miércoles, 8 de junio de 2011

BREVIARIO SOBRE IDOLOS Y RELIGION EN EL NOA PRE Y POST HISPANICO

IDOLATRÍA y RELIGIÓN



ARQUITECTO VICTOR JOSE STILP PICCOTTE

© RESERVADOS TODOS LOS DERECHOS

DEL LIBRO HUAYMOCACASTA, INHIBICION HISTORICA DE LA ARGENTINA – TOMO I



Los primeros Cronistas, llamaron a la Cacá como cultura “Calchaquí”, utilizando, equivocadamente, el nombre del curaca de un importante pueblo, para designar a los habitantes de la gobernación del Tucumanahaho. Como aseguran los investigadores, estos nativos integraban una cultura de agricultores sedentarios, a los que les fue incorporada (¿Vía Incario?) la irrigación artificial por medio de canales, y lugares de siembra en andenes (Maíz, quínoa, amaranto, porotos, zapallo) que ancestralmente han constituido a la acción recolectora (cosechera) como una de sus principales actividades, destacándose el acopio de vainas del algarrobo… Este árbol de nobleza sólo comparable al olivo, ha sido considerado por los nativos del NOA como la preciada ofrenda de los dioses.

De la traslación mítica de los orígenes, se desprende que los actuales habitantes de éstas provincias (Nacidos de la unión de españoles y nativos) pertenecen a la misma raza americana pre invasión española, de tez morena, pómulos salientes, pelo negro, con el rostro curtido por el permanente viento, y “alisado” por el médano que cruza los desiertos que no alcanzan a serlo. (La mancha mongólica[1] confirma la jactancia) En un juego semántico, puede uno leer lo que el tiempo, el espacio, los Huari Tiahuanacos, los quechuas, los aymaras, los Incas y los españoles “dejaron” de su cultura… La cerámica, los signos, los dibujos, y las ruinas de los asentamientos. Y ese mismo juego puede ser (intento) el inicio de un espacio tiempo que reconstruya la vida diaria, constatando (conocer) sus viviendas, sus espacios de trabajo, sus tiempos guerreros para la confección de armas de guerra y de caza, y los espacios para la preparación de morteros, y urnas funerarias.

Los pueblos del NOA, según el relevamiento arquitectónico urbano, estaban integrados con conjuntos habitacionales aglomerados y “sin” calles (Tal como nuestra civilización las conoce) donde los nativos expresaban su amor por Urcku,[2] por las Huacas,[3] o por las Chuyas[4] que nacían en las laderas altas. Desde luego que esta apertura poética me ha permitido desentrañar incógnitas sobre el idioma[5] y revalidar que la lengua del Cusco no es la única que se habló en las regiones del NOA (Aunque fue la que perduró, dado que la transmisión lingüística originaria sólo alcanzó fases de evolución y de aprehensión) hecho que se comprueba por la traslación oral que ha servido para conocer y comprender las creencias religiosas, los juegos y fiestas, y también la conducta guerrera de cada pueblo.

No soy obtuso (No creo ser necio) y me permito dogmatizar sobre la veracidad exigida por la “biblioteca” que no se corresponde con la poética… Para ello, baste con recordar a Aristóteles. Por ello trabajo para recuperar la oralidad de las epopeyas nativas, a fin de comprender y conocer los hechos y nombres ignorados por la historia “oficial”. Semblanzas de hombres y mujeres que tejieron la malla de otro país, diferente al que conocemos, pero extremadamente armónico (Hoy inexistente) que fue capaz de hacer frente a los españoles resistiendo por más de un siglo a su penetración físico espacial, logrando desalojarlos de los valles andinos, e incluso, obligándolos a trasladarse hacia líneas disímiles con su planificación estratégica (sirva como ejemplo el sitio elegido para la fundación de la tercera ciudad del Barco, que posteriormente se llamó Santiago del Estero) y elevando “otros dictados” a la gloria presente. 

Para lograr tan importante cometido, los pueblos de los Valles intermontanos que habitaban el NOA de la época, consolidaban su existencia en diferentes variables religiosas, sociales y ceremonias de carácter especial. (Equivocadamente imaginadas por los actuales investigadores, como una confluencia espacial en el arte de los enterratorios de niños) Estas variables o ceremonias especiales, que dotaban a los guerreros del carácter simbólico que los guiaba a la rebelión, conducían en realidad a la admisión del “culto a la muerte” ya que éste proceso mantenía la esencia de la sociedad Cacá, trasladando al extinto hacia el encuentro con los dioses[6] (Alma, en la religión monoteísta)

He comprobado que los cuerpos de los inocentes se depositaban en urnas con un ornato particular. (En la actualidad se pueden observar enterratorios de párvulos en sitios diferenciados de aquellos donde se sepultaba a los mayores) Cito, en concomitancia con el párrafo anterior, que cuando Francisco de Toledo, Virrey del Perú en tiempos del Rey Felipe II (1569, 1570) implanta el orden político, religioso y económico en toda la región ocupada por el Incario (ignorante de la raigambre cosmológica andina) cede el espacio generando otro tipo de lucha intelectual, esta vez “forjada por el poder que conservaban sobre el pueblo los muertos honorables”.[7] No cabe duda, si se da por válida esta conjetura, que la llegada al NOA de las sanguinarias “Visitas de Extirpación de Idolatrías” – que no eran otra cosa que una elegante excusa para recorrer el territorio, y legalizar la destrucción de los objetos y reliquias sagradas de los nativos – fue la respuesta de la Corona para consolidar el precepto monoteísta… “Ordenamos y mandamos á nuestros Virreyes, Audiencias y Gobernadores de las Indias, que en todas aquellas provincias hagan derribar y derriben, quitar y quiten los ídolos, ases y adoratorios de la gentilidad, y sus sacrificios; y prohíban expresamente con graves penas a los Indios idólatras comer carne humana, aunque sea de los prisioneros y muertos en guerra, y hacer otras abominaciones contra nuestra santa fe católica y toda razón natural, y haciendo lo contrario, los castiguen con mucho rigor”[8]

A esta impasible acción de los invasores, no opuso resistencia la comunidad nativa, ya que no resultaba importante para ellos que al poco tiempo de la impostación, el culto oficial al dios Inti y a las deidades “apropiadas e instauradas” se viera absorbido por el monoteísta poder del Dios proveniente de Europa. Tampoco los afectaba la idea del paraíso terrenal alimentado por un infierno de castigos perpetuos, que para nada se introducía en la cotidianidad de la vida. Por el contrario, a costa del martirio sufrido, para los nativos la muerte continuó siendo el paso necesario “hacia la otra vida”, y no el tránsito doloroso que mostraba la resurrección cristiana… “Conciértense con el cacique principal, que está de paz y confina con los indios de guerra, que los procure atraer á su tierra á divertirse, ó á otra cosa semejante, y para entonces estén allí los predicadores con algunos españoles, é indios, amigos secretamente, de manera que haya seguridad, y cuando sea tiempo se descubran á los que fueren llamados, y á ellos juntos con los demás por sus lenguas é interpretes, comiencen á enseñar la  doctrina cristina; y para que la oigan con más veneración y admiración, estén revestidos á lo menos con alvas o sobrepellices y estolas, y con la santa cruz en las manos y los cristianos la oigan con grandísimo acatamiento y veneración, porque á su imitación los fieles se aficionen á ser enseñados.”[9] Esta natural reacción, comprensible quinientos catorce años después, era lógica ante la impostación española, que pretendía, inclusive, destruir “la fuerza natural” para que la creencia del nativo desapareciera cuando el cadáver se desintegrara o quemara.

En el relato de los Cronistas, se puede comprender cómo los nativos seguían tratando a los muertos importantes (Como si estos siguieran con vida) razón por la cual, se deduce que para ellos, y ante la desesperación de los invasores, el “muerto” seguía gozando del poder, incrementando éste por un poder auxiliar o “mágico” que lo “elevaba en su cualidad religiosa”.  Concordante con ello afirma el religioso Francisco de Ávila, que… “para los indios son de mucha veneración los cuerpos de los difuntos progenitores (...) y a éstos adoran como dioses”[10]

Recientes descubrimientos en la zona de asentamiento de las comunidades Cacá, demuestran que los restos de numerosos antepasados de esa cultura han permanecido indemnes a la acción de  los “huaqueros” o traficantes de piezas arqueológicas, confirmando que la cultura que habitó el NOA protegió a sus muertos de la acción de los españoles, buscando sitios seguros para conservar la dignidad de sus antepasados, evitando que la historia contenida en sus huesos terminara en manos de los ambiciosos españoles de los siglos XVI y XVII.

Como afirma el Padre Arriaga…[11] “Ya se habían calmado los fragores de la guerra civil, que prácticamente había eliminado a todos los capitanes de la conquista. Estos fueron sustituidos por los misioneros y los funcionarios de la Corona, que supieron, con una constancia igual, por lo menos a su fe, destruir lo que quedaba de la religión panteísta y de los cultos indígenas”

El trasfondo literario, permite vislumbrar las historias que se han tejido alrededor del culto a los muertos, que con particular trascendencia llevaron adelante las culturas andinas, y por traslación, los nativos de los Valles del NOA. No resulta incoherente entonces, afirmar que la acción planificada por los doctrineros que misionaron en los valles Cacá, fue la responsable de la “abrazada” intelectual entre el monoteísmo europeo y el politeísmo andino, que generó la unificación mitológica en el territorio del NOA, acción que corrió el velo sobre la verdadera conformación del panteón nativo antes de la llegada de los españoles.

Por ese motivo simple, y no por las citas escritas en papeles archivados en Sevilla o en América, comprendemos que los habitantes del NOA reverenciaban al creador Tonapa y a los dioses mayores como el padre Sol y la madre Luna. A la madre Tierra (por planeta o mundo) a la madre Agua, y a la madre Coca. (Variante del cébil) A los dioses del fuego, del trueno, del relámpago, de la lluvia, del viento, del arco iris, de la montaña, de la mañana, de la noche. Y a numerosos dioses menores, representados en el protector de las aves y animales, el protector de las piedras, entre muchos más.

Los mitos dan fe de la aseveración, y se ensalzan en las figuras de Chiqui, Yastay, Chaya, Zupay, Pujllay, Alilicucu, y entre otros, a los espantos vulgares como Mulánima. Resulta incontrovertible por lo expuesto, que la cultura Cacá es la genuina representación de los antiguos pobladores del NOA que ocuparon los territorios al sur del Lago Titicaca. Otra certeza histórica es aceptar la influencia del Cusco, aunque sea un hecho irrebatible que siglos antes de la llegada del Inca, una raíz Aymara proveniente de Tiahuanaco sometió a los habitantes de los territorios que en la actualidad ocupan las provincias de Tucumán, Catamarca, La Rioja, y algunas zonas de la provincia de Córdoba, trasladando variantes que posteriormente se adaptaron en equivalencia a las variables regionales.

En las investigaciones sobre las expresiones musicales y líricas del NOA,[12] no resulta ajena la intención de confrontar esa influencia de los valores amerindios andinos; máxime si se considera el sentido y sentimiento que emanan de la vidala y la baguala, transmitiendo ritos que aún persisten en la cotidianidad del habitante norteño.

Tampoco puede desconocerse la original representación de los actos o festejos populares, como el festejo del Chiqui con sus danzas y cantos. (A finales del siglo XIX y principios del siglo XX) Y el festejo de la Chaya durante el carnaval (festejo que persiste ¿Inducido por el canto y la danza del Chiqui?) donde el uso de instrumentos de raigambre precolombina tales como la caja y el erque (Que eran utilizados en el Tinkunaco primitivo y en las citas populares) se acompañaban junto a la ingesta de bebidas de alta graduación alcohólica generadas de la fermentación de la algarroba (Suplantada por la moderna cerveza y vino en tetra brik) y la inhalación de derivados alucinógenos, productos de la molienda de la semilla del cébil, o la ingesta de derivados de la hoja de coca. (Hoy desplazados por el “inocente” cigarrillo)

Sobre si fueron “hábiles” guerreros, sólo hace falta “echar un vistazo” a la historia y comprender que antes de Belgrano, San Martín y Güemes, los caciques de los valles del Tucma (Tucumanahaho) como valerosos adalides, resistieron con honor la intromisión española en sus territorios. Aunque es necesario elucidar que esta cultura se destacó por otro tipo de expresiones, tales como la particular interpretación del arte y de las expresiones románticas, algunas de las cuales han perdurado hasta el presente.



[1] La denominada mancha mongólica en la parte inferior de la espalda que "es la última en desaparecer, y casi siempre dura hasta la cuarta o quinta generación..." constituyen los indicios más característicos que "revelan" o "delatan" la mezcla indígena. (Stevenson, 227)
[2] Por Cerro.
[3] Por Ídolo
[4] Por agua.
[5] Etimológicamente deriva la palabra de Kjechua o Kjichu que significan Valle o Llano.
[6] Para lo cual debía ser “acompañado” con alimentos y bebidas, además de los efectos personales que le habían acompañado en la vida terrenal.
[7] Las ordenanzas sobre nuevos descubrimientos y poblaciones, fueron fundamentadas en la doctrina de la Escuela de Salamanca, cuyo principal mentor fue el designado Obispo de Tucumán, Francisco de Vitoria.
[8] Ley VII, Tít. I, Libro primero. Leyes de Indias.
[9] Ley IV, Tít. I, Libro primero. Leyes de Indias. Según las aprobara Felipe II en la Ordenanza 144 de poblaciones, en el bosque de Segovia, el 13 de julio de 1573.
[10] Duvoils, Pierre. 1977. “La destrucción de las religiones andinas” UNAM México. cita que se transcribe.
[11] Arriaga, José de. “Extirpación de la idolatría del Pirú” (1625) El padre Arriaga, residió en Perú durante treinta y ocho años. Fue rector de la Universidad de San Marcos, y falleció en alta mar, el 6 de septiembre de 1624 (día de su cumpleaños numero sesenta) había nacido en la ciudad de Vergara en tierra de Vizcaya (España)
[12] Cito como ejemplo las relaciones e investigaciones del Sr. Carlos Vega.

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