domingo, 19 de junio de 2011

PUEBLOS ORIGINARIOS EN ARGENTINA

existencia y residencia


Por Arq. Víctor José Stilp Piccotte
Reservados todos los derechos
del libro Huaymocacasta inhibición histórica de la Argentina, tomo I - 2006 - A/E

Puedo aseverar que antes de la invasión los “Cacá” eran libres, y que luego de la llegada de los impostadores del Incario fueron obligados a contribuir con el Tahuantinsuyu, incorporando nuevos dioses o elementos cívicos, sociales y militares a su cultura. La misma que en el año 1536 fue conculcada por los adelantados de la corona ultramarina, e inducida por la concupiscencia de los españoles (En el literal sentido del pleno goce de los placeres terrenales) quienes, en el clímax de la codicia, contribuyeron para su extinción.
Lamentablemente, en los primeros años del tercer milenio después del nacimiento del hijo de Dios, en la R. Argentina sólo existen pequeños grupos nativos que conservan su lengua, cultura y tradiciones.[1] Según datos gubernamentales, 1.012.000 son los descendientes directos de los nativos amerindios, que residen en territorio de la R. Argentina. No se registran datos de la etnia Rankulche que habita en las provincias de Río Negro, La Pampa y Buenos Aires, pero si en las restantes etnias (Huarpe – Mendoza y San Juan – 400 habitantes. Tapietes – Salta – 400 habitantes. Chorote – Salta – 400 habitantes. Tehuelches – Chubut, Santa Cruz, y Tierra del Fuego – 1000 habitantes. Tonocotés – Santiago del Estero – 1000 habitantes. Chulupi – Salta – 1300 habitantes. Chane – Salta – 1500 habitantes. Guarani – Misiones – 3100 habitantes. M’bya – Misiones – 4800 habitantes. Pilaga – Formosa – 5500 habitantes. Mocoví – Santa Fe y Chaco – 8000 habitantes. Diaguito Calchaquí – Catamarca, Tucumán, Santiago del Estero y La Rioja – 10000 habitantes. Chiriguanos – Salta y Jujuy – 23000 habitantes. Toba – Chaco, Formosa, Salta, Santa Fe y Buenos Aires – 66000 habitantes. Wichi – Chaco, Salta y Formosa – 85000 habitantes. Mapuche – Neuquén, Río Negro, La Pampa, Chubut y Buenos Aires – 100000 habitantes. Colla – Jujuy y Salta – 200000 habitantes. Unificación de etnias en grandes ciudades – 500000 habitantes)[2]
En la Región donde ha sido pergeñada “Huaymocacasta”, que otrora fuera habitada por los descendientes Cacá (Colla, Diaguita y Calchaquí) únicamente se muestran los inanimados reflejos que antropólogos y arqueólogos denominan yacimientos. También la mística de sus creencias religiosas que se mantienen en el culto a la Pachamama como la señera madre del mundo ¿Tierra? (De la religión Incaica y de las preincaicas) a la cual se le rinde homenaje aún en las festividades católicas.[3]
La zona territorial donde se halla ubicada guarda diversos e importantes vestigios de los asentamientos[4] Cacá, y de la impostación Incaica que se viera interrumpida por la llegada de los españoles.[5] Esta permanencia y evolución cultural de los primitivos nativos se expresa en las manifestaciones “Cienaga” y “Aguada” (Ayampitim) que a su tiempo fueron interrumpidas por la impostación de otras culturas. (Aimara por ejemplo)
Queda claro, entonces, que en el transcurso de un milenio (desde el año 400 al 1400 A/C) los habitantes de los valles andinos o asentamientos protoCacá, se constituyeron en los “señores” del noroeste de la actual Argentina.[7] Y a partir del año 1430, la influencia Quechua y Aimara se manifestó en la elaboración de sus armas, herramientas, y especialmente en los adornos corporales de oro, plata y cobre. [8]
Su lengua principal o “Cacá”, o variable dialectal original, fue absorbida por el Quechua, y su cosmología se adaptó a la mitología heredada, conservando la creencia en la “elevación” (Tránsito) hacia otra vida…[10] Realidad que certifican los enterratorios hallados,[11] con muertos soterrados con armas, alimentos y adornos.[12]  
La población fue estimada por primera vez en el año 1555[13]La ciudad de Santiago constaba de quinientas familias de españoles; en su jurisdicción vivían ochenta mil guerreros, que hablaban diversos idiomas, y considerable número de niños y mujeres, todos inscritos en el libro del censo por los fundadores; muchos habían perecido por varios accidentes, plaga de América; pero aún quedaban muchísimos que habrían carecido de sacerdotes si el obispo no llamase en su auxilio á los Padres de la Compañía. Estos acudieron gustosos á trabajar en tan abundante mies de almas, sintiéndose con fuerzas bastantes para tamaña empresa.[14]
Los datos conseguidos “igualan” a la población censada, con los pares que residían en el territorio de la actual ciudad trasandina de La Serena; por lo cual es lógico suponer, que si en dicha gobernación se concentraban más de cien mil nativos[15], en éstos Valles la población resultaba igual o superior a esa cifra…[16] En el año 1577 los adelantados españoles estimaban que en todo el territorio del NOA, convivían doscientos setenta mil habitantes en diferentes pueblos.[17] Hecho que fundamenta la importancia del Valle, gestada en la necesidad de los españoles asentados en Santiago de Chile, empecinados en refundar la ciudad de Londres de la Nueva Inglaterra para incorporar los beneficios minerales. 
El fundador de la ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja, cita que… Sin tomar en cuenta la poblacion nativa de otros asentamientos, en el año 1591 La ciudad de La Rioja estaba habitada por veinte mil nativos, Córdoba del Tucumán doce mil; Santiago del Estero, ocho mil; Talavera de la Reyna, cinco mil; Madrid de las Juntas, mil quinientos; Salta, cinco mil; y Jujuy, tres mil…[18]
Luego, un silencio de ciento cincuenta años cubrió las acciones y los hechos de la aún ignorada Patria del Plata. Al momento de la independencia (Año 1816) los signos de la cultura Cacá[19] sólo se descubrían por los apellidos y topónimos nativos, a tal punto que la decisión de dar a conocer el Acta de la Declaración de la Independencia en tres idiomas castellano, Quechua y Aimara sepultó los siglos evolutivos de los pueblos originarios del NOA… Basta observar con detenimiento el mapa dado por el INDEC en el año 2001, donde se muestran los bolsones de actuales asentamientos nativos, para darse cuenta del vacío que exhibe el centro oeste de la Patria chica (Porque la verdadera Patria es el Tahuantinsuyu) como una inequívoca muestra de la devastadora acción de los españoles.
Al reflejarse este abrupto olvido de la cultura Cacá, resulta irrebatible el fracaso de la investigación histórica que sólo se basa en Actas y Documentos. [20] Ya que su decepción hace indiscutible la dogmatización en el compromiso de aquellos que “creemos interpretar” la verdadera historia… “Corroborando los hechos a pesar de la falta de escritos que otorguen la certeza científica necesaria”. Ya que según el dogma… “El hombre argentino debe tener como uno de sus derechos fundamentales, el reconocimiento y goce espiritual de sus raíces, basadas en una historia y circunstancia singular que forman hoy, su identidad regional y nacional”.[21]
Singularmente, ello me permite asir los vocablos Cacá que aún se pronuncian en el NOA. Lo hago no por snobismo, sino porque estoy convencido – muy a pesar de historiadores o lingüistas que la niegan – de que conforman el único testimonio vivo de la evolución alcanzada por la cultura que habitó estos territorios, y que persiste en su idílica lucha conceptual y generacional ajena al devenir de los tiempos, de los espacios, y fundamentalmente de los hombres… Se estima que todas las personas que hablan idiomas amerindios en la República Argentina son bilingües, pero no se dispone de datos precisos, ya que los relevamientos oficiales omiten cualquier referencia a la diversidad lingüística que exponen los descendientes de los antiguos dueños de éstas tierras. [22]
Sé que en los comienzos del tercer milenio, la “biblioteca” divide sus opiniones y conjeturas sobre la existencia de un tipo lingüístico común en la cultura Cacá. Particularmente estoy convencido de que su consecuencia es más realidad que conjetura. (Los Cronistas verifican tal afirmación) aunque continuará siendo una incógnita el uso o forma de pronunciación y su escritura. Por lo tanto, y dado que los “históricos trabajos literarios del Jesuita Barzana”[23] resultan inhallables, es tarea harto difícil comprender su reconstrucción gramatical y léxica; aunque se sepa el área donde se hablaba. Resulta entonces, trascendente e importante la recuperación del vocabulario que utilizan en la actualidad los habitantes de los pueblos, puesto que conservan, y cobijan como “muestras vivientes”, vocablos que integraron aquel famoso diccionario de voces nativas editado en la misión del pueblo de Luli… en la Casa de la Compañía de Jesús de la provincia de Chucuyto, en la imprenta del Sr. Francisco del Canto.[24]
Otro libro prueba el esfuerzo asombroso de aquellas mentalidades, es un diccionario (…) al formar un vocabulario de voces indígenas de un lugar en el cual no se ha nacido, cuya lengua se ignora y hay que estudiar a fondo (…) este libro forma un volumen (…) impreso en tablas, porque en esa época no existían caracteres sueltos de imprenta (…) fue impreso en una ciudad de la cual no quedan siquiera rastros geográficos que marquen su asiento, cubierto de selvas exuberantes.[25]



[1] Rosemblat, A. dice que “El territorio actual de la Argentina habría tenido en 1570 unos 300.000 indígenas. El 90% residía en el Tucumán, y la parte restante en el Litoral y en Cuyo. Sin tener en cuenta, la ligereza en el levantamiento de padrones, fugas, migraciones, ocultamiento de indios; el cálculo de la disminución indígena, en las ciudades de la Gobernación del Tucumán, según los documentos existentes, sería de un 20% entre 1582 y 1596, y de un 43% entre 1596 y 1607. Lo que determina una declinación de la población indígena, en un 57% en veinte años. Hacia 1650 la declinación es aún mayor, a pesar de la inyección de fuerza productiva capturada en la guerra de 1630-1636. En los diez años que van del 1657 al 1667 se producen nuevas y grandes capturas de pueblos enteros de los valles, pero a fines del siglo XVII, apenas tres décadas después, en el distrito de San Miguel, los ayllus indígenas están prácticamente acabados, y de algunas tribus quedaban de tres a cuatro indios en servicio.” 
[3] Religión impuesta por la dominación española.
[4] Considerando que dicho lugar constituyó un establecimiento militar y reducción de indígenas (...) fundado en 1632 por el General Don Jerónimo Luis de Cabrera y Garay (Nieto del fundador de Córdoba) en oportunidad del alzamiento Calchaquí; y que existen en el mismo, restos de construcciones ejecutadas con materiales de época y cuya antigüedad puede datar del siglo XVI, así como también otros vestigios cubiertos por los médanos (cultura aborigen) que revisten indudable valor arqueológico; y que esos restos, por su tipología, pertenecen (sigue)  el Presidente de la Nación Argentina Decreta: Declarase monumento histórico al yacimiento histórico - arqueológico conocido como Fuerte del Pantano, ubicado en la zona fronteriza de las provincias de La Rioja y Catamarca (sigue) – Texto parcial del decreto del Ministerio de Educación y Justicia de la República Argentina N° 5175 dado en Buenos Aires en diciembre de 1966.
[5] Al respecto los asentamientos nativos se ubican sobre las márgenes del llamado río Aimogasta, y en las márgenes del Pucamayo. Además, existen otras zonas de asentamiento nativo, tales como el sector ocupado por la Fabrica Yovilar S.A. el sector ocupado por las manzanas adyacentes a la plaza hacia el este, el sector ocupado por la Usina de Edelar, el sector ocupado por las viviendas de barrio Talacán, el sector inmediato a la zona denominada “La Gota”, etc.
[6] No hay acuerdo al respecto.
[7] Los Aborígenes habitantes de la actual provincia de La Rioja, lo hicieron entre los paralelos 28 y 22
[8] El siguiente, es un fragmento del extenso vocabulario que con el nombre de “Toponimia Riojana” fue confeccionado por Dardo de la Vega Díaz, y que sirve como complemento de los datos anteriores. Ja (Jasi): peña/roca. Guasa: también Huasa: de atrás. Pirgua: también Pirhua: trozo de pichana retorcida y trenzada. Tua: grande. Yaco: aguada. Uturunco: tigre malo. Huall: también Hual (Aféresis en Ai) vuelta o de la vuelta. Cunya: también Cuña: apurada. Tala: árbol conocido. Paya: blanquecino/albino. Aya: cosa fenecida o que ha dejado de ser. Na: partícula final de derivados verbales que dice: Cosa para/Lugar para. Maca: también Macca: dar golpes/pegar. Aman: transformación de An-An: altos. Cica: Chicha. Vil: pueblo. (Acoto que es un alomorfo Cacá) Masa: tender al sol Upi: del verbo Upipay: beber. Ango: también Anco: aguada en alto. Udpina: también Urpila: paloma chica o tórtola.
[9] Izq. Croquis Interpretación.
[10] En las tumbas se encontraron ajuares y objetos personales del difunto.
[11] En la ciudad de Aimogasta, es un secreto a voces que al ser ampliada una importante Industria Olivícola se expuso a la luz un enterratorio diaguita (Se ignora el destino de las urnas funerarias encontradas y de los restos humanos)
[12] A mitad del camino de tierra que une las ciudades de Anillaco y Aminga, en el departamento Castro Barros (Vecino a la ciudad de Aimogasta) hacia el oeste, se encuentran dos enterratorios aborígenes que corroboran lo citado.
[13] Por los expedicionarios del enviado Pedro de Valdivia al Valle de Arauco
[14] Del Techo, Nicolás. Ibídem. (Obra detallada en Anexo II, Tomo V)
[15] Resistencia que debió enfrentar Francisco de Aguirre, y exterminar – según los documentos oficiales – setenta mil a efectos de “pacificar” la región.
[16] Tomando en cuenta la zona de Catamarca y las regiones ubicadas al este de la Sierra de Velasco y en total acuerdo con Ramírez de Velasco en sus cartas al Rey.
[17] Según www.indígenas.bioética.org eran 200.000 los nativos amerindios en el NOA.
[18] Ramírez de Velasco, J. Según Levillier, R. Ibídem. (Obra detallada en Anexo II, Tomo V)
[19] Los españoles al derrotarlos los obligaron al mestizaje, es decir, violaron a sus mujeres, y obligaron a sus hombres a largas jornadas de trabajo en la minería (Qamayoq)
[20] Pues contiene una “falla” en las placas que subducen al tiempo y al espacio.
[21] Moreno, Carlos. “La comunicación de la cultura y su patrimonio”. Ibídem. (Obra detallada en Anexo II, Tomo V)
[22] El Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) estimaba en el censo de 1964 que en la Argentina vivían 850.000 aborígenes. Con 14 pueblos indígenas reconocidos: Mapuche: Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Los Toldos (Pcia. de Bs.As.) Kolla: norte de Jujuy y de Salta. Ona: una comunidad de descendientes en Tierra del Fuego. Huarpe: centro sur de San Juan y centro norte de Mendoza. Diaguita calchaquí: suroeste de Salta, nordeste de Catamarca y Amaicha del Valle (Tucumán) Avá guaraní: centro de Salta. Wichi: norte de Salta, Formosa y Salta Chorote: norte de Salta. Chané: norte de Salta. Tapieté: nordeste de Salta. Chulupí: norte de Salta. Pilagá: Formosa. Mocoví: suroeste de Chaco y norte de Santa Fe y norte de Salta. Toba: Chaco, norte y este de Santa Fe y norte de Salta.
[23] Al que algunos historiadores contemporáneos llaman “Fabulador”. (Seguramente habrán viajado – retrocedido – en el tiempo para corroborarlo)
[24] Escrito que no he cotejado, por cierto. Aunque Vicente Gay lo cita en su libro del año 1924.
[25] Gay, Vicente. Ibídem. (Obra detallada en Anexo II, Tomo V)

No hay comentarios:

Familia Stilp

Familia Stilp
Maria Laura, Victor Jose, Maria Ines, Laura Ines, y German

FAMILIA

FAMILIA
Maria Laura, Maria Ines, German

Nacho y Jose

Nacho y Jose

Josefina y Abuela Laura

Josefina y Abuela Laura

Abuelos y Nacho

Abuelos y Nacho