miércoles, 20 de julio de 2011

narraciones originarias



la virgen del rosario

Peregrina del Valle



Por el Arq. Víctor José Stilp Piccotte©

Reservados todos los derechos

Extracto del libro ®Huaymocacasta, inhibición histórica de la Argentina Tomo IV 2006




Una atisbada y desairada historia, asegura que el cinco de junio de 1578, los representantes del por entonces Cabildo de la ciudad de Esteco[1], cansados por la ausencia de vínculos religiosos en la región del Tucumán, decidieron aprovechar la visita del representante de la Orden Franciscana a la ciudad… “Como Segundo Custodio de las Custodias Unidas del Tucumán y Paraguay” Para enviar una carta al Rey de España… “Suplicando se dignara concedérselo por su pastor y prelado a este franciscano” [2] que se conocía como Fray Juan de Rivadeneira.

Dos años después, sin obtener un resultado positivo a lo solicitado, el religioso continuó su marcha hacia el noreste continental, llevando consigo el preciado documento con el pedido efectuado por los habitantes de la hoy desaparecida ciudad de Esteco.

Rivadeneira, sin embargo, deseaba asentarse en la ciudad de Asunción del Paraguay, lugar al que arribó con la misión de conseguir la cesión de un terreno para fundar el Convento de la Orden. Impedido de alcanzar su objetivo decidió acompañar al General[3] Juan de Garay que había sido autorizado por la Corona para refundar la ciudad que la historia conocería como Buenos Aires… (Con esta actitud, Rivadeneira iniciaba el camino hacia el Puerto desde donde embarcaría rumbo a España)

Como acompañante iba el padre Antonio Díaz Picón, hijo de Francisco Díaz Picón, acomodado español de la ciudad de Londres de la Nueva Inglaterra – Hoy pueblo de Londres, camino de la ciudad de Belén, provincia de Catamarca – asentamiento destruido por la resistencia Cacá, por cuyo motivo, la familia del joven religioso había sido obligada a refugiarse en Santiago la nueva, al lado del río Estero[4]. (Pasaje)

Rivadeneira conocía las intenciones que guiaban el camino evangelizador del padre Antonio, las cuales se circunscribían en cumplir el pedido inicial del cabildo de Esteco, y para ello Francisco Díaz Picón no sólo había colaborado con el apoyo a la orden Franciscana, sino también con el Teniente gobernador Diego de Villaroel[5] – 31 de mayo de 1565 – en la fundación de “San Miguel de Tucumán y Nueva Tierra de Promisión”, sobre la traza de las frustradas ciudades “El Barco I” y “Cáceres”, en una de las márgenes del “Río Pueblo Viejo”, en la falda de la montaña que se encuentra próxima a la actual ciudad de Monteros. – Tucumán – “Que llegados que fueron a la dicha ciudad de Santiago – los fugitivos de la despoblada Londres – luego se dio orden que se fuese a poblar una ciudad en las provincias de Tucumán, que llamaron la ciudad de San Miguel de Tucumán, donde asimismo el dicho Francisco Díaz Picón fue con sus armas y caballos (…) y ayudó a poblar la dicha ciudad”.[6]

Por todo lo relatado, no resulta extraño que como una mímesis de la situación vivenciada por su padre, al religioso Díaz Picón le tocara en suerte asistir junto a Fray Rivadeneira – 11 de junio de 1580 – a la refundación de la ciudad de Buenos Aires, siendo los dos únicos sacerdotes que presenciaron el antiguo asentamiento español en el Puerto del Río de la Plata.

No cabe duda alguna que esta presencia de los religiosos de la Orden, forzó al fundador (Garay) a ceder la manzana ciento treinta y dos para que los “Capuchinos”[7] levantaran en ella el Convento e Iglesia de San Francisco.

Posteriormente, junto a Alonso de Vera y Aragón, los religiosos se embarcaron hacia España en la carabela San Cristóbal de buena Esperanza – 19 de junio de 1580 – [8] “Fray Juan iba encargado de exponer al Rey todo lo que en la nueva población se necesitaba, y de la falta absoluta que había de sacerdotes.”[9]

El día 28 de septiembre la carabela arriba a San Lucas de Barrameda, y Fray Rivadeneira junto al sacerdote Díaz Picón se dirigen a Badajoz, ciudad donde estaba asentado (Afectado de influenza[10]) el Rey Felipe II… Enfermedad, grave para la época, que causó la muerte de Ana de Austria, cuarta esposa del Rey.

Una vez concedida la audiencia, y ante la “sacratísima figura”, Rivadeneira y Díaz Picón detallaron las características de los territorios del Tucumán y del Río de la Plata, refiriendo los ríos principales, las rutas posibles o reales, y las carencias que soportaban las ciudades o asentamientos establecidos por los españoles en el territorio.

Con la concesión a todos sus pedidos, los religiosos separan su recorrido, y el 22 de mayo de 1582 – noventa años después de la llegada de Colón al “Nuevo Mundo” – Rivadeneira ascendió a cubierta en la misma carabela que lo había traído desde el Puerto de los Buenos Aires, iniciando su retorno.

A cargo de la navegación se encontraba el marino Juan Pinto, y junto al Franciscano regresaba Alonso de Vera y Aragón, y dieciocho frailes de la Orden de San Francisco que tenían como meta evangelizar a los nativos de las nuevas tierras apropiadas por la Corona española… El padre Díaz Picón se había quedado en España.

En julio del mismo año, la carabela encalló en el puerto de los Reyes Magos (Bahía del Espíritu Santo) y posteriormente debieron abordar un nuevo navío, que el destino quiso fuera capturado por marinos ingleses en tierras (Actual Brasil) de la Corona portuguesa.

Rivadeneira y quienes le acompañaban permanecieron como prisioneros de los sajones hasta fines de diciembre, y en enero pudieron acceder a “Buenos Aires”.

Apenas arribaron al Puerto, los elementos conseguidos en España fueron conducidos rumbo al solar concedido por el capitán Juan de Garay, y una vez allí se dio inicio a la construcción del Convento e Iglesia de la Orden.

En los cajones citados, el Padre Rivadeneira había traído campanas de bronce, ornamentos para las capillas que había reconocido en su misión como Segundo Custodio de las Custodias Unidas del Tucumán y Paraguay, además de bastimentos, telas, herramientas, y semillas de especies europeas. De esta manera, la labor del Franciscano comenzó a propagarse por el amplio territorio dominado por los hablantes Cacá.

Por dicho motivo, cinco años más tarde del inicio de la Iglesia de San Francisco en la ciudad portuaria – 17 de junio de 1587 – el Gobernador del Tucumán, Capitán de mar y tierra Juan Ramírez de la Pesina (Piscina o Pescina) y Velasco, y Avalos y de la Calle, confío la evangelización de los pueblos nativos de la región, en la Sabiduría y Santidad del Portugués.

Inmerso en su labor evangélica, Rivadeneira afrontó la agravación de una vieja afección, enfermedad que hizo eclosión en su salud. Temeroso de un aciago final, el gobernador decidió encomendarle a Rivadeneira una hierática misión. Para ello le pidió que retornara a España, no sólo para curar su dolencia, sino con el cometido de entrevistar al Rey e informarle sobre el estado en que se encontraba la provincia, y las necesidades que la cristianización concebía.

Rivadeneira asumió con alegría la encomienda del Gobernador, ya que al saber que no sobreviviría a la enfermedad, anhelaba morir en Europa. Llegó a España en 1590 y gracias a las recomendaciones de Velasco, Felipe II en agradecimiento por su tarea ecuménica le concedió un mayor número de religiosos, y además, campanas, ornamentos, y otros objetos destinados al culto divino… Imágenes de la Virgen del Rosario.

Dispuesto todo para el regreso, su salud se agravó y debió permanecer en Madrid hasta 1592, año en el cual falleció.

El Rey, en conocimiento de la muerte de Rivadeneira y lejos de anular el envío hacia el “Nuevo Mundo” de los religiosos y elementos concedidos al notable franciscano (Constancia redactada en Sevilla y firmados por el Rey en “la Posada”, el 15 de febrero de 1591, sobre el “aviamento” del Padre Rivadeneira y los frailes que había decidido llevar al Tucumán, y, además, la orden de pago de doscientos ducados a favor del franciscano para que los emplee en cálices y otras cosas del culto divino – Éste último documento firmado por el Rey en la ciudad de Madrid, el 16 de marzo de 1591) Ordenó que todo aquello que Fray Juan había solicitado se embarcara rumbo al puerto de los Buenos Aires… “Siempre se han ofrecido dificultades que han impedido el cumplimiento, que ha sido la causa de que los religiosos se hayan desanimado muriendo en la demanda de Fran Juan de Rivadeneira que vino por ellos; y estando agora el consejo con cuidado y deseo de encaminar veynte y quatro descalzos de la Orden de San Francisco que están juntos, y para cuyo aviamento Vuestra Majestad ha mandado proveer el dinero necesario”.[11]

La misión encomendada por el Gobernador del Tucumán fue cumplida en 1594, cuando el Barco con los religiosos y cajones enviados desde España llegó al Puerto de Buenos Aires, vía Brasil.

Los religiosos permanecieron en la iglesia construida en la ciudad de Garay, pero los cajones, una vez recibidos en el Puerto fueron remitidos hacia “San Miguel de Tucumán y Nueva Tierra de Promisión”.[12]

Cuando las encomiendas llegaron, en la región del Tucumán ya no administraba su diócesis el Obispo Francisco Vitoria, tampoco era Gobernador Ramírez de Velasco, así fue que los cajones que portaban tan “preciados elementos” quedaron a disposición del nuevo gobernador Fernando de Zárate, quien antes de “descubrir lo que allí se guardaba” se vio obligado por orden del Rey Felipe II a dirigirse hacia el Río de la Plata, a efectos de defender el puerto de los Buenos Aires, del ataque pergeñado por los corsarios ingleses. 

Retirado Zárate, asume como gobernador Pedro Mercado de Peñaloza, quien establece la protección de todas las ciudades españolas, uniéndolas a fines de evitar la sublevación de los nativos Cacá.

En ese trámite se encontraba, cuando descubrió aquellos cajones remitidos por deseo de Fray Rivadeneira, y al ordenar su apertura constató que en uno de los compartimientos donde supuestamente venían cálices y otros adminículos para las capillas y oratorios de la provincia, se hallaban dos pequeñas imágenes del Rosario, como advocación de la Virgen.

Sorprendido por el hallazgo, Mercado de Peñaloza, que se distinguía como señero devoto, y defensor de la Santa Madre de Jesús, despachó inmediatamente las imágenes hacia el oratorio de “Anmahaho” ¿Pueblo, o Río Blanco o Nevado[13]?

Asentamiento nativo donde la Virgen peregrina descansó hasta el año 1605.

La devoción de los habitantes por las imágenes, hizo trascender la noticia sobre la presencia de las mismas, y sus bondades milagrosas. Por tal motivo se tomó la decisión de trasladarlas hacia lugares más poblados.

Una de ellas fue destinada al norte de la Región, y la otra imagen fue destinada al sur (Probablemente a un oratorio) pero enigmáticamente la pequeña imagen ¿recaló en la orden de los franciscanos quienes habíanse asentado en la ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja?

Pasado el tiempo, los franciscanos, que poseían diferentes imágenes de esa advocación de la Virgen, en conocimiento de las intenciones del Capitán Gaspar Alonso Doncel, que por entonces (1606) estaba empecinado en recuperar la jurisdicción de la primera Londres de la Nueva Inglaterra ubicándola en una nueva ubicación geográfica, decidieron entregársela, ya que el sitio elegido se encontraba dentro de los límites del destino original de la Virgen peregrina.

Sin embargo Doncel, en viaje de reconocimiento por los territorios ubicados al suroeste de la ciudad de San Miguel, torció la voluntad inicial e impuso la protección de la Virgen de Rosario en el caserío español que servía de asiento a las huestes del encomendero Cristóbal de Contreras (Del gobernador Ramírez de Velasco) Luego, continúo su viaje a efectos de concretar la refundación de Londres en el sitio de la actual Belén (Catamarca) y recuperar la jurisdicción que le correspondía a la mítica ciudad del Capitán Juan Pérez de Zurita.

En ese trascendental hecho, perpetuado en un acta cobijada en el Archivo de Sevilla, Doncel ¿cita? que el pueblo de “La Virgen del Rosario” [14] formaba parte de su jurisdicción.

El tiempo transcurrió y las insurrecciones nativas no ofrecieron descanso. Tal vez ello resultó determinante para que aquel primitivo Oratorio sólo pudiera sobrevivir hasta 1635 (¿1636?) momento en el cual, la imagen fue apropiada por el Capitán Pedro Ramírez de Contreras[15], quien la trasladó hacia el oratorio cercano al Fuerte elevado por orden del Teniente[16] Jerónimo Luis de Cabrera y Garay… Construcción anterior a la capilla cuyos muros sobreviven en el predio de la Escuela Agrotécnica.

Posteriormente, consolidado el Pueblo español del Pantano, la imagen de la Virgen fue trasladada hacia el mismo, a efectos de coronar el altar mayor de la capilla del nuevo asentamiento.

Más de un siglo y medio residió la pequeña escultura de la Virgen en ese mitológico lugar del árido semidesierto riojano, hasta ser rescatada del edificio de la capilla del Pueblo del Pantano (Abandonado en 1850 tras una trágica inundación) y remitida hacia el pueblo del Agua Caliente… Los datos consultados se diluyen, y son “recuperados y transportados en el espacio tiempo del mito popular”, el cual señala que la imagen de la Virgen fue cobijada por una familia del lugar.

Una descendiente de esta familia (1870 ¿?) fue la impulsora de celebrar el primero de octubre de cada año un reconocimiento a la Virgen Peregrina, acción que fue continuada por una de sus hijas, (1900 ¿?) quien a fines de habilitar un lugar para que los visitantes y peregrinos pudieran observarla y rezarle, construyó, junto a los habitantes del pueblo del Agua Caliente un Oratorio en su honor… Se conservan vestigios en lo que anteriormente fuera propiedad de la familia.[17]

A mediados del pasado siglo, esta pequeña imagen cambió de lugar (Por problemas en la estructura del Oratorio) y fue destinada a una gruta que se ubicada en la Quebrada de Villa Mazán… Abierta en tiempos inmemoriales por el cauce del río Salado o Colorado. Donde permaneció incólume[18] hasta que una de las nietas de la impulsora (1928 ¿?), tomó la decisión de cobijar la pequeña imagen en una de las habitaciones de su vivienda particular. Allí se encuentra la imagen de la Virgen del Rosario, conjeturalmente la misma que ocupara el altar de la desaparecida Capilla del Pueblo del Pantano.[19]

Respecto al nombre del “Pueblo del Agua Caliente”[20], debo decir que mudó su nombre original por el de “Termas de Santa Teresita”, tras la llegada de un sacerdote[21] quien impulsó la construcción de una Capilla en el ala norte del Hotel de aguas termales…[22] En el lugar se encuentran vestigios de lo que fuera una Hostería Termal, y de una pequeña capilla oratorio con murales de la Inmaculada Concepción y de Santa Teresa.[23]


Así sucedieron los hechos – tal como fueron hilados por los documentos consultados y las voces que relatan las tradiciones del pueblo – de cómo la pequeña imagen peregrina de la Virgen del Rosario, que llegara al Tucumán desde España por expreso pedido del Segundo Custodio de las Custodias Unidas del Tucumán y Paraguay, Fray Juan de Rivadeneira, se asentó definitivamente en el Valle de Arauco.

Idílicamente, para observar con piedad divina, las malas acciones que desplegaron aquellos hombres montados en caballos y portando armas con percutor… Las mismas que aún despliegan en el dolor, los hombres y mujeres que ignoran las voces de los que nunca fueron escuchados.
 Debo acotar, que la pequeña imagen – la biblioteca, en su debido momento, corroborará su realidad histórica – fue restaurada parcialmente, y se conserva dentro de un estuche de madera – tallada manualmente – con la corona metálica, la manta – roja – y otros adornos que se incorporaron a finales del siglo XIX.

Al observarla, y más allá del hecho científico que reconozca – o no – la historia, resulta sobrecogedor observar el perfil de su rostro, el misterioso enlace de sus ojos, y la inusual paz que certifica el contacto con sus pequeñas manos, que han otorgado a mi mente incrédula, el paradigma que alimenta la “Madre de Jesús”. Sobremanera al intentar sostener, cuatrocientos años después, la sagrada misión que le fuera encomendada por el franciscano Rivadeneira… Evangelizar a los pueblos nativos del Valle Vicioso.[24]

Esta, que acabo de narrar, es una atisbada y desairada historia iniciada el 5 de junio de 1578 por los representantes, del por entonces Cabildo de la ciudad de Esteco, y continuada por Fray Juan de Rivadeneira.

Historia, fábula, quimera, que se implantó como uno de los desconocidos mitos del Valle intermontano; Donde perdura inmersa, en la incongruente mezcla de paganismo y religiosidad que reside aún, misteriosamente, en el NOA.

Esta es la poética que circunscribe la pequeña imagen peregrina de la Virgen del Rosario, que a diferencia de la imagen que preside las alturas de la iglesia de Santo Domingo en la ciudad de Córdoba, no llegó arrastrada por las olas hacia el puerto del Callao (Perú) sino que apareció… En el compartimiento del cajón que depositaron manos españolas en la ciudad de “San Miguel de Tucumán y Nueva Tierra de Promisión” con el fin de reconciliar a nativos e invasores.

Por lógica, como siempre sucede, el Ser humano por irracional e incongruente, obligó a la santísima madre de Jesús a continuar su “peregrinar” en busca de la armonía… Una necesaria paz, que tal vez, algún día, los hombres y mujeres logren establecer definitivamente en la fabulosa alegoría de las narraciones originarias.[25]

 


[1] Mítica ciudad del NOA, desaparecida en 1692 tras sufrir los efectos de un devastador terremoto. (Conocida como la ciudad perdida)
[2] Levillier, Roberto. “Correspondencia de los cabildos”
[3] Otros lo citan como Capitán, y también como Teniente.
[4] Actual Santiago del Estero.
[5] Teniente de gobernador, al servicio de Francisco de Aguirre.
[6] Levillier, Roberto. “Papeles de gobernadores” Cita el texto de una información mandada a levantar por el gobernador Juan Ramírez de Velasco, el día 11 de noviembre de 1586, en la ciudad de Santiago del Estero.
[7] Denominación de la época, usada para designar a los miembros de la orden Franciscana.
[8] Córdoba, Antonio S. C. “El Reverendo Padre Fray Juan de Rivadeneira” Monografía editada en la Revista Archivum. T. II / C. 1. Ediciones de la Junta Eclesiástica Argentina. Imprenta Zaragoza, Editorial Huarpes, Buenos Aires, 1944.
[9] Córdoba, Antonio S. C. Ibídem. Cita a Eduardo Madero, y de su obra “Historia del Puerto de Buenos Aires” este texto.
[10] Gripe.
[11] Levillier, Roberto. “Organización de la Iglesia” T. I Consulta del Consejo al Rey, Madrid, España, mayo 13 de 1594.
[12] Ubicada sobre la traza del primitivo asentamiento de la ciudad de “El Barco”. Según testimonio del gobernador Pedro Mercado de Peñaloza. Ibídem.
[13] El Río Nevado es tributario del Río Pueblo Viejo – Tucumán – En la zona resulta común la denominación de “Río Blanco”.
[14] Levillier, Roberto, texto de una carta de Juan Ramírez de Velasco.
[15] Citado también, como Pedro de Ramírez Contreras.
[16] Es citado como Capitán, y General.
[17] Restos de la construcción, tales como vigas de quebracho y alfajías de algarrobo.
[18] La devoción popular, asegura que tras sacarla de ese lugar quedó su “Sombra” en la pared rocosa.
[19] ¿Será la imagen enviada por Fray Juan de Rivadeneira?
[20] Así lo citan diferentes documentos de la época, entre ellos el Acta de la refundación de Londres, por Gaspar Alonso Doncel, y los padrones confeccionados por visitadores y religiosos, entre ellos, el de 1795 realizado por el padre De la Colina.
[21] Las referencias recogidas en la zona, citan que éste fue el “Cura Wagner”.
[22] El propietario portaba el apellido “Maraga”.
[23] Origen del actual nombre.
[24] La historia que relato se corresponde con la narración hallada en una vieja anotación del año 1767, que permanece celosamente mezclada en un cajón del Fondo de Escribanías de la Dirección General de Archivos de la R. Argentina.
[25]  Las imágenes enviadas por Rivadeneira (Al Tucumán) al igual que las enviadas por Vitoria (para la iglesia de Santo Domingo en Córdoba) llegaron a las “nuevas tierras” tras sufrir catástrofes y numerosas dificultades en su tránsito. (Las imágenes de Vitoria fueron llevadas por las olas del pacífico en las costas de “El Callao”, Perú, en la noche del 19 de junio de 1592)

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