viernes, 1 de julio de 2011

UNA MIRADA A LA INTERPRETACIÓN

LÓGICA y razonamiento

ARQ. VÍCTOR JOSÉ STILP PICCOTTE
RESERVADOS TODOS LOS DERECHOS
DEL LIBRO HUAYMOCACASTA INHIBICIÓN HISTÓRICA DE LA ARGENTINA TOMO II


Resulta fascinante sostener que… “No habría que estudiar la lengua en si misma aislada en su fonología, semántica o sintaxis, de los mecanismos institucionales, códigos morales, situaciones económicas e históricas que lo hacen posible…”[1]

En tal sentido, si bien el “Quechua” o “Runa Simi”[2] (Que fuera impulsado desde el Tahuantinsuyu) llegó mucho tiempo antes que los invasores ultramarinos al NOA, resulta indudable que ha sido el mecanismo de comunicación para el sometimiento y traslación de divinidades, que los españoles y misioneros doctrinantes utilizaron a fines de concretar su estratégico plan de dominación (La unificación del idioma fue fundamental para el logro de cada propósito) Cuando Diego de Almagro tomó la decisión de prospectar el territorio del cacique “Tucma” o “Yucma” o “Hiucma”, y el territorio de Copayapó o Capupo[3] (Copiapó, Chile)

No estaba ausente en su derrotero la recopilación previa de información sobre los pueblos, centros de distribución productiva, accidentes geográficos; y, además, el relevamiento de los caminos que conducían a la misión conjeturada, que no eran otros que aquellos ejecutados por los pueblos andinos.[4] (Aymara, Quechua, Cacá, entre otros) Que por otra parte habían sido perfectamente refuncionalizados y adecuados por los Incas.

No se explica de otra manera el posicionamiento social, político y económico que lograron los primeros españoles en el NOA. Ya que si no hubieran conocido con qué y con quiénes se iban a enfrentar, vano hubiese significado el propósito como meta.

Ello se condice con la poética, cuando esta nos asegura que en el espacio y tiempo anterior a la llegada del desterrado Gonzalo Calvo de Barrientos (Expulsado por Pizarro de Lima) y a la invasión de Diego de Almagro, los nativos del NOA mantuvieron una fluida comunicación con el centro político y social del Cusco; cuyos habitantes, aunque tenían conocimiento de la lengua general no habían cedido espacio para que la suya desapareciera. De tal manera, la manifestada incorporación de topónimos y designaciones de personas y medios inmuebles en la lengua originaria de la cultura Cacá, es muestra plausible de la fortaleza que concatenaba una forma de vida “original”, en los valles andinos ubicados al sur del lago Titicaca.

Sabido por todos es que junto a los españoles de las primeras entradas (Diego de Almagro y Diego de Rojas) accedieron al NOA los clérigos y frailes de las órdenes religiosas del monoteísmo europeo. Y con ellos el manejo concreto de la lengua del Inca, tan práctica para los ideales españoles de dominación… “En tiempo de pocos años se sabía y usaba una lengua en más de mil y doscientas lenguas”[5]

Es tética, entonces, la aseveración que se establece sobre la transcripción al alfabeto castellano de los nombres y topónimos nativos, dado que este trabajo cultural literario fue realizado por los primeros religiosos y doctrineros, quienes además de “instruir a los invadidos”, relevaban el extenso territorio andino e inter montano, fundamentalmente en el NOA, trasladando las observaciones en anotaciones que luego cotejaban con datos “aportados por los Incas” (Según su inexperiencia y de acuerdo a lo que podían interpretar de sus interlocutores) Nadie discute en la actualidad las afirmaciones sobre la introducción de la lengua general en diferentes regiones del noroeste. (Fray Domingo de Santo Tomás la propagó con el neologismo de “quichua”) Conclusión que cierra el posible debate en el área del valle de Capayán (Espacio físico motivador de la poética de investigación) donde los religiosos debieron sostener una postura diferente a la esgrimida en “la Nueva Santiago al lado del río Estero”, ya que los pueblos nativos mantenían una organización social, política y económica evolucionada, y dominaban una extensa región a través de una lengua unificada (Idioma Cacá – kaká – que por corrupción fonética fue denominado Cacán)

Es por dicho motivo que en las “anotaciones de los cronistas y doctrineros” los nombres de un lugar (topónimos) o nombres de un linaje de curacas (apellidos) coexisten, en el idioma original y en el idioma del Cusco. 

En la obra “Huaymocacasta” investigación poética, me he explayado – en cada tomo – sobre la aseveración que antecede; pero con particular atención habré de certificar que la innumerable datación hallada en los libros y documentos, corrobora la importancia geopolítica que contuvo la toma de decisión española para invadir el NOA; dado que bien sabían los hispanos de la resistencia nativa, y de que ésta se testificaría en la conservación del idioma y sus costumbres… “Por la variedad de lenguas aborígenes y por la impericia de los evangelizadores reinaba en tal materia una peligrosa anarquía de conceptos y de nombres”[6]

En tal sentido, gráfica es la expresión del Obispo Fernando ¿Hernando?[7] de Trejo y Sanabria, en el año 1597, cuando al establecer la Constitución segunda del Primer Sínodo en el Tucumán, dice… “También habrá pocos sacerdotes que hiciesen la doctrina por no saber las lenguas naturales de estas naciones, pero encargamos y amonestamos a todos los sacerdotes doctrinantes las vayan aprendiendo.”[8]

Resultaría una disimilitud dialéctica discutir en el tercer milenio después de la muerte del hijo de Dios, sobre la elemental “ausencia” del coloquio nativo en el NOA. Mucho menos sobre la conjetura seguida por los primeros escritores para inventar un nuevo idioma sobre la base de los protolenguajes nativos. Sí, en cambio, es mi deber cotejar los nombres (obligación como investigador) que persisten en los valles del NOA (evidentes) y fundamentalmente las “voces” (discutibles) que continúan siendo utilizadas por los actuales habitantes de los pueblos originarios.

Al respecto – distante de la tesis que esboza la obra “Huaymocacasta” sobre el origen del pueblo de Aimogasta – el nombre que porta la ciudad es una muestra de ello; y creo en tal sentido, que la primigenia voz “Aymohill” o “Aymovil” trasladada al “Aymohil”[9] de los iniciales estudios religiosos, no es otra que la palabra Cacá que designaba a un lugar poblado enfatizado por una característica particular (En este caso el morfema “hill” señala un lugar específico”)

Y si los cronistas y doctrineros aseguran que el pueblo de “Aymohill” se encontraba inmerso en el Valle de “Aymocaj”, adyacente al “Valle de Paccipas” (mencionando a los Jesuitas Torres, y Lozano; quien a su vez cita el vocabulario Cacá del padre Barzana)[10] no cabe duda alguna que las partículas finales “vil” o “hill” o “hil” y “cajta”  (de “llajta”) son muestra relevante del patrimonio de dos lenguas que compartieron el espacio y el tiempo, y que fueron “acopladas” y “trasladadas” por acción de los españoles. En tal sentido, no escapa al análisis que en los escritos de los primeros relatores españoles aparezca el morfema[11] Cacá “ahaho” o “ahabo” [12] y su apócope “ao”, que designa al “pueblo”, incorrectamente confundido con la voz Cacá “vil” o “hill” o “hil” que designa al “lugar”.

Este hecho, que es proclamado por los Jesuitas y aceptado por los contemporáneos, como una “división” de áreas o dialectos en la misma cultura, reafirma la hipótesis de que el morfema “vil” o “hill” o “hil” señala un lugar específico”, y que el morfema “ahaho” o “ahabo” o “ao” señala específicamente al pueblo o aldea; siendo este último “equivalente” al morfema Quechua “llajta”, con significado equivalente.[13]

Lo mencionado, permite colegir que a pesar del significado particular, estas voces andinas fueron “interpretadas por los primeros españoles” como análogas al pueblo o aldea que habitaba “tal territorio”.[14] Al respecto, resulta trascendente considerar la siguiente frase… El Virrey del Perú, Vaca de Castro, asignó a Diego Rojas la conquista de Tucumán (…) llegó a Calchaquí y al Valle de Tucumán-ahabo.[15]

Y aunque distinguidos lingüistas contradigan esta “verdad de Perogrullo”, la realidad que habita en estos valles – a los que algunos historiadores e investigadores no han visitado, ni aprehendido – confirma mis convicciones.

No admito por lo tanto, la presunción de los cronistas que atestiguaron sobre el término “gasta” deduciendo que es voz “Tonocoté” (Lozano[16] expresa que es voz Tonocoté, aunque el espacio y tiempo evidenciados entre el Jesuita y el idioma resultaron distintos) y objeto a los que discurren sobre la variante filológica de que dicha palabra es voz “Cacá”. (Ricardo Nardi afirma que es alomorfo Cacá) Por el contrario, si como he afirmado la voz Cacá “vil” o “hill” o “hil” señala un lugar específico y localizado”, y la voz “ahaho” o “ahabo” o “ao”, es sinónimo de la Quechua “llajta”, por correspondencia (Llámese corrupción fonética) resulta innegable que todos los topónimos “escritos” por los primeros españoles (Incluidos los terminados en “vil” o “hill” o “hil”) tornaron “cristianizados” merced al afijo “llajta”, corrupto en “gajta”[17] o “gasta”; a la sazón, un vocablo inexistente en el significado castizo, que en definitiva fue el que percibieron y aprehendieron los primeros cartógrafos españoles al “tratar de reconocer y comprender” las traslaciones escritas de los sonidos guturales y nasales del Cacá. Tal como asegura uno de los primeros jesuitas… “Todos hablaban un mismo idioma Kaká, extrañamente difícil, por ser muy gutural”[18]

Esta síntesis conceptual, permite comprender cómo y porqué los relatores de las primeras entradas españolas en el NOA subrayaron los vocablos “vil” o “hill” o “hil” como análogos a “ahaho” o “ahabo” o “ao” con el significado de pueblo. Y cómo y porqué los relatores de las entradas posteriores, junto a la acción de los misioneros o doctrineros, captaron, confundieron, y escribieron los vocablos “vil” o “hill” o “hil”, y “ahaho” o “ahabo” o “ao”, que posteriormente intercambiaron con la voz Quechua “llajta”, que  significa pueblo. Y cómo y porqué los relatores ulteriores “captaron” la voz “llajta” como “cajta” o “gajta” o “gasta”. Sobre la existencia de una lengua oriunda del noroeste argentino – sin considerar la presunción, real por cierto, de que desde estos lares surgió el imperio Inca[19] existen muchas traslaciones, por ejemplo… “A las tres naciones de indios penetró en esta ocasión, a los Tonocotés, a los Diaguitas, que ambas hablan la lengua Kaká[20] (…) En el de las dos primeras era ya bien perito el padre Bárcena (Barzana) [21] y también…“El P. Bárcena se entregó á esta tarea por espacio de medio año, ayudado por el P. Añasco (…) ambos redujeron á preceptos otras del Tucumán, como son la Tonocoté, la Kaká, la paquí y la querandí (…)  compuestos en su mayor parte por el P. Bárcena.”[22]

A raíz de ello, la palabra Cacá “aymohill” fue “anotada” como “aymohil”, y su fonética fue “aymovil”. (“Vil” – Que aún se mantiene)

Esta voz originaria del Valle de Arauco (Una vez “reducido” el pueblo originario desde el valle de Abaucán hasta la actual “residencia” de Aimogasta) resultó trasladada al Quechua por acción de los oidores y/o relatores Incas quienes la incorporaron como “Aymollajta”, y luego, por tarea de los misioneros y doctrineros (especialmente Jesuitas) se redefinió como “Aymocajta”, que por correspondencia lingüística derivó en la fonética castellana “Aymogajta”, y finalmente en la conocida “Aimogasta” (El primitivo “Aymohill” resultó fusionado – aunque el pueblo originario no haya sido el mismo – en la comprensión de “Aymogasta”)

Como cita concordante recupero el nombre corrupto, a través de un documento, donde consta que… “encomienda que fue en segunda vida de los indios de los pueblos de Aymogajta y Sanagajta.”[23]

Testimonio que otorga validez a la siguiente conjetura Jesuita… “Así murió victorioso en Mocacaj, el año de 1543 este esclarecido capitán.”[24]

¿Pueblo del Cacique Encaypa?  A pesar de que los datos cotejados lo denominan “Aymohill”.[25]

Proveyendo todo ello en muestra de la diversidad lingüística (Y la diversidad de interpretación) que existió en los valles del NOA, con regiones que en un comienzo estuvieron unidas por un idioma común, y dignificadas por los mitos que certificaron la existencia. No permito la irrupción de la duda al afirmar que la impostación de lenguas andinas y ultramarinas trasladó la interrelación con los pueblos más evolucionados (Aymara primero, y Quechua después) acción que determinó la esquematización de sus jerarquías (A tal punto que los pueblos Cacá “incorporaron” la organización del Ayllu Inca) y la afiliación de una lengua “no tan ajena” pero “necesaria” a los fines de “generar nuevos espacios”.[26]

Según las investigaciones del Padre Alonso de Barzana comenzadas en 1585 y expresadas en 1595 (Que son citadas por interpósitas personas) se denominaba Kaká (Hecho corroborado por Techo, Lozano y Toic) a la lengua que se hablaba en el Valle Calchaquí, Catamarca, parte de La Rioja, Santiago del Estero y norte de San Juan… “Denominación ratificada en las cartas anuas de 1594 a 1595”[27], y por Salvador Canals Frau en el año 1946.

Lamentablemente, los “rastros” que han quedado del “idioma argentino del NOA” parvo interés despiertan para un análisis científico; y todas las teorías que se trasladen al papel, sólo sirven y/o servirán para conformar una delicada línea argumental que examina “bases” con el fin de ser fundamentada. La planificada y por cierto “consumada”, invasión española en los territorios “descubiertos” por el marino genovés, mantuvo en alto la primaria misión de “tomar” el oro, la plata, el cobre, y los metales que se “revelaran” en el NOA; y, además, permitió la impostación dialectal sobre el Cacá, en una fase de “substitución” Quechua, finalmente “inducida y sometida” por el castellano… “Inti, Quilla, Coyllorcuna, Chasca Coyllor, Choque Ylla, Huaca, Villcacuna... Manan Dioschu chaychacunaca, Diospa camascallanmi, rurascallanmi. Cay Capac Diosmi, hanac pachacta, cay pachacta, llapa ymaymana, haycaymana, hanacpachapi cay pachapi cactahuampas, runap allinimpac camarcan".[28]"Runacunap animancunaca manan llamacuna hinachu, ucuncunahuan huañuncu, viñaypaccac, viñaypac mana huañucmi". "Diosman sonco canqui, tucuy yma haycacta yallispa: puna maciyquitari quiquiyquicta hina munanqui".[29]



[1] Landsman, Manuel Enrique. Primer premio Concurso Anual a la Producción Académica. Universidad Nacional de Santiago del Estero. Facultad de Humanidades, Ciencias Sociales y de la Salud. 00/11/1998.
[2] Lengua que habla la gente.
[3] Levillier, Roberto. “Descubrimiento y población del norte argentino por españoles del Perú” Desde la entrada al Tucumán hasta la fundación de Santiago del Estero – 1543/1553. XP1490 BMUNC Editorial Espasa Calpe, Buenos Aires, 1943.
[4] Existe en mí el convencimiento de que los Incas habían relevado los pueblos ubicados al sur del lago Titicaca, y conocían los nombres, datos socio políticos, y productivos de los mismos. (Los que posteriormente, fueron apropiados por los españoles)
[5] De la Vega, Garcilaso. Ibídem. (Obra detallada en Anexo II)
[6] Landsman cita a R. Rojas, sobre la situación en la región en los años 1582, y 1583.
[7] Algunos historiadores e investigadores así lo hacen constar.
[8] Gordillo, Ángel M. “Obispos del Tucumán y Salta” Artículo de Revista Eclesiástica del Arzobispado de Buenos Aires, T. VI. Buenos Aires, 1906.
[9] Lozano, Pedro. Ibídem. (Obra detallada en Anexo II) “Es el primero en citarla de esa manera”.
[10] Barzana, Alonso de. (Se lo cita como Alonso de Burzana, Alonso de Bárcena, y también como Alonso Bárcena) Nació en Baeza, Andalucía, España, en el año 1528. en el año 1565 se hizo Jesuita y embarcó hacia el nuevo mundo. En el año 1577 es miembro fundador de la misión de Juli o Luli. El superior Atienza, provincial de la orden de Loyola lo destina hacia el Tucumanahaho, donde luego de cumplir su labor como doctrinante e inquisidor, se asienta en los valles de la jurisdicción de Londres de la Nueva Inglaterra y se dirige hacia el Gran Chaco. Barzana dominaba en forma perfecta once lenguas nativas, y escribió catecismos en todas ellas. El único de sus escritos que he podido cotejar, una “carta del 8 de septiembre del año 1594, destinada al padre Juan Sebastián – Apendix 30 III” figura en el libro “Antiguos jesuitas del Perú” editado en Lima en el año 1882 por Saldamandando, con detalles sobre aspectos etnográficos y lingüísticos del Tucumán. y en el libro del año 1885 (Madrid) “Relaciones geográficas de Indias”. Cito, como observación, en el libro “The literature of american aboriginal indians confessionis” de Ludewig, editado en Londres en el año 1858, se cita un trabajo del padre Alonso de Barzana con el título “Lexica et preacepta gramática, item liberconfessionis et precum in quinque indorum linguis” que no he podido leer, aunque el libro existe, y posiblemente la gramática trate de los manuscritos, hasta ahora inhallables, del jesuita. (He tomado el título de la Enciclopedia Católica en la red, traducción del padre José Demetrio Jiménez. www.enciclopediacatolica.com quien a su vez, cita a Southwell de la Biblioteca Societatis Jesú, Roma, del año 1676) El padre jesuita Alonso de Barzana falleció en Cusco, el día 15 de enero del año 1598.
[11] Nombre que se le da al elemento o palabra que, como los sufijos, desinencias, pronombres, artículos, etc. expresa la relación entre las ideas o semantemas.
[12] En relación al vocablo “ahaho” o “ao” debo acotar que diferentes autores, eliminan de la pronunciación final la segunda letra “h” e incorporan en su lugar la letra “b”, determinando el morfema “ahabo” con la misma significación.
[13] Por asentamiento.
[14] Variable geográfica de la misma cultura.
[15] Audibert, Alejandro. “Los límites de la antigua provincia del Paraguay” Biblioteca Virtual del Paraguay.
[16] Lozano, Pedro. Ibídem. (Obra detallada en Anexo II) Nació en Madrid, en el año 1697, en 1714 viajó con destino a las misiones jesuitas del Paraguay. Estudió en el Colegio Máximo de Córdoba. Casa de estudios donde llegó a ser profesor de filosofía y teología. Falleció en Humahuaca, en 1752, sus restos están sepultados en la iglesia de San Antonio de Padua, en el pequeño pueblo de Uquía. Jujuy.
[17] Dirección General de Archivos. Archivo Histórico de Córdoba.  “en un manuscrito del siglo XVI figura el nombre del actual pueblo de Aimogasta, escrito como Aymogajta” Ibídem. (Obra detallada en Anexo II)
[18] Lozano, Pedro. Ibídem. (Obra detallada en Anexo II)
[19] Sugiero leer el pie de página, Alberto Mario Salas, en el libro “Del Señorío de los Incas” de P. de Cieza de León, Ed. Arg. Solar, pág. 41, 04 de diciembre de 1943.
[20] Barrasa, J. “Historia del Perú” www.cervantesvirtual.com “Siendo tan grande la voluntad y cuidado de los padres en aprender la lengua, era muy natural, que tanto para ayudarse a sí mismos como a los demás, pensasen en la traducción de la doctrina cristiana en las diversas lenguas que tenían que aprender. Este fue en efecto uno de sus primeros cuidados; pues con esta traducción en la mano, aun los que no sabían todavía bien la lengua podían ejercitar con provecho el sagrado ministerio. Para este fin convinieron entre sí los padres más experimentados y cada cual propuso la versión que más acabada y satisfactoria le parecía, y de esta manera poco a poco se fueron formando el catecismo breve y el mayor. Los que tuvieron más parte en la redacción definitiva de los catecismos fueron el padre Alonso de Barzana con sus compañeros del colegio del Cuzco, los padres Bartolomé de Santiago y Blas de Valera, por vivir en comunicación continua y permanente con los indios. Los catecismos contenían las tres lenguas, castellana, quichua y aymará, según refiere el padre Juan de Atienza”. El editor Antonio Ricardo de Lima, publicó un libro en 1586 denominado “Arte y Vocabulario en la lengua general del Perú” cuyo autor es anónimo.
[21] Lozano, Pedro. Ibídem. (Obra detallada en Anexo II)
[22] Del Techo, Nicolás. Ibídem. (Obra detallada en Anexo II)
[23] Dirección General de Archivos, Archivo Histórico de Córdoba. Expediente 111 del año 1687 firmado por Don José Carrizo, sin firma de escribano, sello segundo seis reales años de mil seiscientos y sententa y dos y sententa y tres. Ibídem. (Obra detallada en Anexo II)
[24] Lozano, Pedro. Ibídem. (Obra det. en Anexo II) Sobre la muerte de D. de Rojas.
[25] En www.sde.gov.ar se realiza un pormenorizado análisis del derrotero de Diego de Almagro, citando a investigadores e historiadores (D. Bravo entre otros) en tal sentido, resulta válido afirmar que el tenor de la historia vertida en la página parece desconocer la existencia de la ciudadela Inca del Shincal, y la importancia geopolítica de los pueblos ubicados en el Valle de Capayán, sur del Tucumanahaho. Las referencias datadas en la página oficial santiagueña sobre la existencia del idioma Cacá son diferentes a las que he consultado, y concurren, como las paralelas, a unirse en el infinito. Por último, cuando se expresa “Posiblemente a mediados de enero de 1544, Rojas fue herido por una flecha con ponzoña y muere en un pueblo de la provincia de Salabina. Según Bravo (1956a: 50) Maquijata sería el lugar donde murió Rojas; si bien Bravo no menciona de dónde toma esta información, creemos que la obtuvo del P.Lozano quien relata este episodio dos siglos después” se ignora que Lozano cita a Mocacaj, y que éste era valle del Tucumanahaho. (Adhiero a la postura de Bravo, sobre la introducción del quechua en Santiago del Estero post españoles. Los Incas nunca se asentaron o penetraron en lugares boscosos)
[26] “Exportación” de la producción local y del “trueque” de alimentos y conocimientos.
[27] Biblioteca de la Real Academia de Historia de Madrid. Bib. del Gesú, en Roma.
[28] El sol, la luna, estrellas, lucero, rayo, huaca, ídolo, cerro... no son Dios, más son hechura de Dios, que hizo el cielo, la tierra, y además todas las cosas, para el bien del hombre. Las ánimas de los hombres no mueren con los cuerpos como las llamas, sino que son inmortales y nunca se acaban.
[29] Porras Barrenechea, Raúl. De la obra literaria sobre “Fray Diego González Holguín”. Se extractaron las frases en quechua y su significado en castellano… Ama a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo

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