miércoles, 1 de junio de 2011

EL NOA Y LA PATRIA KAKANA

UNA VERSION SOBRE LA HISTORIA CACANA
 
ARQUITECTO VICTOR JOSE STILP PICCOTTE
DEL LIBRO “HUAYMOCACASTA INHIBICION HISTORICA DE LA ARGENTINA – TOMO I”
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

La mitología popular concatena los resultados de una investigación poética e histórica; y, además, permite que ésta se exprese a través de testimonios o versiones que “hablan” sobre las huellas evolutivas de los pueblos que habitaron, y que “aún habitan” los valles del NOA.

La influencia ejercida sobre el Cacá a partir de la impostación de la lengua general (Runa simi o Quechua) en el territorio “hoy” argentino, es un conjunto o sistema de valores que no colapsó a pesar de la dominación española, y que fue “mantenido” por los habitantes a través de la mitología, las ideas y los sonidos.

Los nombres y los significados refuerzan la hipótesis planteada, confirmando que nuestro país es un conglomerado de provincias y de ciudades que exponen disímiles “pacha” en constantes universos heterogéneos, los cuales conceden un nuevo y original “pacha”, con el que nuestros “europeizados” compatriotas, habitantes de las tres grandes urbes nacionales, intentan, sin éxito hasta el momento, una elucidación sobre qué tipo de perfil cultural, social y político, permitirá a la Argentina ser considerada una “República independiente.” Sin embargo, este hecho inadmisible para la patria de “Abya Yala” preconiza las variables que el uso cotidiano de una lengua “paralela” a la castellana, y su transmisión oral en los actuales pueblos del NOA, han incorporado en el carácter y la forma del lenguaje histórico. (Nuestra historia)

Este hecho fortalece la coherencia significativa, exhibiéndola como una estructura digna e importante que trasciende la poética histórica, para abrirse en un nuevo concepto: “Poética de investigación”. Y dado el origen poético de la historia, no resulta vulnerable el concepto, pues confirma que las narraciones forman parte de la misma… “al instaurar a la literatura mitológica en una prosa ajena a la tradicional manera de escribir la historia”

En el lenguaje no existe la evocación, como tampoco consta el falso lirismo europeo inserto por “los historiadores”. Mucho menos las lágrimas de la consumación poética del post modernismo. Parafraseando a Dilthey[1], creo que... “la esencia de la poesía consiste en expresar de tal modo lo vivido y representar de tal modo la objetivación de la vida” Y ello resulta verosímil, porque las leyendas, los mitos, y las fábulas populares del NOA, fijan los hechos en la realidad, y acercan sin modificarla, la poesía hacia la historia.

Aristóteles afirmaba que... es manifiesto asimismo de lo dicho que no es oficio del poeta el contar las cosas como sucedieron, sino como debieran o pudieran haber sucedido, probable o necesariamente; porque el historiador y el poeta no son diferentes por hablar en verso o en prosa (pues se podrían poner en verso las cosas referidas por Herodoto, y no menos sería la verdadera historia en verso que sin verso) sino que la diversidad consiste en que aquél cuenta las cosas tales cuales sucedieron (Historia) y éste como era natural que sucediesen. (Poética) Que por eso la poesía es más filosófica y doctrinal que la historia; por cuanto la primera considera principalmente las cosas en general; mas la segunda las refiere en particular...[2]

Pero la poética no desciñe las verdades excusándose en la historia, por el contrario, la poética, como analogía y vanagloria de la historia, se atiene puntillosamente al acontecer, tal como se lo brindan las fuentes, y aspira a conformar una visión fiel, de lo que constituye la objetivación de la vida en el curso del tiempo. Espacios, en definitiva, que realizan la apertura hacia otras ciencias, como la filología (Del gr. philologia – ciencia que estudia una lengua o familia de lenguas y sus literaturas) la paleografía (Del gr. palaios, por antiguo o primitivo – ciencia que estudia la escritura y los signos en documentos antiguos) la antropología (Del gr. anthropos, por hombre – ciencia que estudia la especie humana relacionando su base biológica con la evolución, o adaptación histórica y cultural) la arqueología (Del gr. arkhaios, por antiguo – ciencia que estudia los restos que nos han dejado las civilizaciones antiguas) y algunas más que están a su servicio.

Pero en idílico discernimiento, me pregunto si esta acción de procesar “una historia de los valles del NOA” basándome en una poética sustentada en el rigor científico, no habrá de generar aperturas de “ventanas” erróneas, tal como sucede con los libros de revisión histórica que “hablan” sobre el pasado ancestral de las regiones del NOA. (…) No existe una aplicación lineal para aprehender las narraciones, pues sólo es suficiente estímulo el uso de un “argumento popular,” y la significación de cada tiempo y de cada espacio. Porque huelga confirmar que en el devenir humano hemos visto cómo cada pueblo construyó su círculo cultural, y cómo llegó a expresarlo a través de la conservación de tradiciones; las que divulgadas por diferentes generaciones, se expandieron bajo el manto de una “Pachamama global”. (Argentina y las colectividades que contiene, son un claro ejemplo de esa afirmación)

Considero entonces, que la inhibición que portamos necesita de escritores que poeticen la historia (me considero uno de ellos) para tener presente al lector – fundamentalmente – ya que sólo así se establecerán los lazos que nos conectan con éstos; nutridos (ambos) de las experiencias vividas, y del acento que determina la consolidación de una “forma de vida”… Como sucedió en la época primitiva, cuando Historia y Poesía estuvieron identificadas a través de los cantares. (…) Al discurrirme como “Poeta de la investigación”, testifico que el original “descubrimiento” de la raíz socio cultural de un pueblo ya ha sucedido. Y nuestros vedados “ojos” no contemplan cómo, desde el margen extremo de la “atmósfera que nos contiene,” se reúnen armoniosamente la ciencia y el método, el linaje y su lenguaje, la mitología y el idioma original…[3] Ya que la poética, fuera de que tiene todo lo que la epopeya (pues admite igualmente el metro) y, además de eso, tiene una parte propia suya bien considerable: la música y la perspectiva, por cuyo medio los sentidos evidentísimamente perciben los deleites.  Añádese que pone las cosas delante de los ojos no sólo por la lectura, sino también por la representación de los hechos. [4] Y si la poética comprende a la epopeya, desgarrada en la representación de los hechos; del mismo modo corrobora estupefacta que las culturas nativas transitaron una estela de comprobada proeza – desterradas de su terruño – extinguiéndose ante la soberbia del hombre europeizado; el mismo que negara sistemáticamente las gestas de Paxsipas, de Anquincruz, de Chumay, de Calchaquí (¿Chumba?) de Coronilla, de Chelemín, de Cativa, de Calsapy, de Aballay, de Encaipa, de Jotayán, de Chanampa, de Sigampa, de Silpitucla,[5] y de tantos otros que a su turno comandaron a los guerreros Cacá (Pulares, Calchaquíes o Diaguitas, etc.) enarbolando las banderas de la “Contenida Independencia”, distantes en el tiempo pero no de la poética, de las epopeyas de Belgrano y San Martín.

Consiguientemente, ellos fueron los héroes; y aunque nuestra historia asegura desconocerlos, nada impide que haga la luz sobre sus nombres, máxime al saber que… en el siglo XIX se quitaron de la máxima canción patria los versos que aluden a los Incas – para congratular a los españoles – Acción que influyó en la lógica mercantilista que organizara las invasiones exterminadoras de la Triple Alianza, o de la Campaña del Desierto; donde Calfucurá y Sayhueque[6] vivenciaron la injusticia.

Como profesa la “Biblioteca” (o aquellos que sólo “venden” la identidad de una vedada e inexistente Nación, pergeñando mentiras) la relación entre Argentina y el NOA permanece indemne entre los paquetos y respetados nicheros, mausoleos y panteones del Cementerio de la Recoleta, en la nueva y no perdida Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Allí, en una sepultura – en realidad un ignorado enterratorio – residen los restos del hijo de Miguel Tupac Amarú y Ventura Monjarrás; a la sazón, heredero del imperio Quechua.

En efecto, Juan Bautista Tupac Amarú[7], hermano menor de José Gabriel, y quinto nieto del último Inca, pudo – debió – ser ungido como el emperador Inca Manco Cápac III, al que nuestros máximos héroes nacionales, libertadores de Chile y de Perú, adhirieron en los albores del siglo XIX.

Y este hecho, por encima de cualquier objetivación histórica, legitima la poética idea de independencia; emancipación que los hombres y mujeres de “Abya Yala” aún no han podido concretar.


[1] Dilthey, Guillermo. Ibídem.
[2] Aristóteles. “El arte poética” Edición de Espasa Calpe con prólogo de la edición de 1798 por José Goya y Muniain. Madrid, 1929. Ibídem.
[3] Bien sabido por todos, es que durante los ciento cincuenta años que duró la resistencia a la invasión española del continente de “Abya Yala” (Actual América) y en los siglos posteriores, en los que estallaron las lógicas y consecuentes revoluciones libertadoras, muchos han tratado de impulsar una concreta investigación sobre el sufrimiento que soportaron los nativos nómades o sedentarios, desnudos o vestidos, agricultores o grandes ingenieros viales. Pero poco hemos comprendido sobre el grado superlativo de evolución que mostraban sus culturas, opuestas radicalmente a la concepción de pecado que ostentaba (Ostenta) nuestra “cultura monoteísta”.
[4] Aristóteles. Ibídem.  
[5] Caciques de aldeas Cacá.
[6] Caciques nativos del Sur continental.
[7] A pesar de que “Nuevos Revisionistas Argentinos” se arrogan el “descubrimiento” de este hermano del “adalid nativo ante los invasores”, la historia expone que nació en Tungasuca, provincia de Tinta en el año 1747 (citas históricas – contrapuestas – conjeturan su nacimiento en el mes de marzo) al ser derrotado su hermano José Gabriel, Juan Bautista fue apresado y detenido en el Cusco. En el mes de abril de 1783, gracias a la ayuda de fieles adeptos de su causa, evitó la muerte a la que fuera condenado por el Visitador Jorge Escobedo – por orden de la Corona española – nuevamente detenido en el Callao – Perú – volvió a escapar – esta vez hacia España – aunque el barco fue detenido por los corsarios en Río de Janeiro, tiempo que determinó la muerte de su esposa y de algunos de sus colaboradores. En el mes de marzo de 1785 llegó a Cádiz, e inmediatamente fue detenido y recluido en el Castillo de San Sebastián, y posteriormente derivado a Ceuta, donde permaneció preso por treinta y ocho años. En 1813, el misionero agustino Marcos Durán Martel logró su libertad y en agosto de 1823 Juan Bautista viajó hacia Buenos Aires. allí mantuvo contactos con los exponentes revolucionarios, aunque el martirio al que fuera sometido lo privó de ser consagrado como nuevo Emperador Inca. La historia oficial señala que Juan Bautista Tupac Amaru falleció en Buenos Aires el día 2 de septiembre de 1827, y que fue sepultado en el Cementerio de La Recoleta. Lugar, donde ¿aún se encuentran sus restos?

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