, que ahora dice ser Autónoma. (“Ciudad de la Santísima Trinidad y puerto de los Buenos Aires”)
Esta brevísima relación sobre la existencia de un territorio que cuenta con todos los elementos necesarios para ser considerado “País independiente”, es la que me permite asegurar que “la Argentina” es una “patria inhibida”; posesoria de una tradición ancestral (Distante en el tiempo a la segunda década del siglo XIX) Que fue pergeñada por grandes hombres (A su tiempo los caciques nativos, luego San Martín y Belgrano, luego… los inmigrantes) frustrada por otros grandes hombres (Que intentaron convencernos de que éramos europeos) y finalmente desgajada en cuartos, en un “Tahuantinsuyu progresista”; aislada del sentimiento de pertenencia continental, y segregada por los mismos impulsores de la inmigración. (Que ahora nos consideran “sudacas”)
Echar culpas a los actuales religiosos del monoteísmo, o a los “nuevos” españoles sobre nuestro inhibido pasado, manifiestamente niega la capacidad que poseemos para “concebir” y “perfilar” el futuro. Pero olvidar la pertenencia andina de todo un territorio, es simplemente desmerecer el sentido de la vida, y, además, contradecir las apetencias de progreso. “Porque no existe un solo pueblo que haya sido capaz de evolucionar negando su pasado”.
Es entonces cuando “Huaymocacasta” se convierte en suma poética, incorporando mitos y sucesos sobre la desinhibición de una región que atávicamente alimentó su idioma original, graduando diferentes germanías y dialectos, para ser habitada con seres combativos, inteligentes y capaces, que ante la incomprensión se mantuvieron unidos, evidenciando misericordiosos, el sometimiento, la burla, la vejación, la violencia y la resistencia. Asumiendo por impostación un ficticio futuro ultramarino de progreso y bienestar.
No dudo de mi pertenencia a una sociedad que el espacio tiempo ha disociado, disgregado, y disuelto en incongruencias estratégicas (que sólo benefician a una clase) y que ha olvidado el carácter de “docta” que otrora sustentara los carteles de “granero del mundo” y “cuna de la cultura americana”.
Pero me niego a considerar “el patrimonio de la Argentina Americana” como indebido, e intento elevar la voz en grito para afirmar que todos, absolutamente, somos responsables de estos “quinientos años de evolución y destrucción.”
Muchas, infinidad de veces, la literatura del Plata ha intentado un revisionismo que consolide la negación de la ascendencia nativa que porta más del sesenta por ciento de los habitantes de la actual República Argentina.
Muchas, infinidad de veces, ha excluido de la convergencia cultural a las voces de las diferentes regiones que trasladan señas sobre su cuna lingüística, y sobre el carácter condicionado ancestralmente. Negaciones, en definitiva, que contradicen la tradición que nos “expresa” cánticos sobre el pasado rico, culturalmente preciado, y socialmente noble que nos ha sido conferido.
Pero…
¿Cómo podemos reclamar ese legado, si no hemos sido capaces de comprender lo acontecido?
¿Cómo podemos reclamar restituciones, si no hemos sido capaces de relatar la incuestionable historia?
Acaso…
¿No hemos devastado nuestros máximos derroteros?
¿No hemos mutilado el edificio del cabildo de la ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de los Buenos Aires, en nombre del progreso y el tránsito urbano?
¿No hemos dado cuenta de la histórica casa del 9 de julio de 1816, en el olvidado y refundado pueblo de San Miguel de Tucumán?
¿No hemos desarraigado los anales de la invasión, los Fuertes de la resistencia, los caminos y las ciudades fundadas sobre la traza de ciudades amerindias?
¿No hemos permanecido indiferentes ante el saqueo de nuestros canales de comunicaciones terrestres, junto a las eternas y solitarias vías del Ferrocarril, y fundamentalmente, aislados de nuestro destino?
Posiblemente…
Sepan nuestros hijos en el futuro de la Patria inhibida, Cuál era el nombre de los hombres que preservaron el territorio en aquel lejano siglo XVI. Cómo se llamaban los pueblos que habitaban los llanos, y los valles de nuestra patria. Y qué buscaban los invasores en nuestra tierra.
Más…
¿Sabemos nosotros de la poética?
En el NOA, entre los valles donde sólo se rescata el amor de “Inti” y “Pachamama” impuesto por los Incas (Que los nativos suplantaron con “Dragones” y “Jaguares” para ignorar a “Tonapa” “Paxni” y “Anto” ) el silencio cubre el oro, la plata, el cobre y otros minerales; intentando, sobre los pueblos abandonados y las máculas de sangre nativa, relatar la coexistencia de idiomas vulnerados e idiomas robustecidos, para asegurarnos que efectivamente existió la poética. Y elevo a ellos esta mitológica secuencia narrativa, pues si el silencio lo confirma, habrá de renacer la incoherencia entre los ídolos andinos y el Dios creador, y la analogía en el amor surgido entre los hombres y las mujeres de ambos continentes.
Ese amor, precisamente, del que se valió el Creador para otorgarnos la posibilidad de evolucionar. Como un reconocimiento o declaración del dogma que une a aquellos que “descendieron de los barcos”, con los descendientes de los pueblos originarios de Argentina.
Como afirmara el ilustre riojano en la Universidad de La Plata…
“Distantes perentoriamente de las miserias de la época, de la Corona invasora, y de los fieles y obsecuentes dignatarios”.

Arquitecto Víctor José Stilp Piccotte

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