domingo, 14 de agosto de 2011


sobre un doctrinero

Una historia en el camino real[1]

por el Arq. Víctor José Stilp Piccotte
Reservados todos los derechos
del Libro Huaymocacasta, inhibición histórica de la Argentina Tomo III

Celda de Francisco Solano en La Rioja (Argentina)
Francisco Solano, que había nacido el 10 de marzo de 1549, accedió a los territorios de la gobernación del Tucumán de la Nueva Andalucía, desde la ciudad de Lima en 1590.

Si bien en un comienzo había ingresado a la orden de Loyola, Llegó a las tierras de Abya Yala como discípulo del Santo de Asís, acompañado por el Fraile franciscano Baltasar Navarro.

En el extenso espacio Cacá sólo existían algunas ciudades españolas, despobladas en su mayoría (Santiago del Estero, Córdoba de la Nueva Andalucía, San Miguel del Tucumán, Londres de la Nueva Inglaterra, Nuestra Señora de Talavera del Esteco y Salta en el Valle de Lerma. Un año después se ¿re? fundaría la ciudad de “Todos los Santos de la Nueva Rioja”)

El gobierno de Velasco tuvo la ventura de haberlo edificado con sus ejemplos y su predicación un varón tan singular como San Francisco Solano. A la frente de una tropa de religiosos de su orden que lo acompañaron desde el Perú, sembró por todas partes el grano de la palabra evangélica, y la hizo fructificar por sus obras y sus milagros. Un gran número de infieles se rindieron á sus eficaces persuasiones principalmente en los pueblos de la Magdalena y Socotonia, donde ejerció con celo inimitable el penoso oficio de doctrinero.[2]

Para poder entenderse con los nativos, el franciscano Solano debió someterse al estudio de las lenguas existentes, dado que las palabras de éstos, diferenciadas del idioma general, resultaban incomprensibles para los invasores, generando el consecuente problema de interrupción en el proceso de catequización…

En 1590, en el convento de Talavera de Esteco, se encarga el padre Solano de una doctrina de indios, en la que se abarcaban varias poblaciones indígenas, como Cocosori y Socotonio. Su primer prodigio como misionero fue la rapidez con que se introdujo en aquel laberíntico mundo de idiomas diversos. Ayudado por el capitán Andrés García de Valdés, en quince días hablaba el toconoté.[3]

En poco tiempo, Solano comenzó a dialogar en forma normal con los habitantes del lugar, y dada la rápida asimilación dialectal, su figura comenzó a ser tomada como la de un “hechicero” por los nativos. Un religioso compañero de Solano, llamado Juan de Castilla, relata en sus escritos que era realmente misteriosa la forma en que el “franciscano” había aprendido la lengua natural; y que, además, era particular y sorprendente la forma en que se aplicaba los correctivos corporales, y los ayunos que realizaba para purificar su cuerpo y espíritu…

Francisco Solano hizo resonar su voz por estas partes con todo aquel buen éxito que suele ser el fruto de aquella encantadora gracia que acompaña la santidad.[4]

Estos actos fueron comprobados durante la estadía de Solano en la ciudad de Talavera del Esteco, donde el azote fue protagonista de una vida de purificación y santidad. En relación con el Valle de Aymocaj, la historia corrobora que el franciscano visitó el valle de Arauco, y particularmente la ciudad del Pantano, donde cohabitó con los nativos y españoles…

Viajando en funciones de teniente del Gobernador, con el padre Solano y una importante comitiva de españoles e indios, vinieron a encontrarse en peligro grave por la sed.

El fraile dijo…

Señor capitán, caven aquí. Al punto lo puso por obra. Cavó en la parte y lugar que el padre Francisco había señalado. Y salió un golpe de agua con la cual bebieron todos los que se hallaron presentes, y las cabalgaduras y animales que traían.[5]

Su continuo peregrinar le llevó a observar el desarrollo de las plantas de Castilla que habían plantado los Franciscanos cuarenta años antes, comprobando el excelente porte de algunos frutales, especialmente los olivares del valle de Londres que brindaban aceite como combustible para las lámparas de noche…

El padre Solano se dedicó, en los años 1592-1595, a visitar los centros franciscanos de su jurisdicción. Desde luego no era un custodio que desempeñara su oficio al modo ordinario.[6]

Esperanzado en profundizar su tarea evangelizadora en la amplia región que se abría ante sus azorados ojos, el franciscano prosiguió su camino rumbo a la ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja. Iba junto a él, el religioso de origen lusitano Manuel Núñez Magro de Almeyda[7], y es éste quien relata…

Una vez me confió con toda humildad, aunque yo soy custodio, no siento en mí las partes que se requieren para serlo. Y así, no uso de ello, ocúpome por estos montes en la conversión de estos indios.

Luego de pernoctar unos días en la zona, partió con destino a la ciudad fundada por Ramírez de Velasco…

Los indios, por su parte, sentían por el padre Francisco, que les trataba en su lengua y con tanta bondad y alegría, verdadera fascinación.

Respecto de sus obras misteriosas, válido es el relato del Capitán Andrés García Valdés, cuando rumbo a la ciudad de Córdoba (a pie Solano y a caballo Valdés)…

les salió un toro bravo, desmandado - el ganado cimarrón abundaba entonces en la zona - El capitán picó espuelas y salió al galope de su montura, pero cuando se acordó de su fraile compañero y regresó hacia él, vio con asombro que el toro estaba lamiendo las manos del siervo de Dios, que se las tenía puestas en la testuz y hocico… habiendo estado así un poco vio que el padre le había dado a besar la manga de su hábito, y que, echándole la bendición, el toro, como si fuera de razón, con mucha mansedumbre, se volvió al monte de donde había salido.[8]

Otro hecho que se vincula de forma particular con los mitos del Valle de Arauco, y que pertenece a la vida de Francisco Solano, sucedió el jueves santo del año 1593, en ese entonces la ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja, se vio invadida por varios caciques Cacá con sus guerreros[9] (45 caciques asegura la historia) decididos a atacar a los españoles asentados en la novel ciudad. Solano hizo su aparición tocando su rabel (primitivo instrumento anterior al violín) y cantando salmos como si nada grave sucediese. Concluyó sus cantos e inmediatamente improviso un sermón en una lengua extraña (El Fraile Juan Núñez asegura que no sabía que lengua era porque todos la entendían, así españoles como indios) y cuando concluyó, comenzó a flagelarse mientras gritaba que...

“En noche como aquella de jueves santo habían azotado y muerto a nuestro Señor por nuestros pecados”

La consecuencia fue gratificante para todos, ya que los nativos pidieron en forma masiva que se les bautizara y con lágrimas se quitaron las vestimentas para castigarse, tal como lo había hecho el franciscano[10]

Aquel jueves Santo de 1593, en La Rioja, se habían juntado cuarenta y cinco caciques paganos con su gente, y el pequeño grupo hispano estaba ya temiendo lo peor. Y el dicho padre fray Francisco Solano andaba con tanta alegría y devoción, como sargento del cielo entre los indios, quitándoles los azotes y diciéndoles mil cosas, toda la noche sin descansar, predicándoles y enseñándoles. Nueve mil de aquellos indios habría de recibir más tarde el bautismo.[11]

Dado que la forma de vida nativa difería sustancialmente de las condiciones “éticas y morales” de los españoles, resultaba harto riesgosa, fundamentalmente para los clérigos, la cercana presencia de las mujeres que se presentaban en la mayoría de las veces desnudas[12] ante ellos. Al respecto y según la crónica histórica eclesiástica, Fray Diego de Córdoba y Salinas, uno de las compañeros del franciscano, asegura que cuando Solano era doctrinante en la provincia del Tucumán…

ordenó que, desde trecho de a cien pasos de su celdilla pobre donde se recogía, no pudiese pasar alguna india, ni llegase a hablarle, si no fuese en la iglesia, para confesarse o cosa necesaria; y si alguna pasaba la señalación, la hacía castigar con los fiscales de la doctrina, y con esta tregua se aseguraba de las astucias del enemigo.[13]

Otro hecho documentado sucedió en la ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja, cuando se presentó a la mesa de un importante encomendero de la zona. Ocurrió mientras oraba antes de la comida, cuando comenzaron a sangrar sus manos. Fue entonces cuando Solano se levantó presuroso y huyendo de la casa, gritaba…

“Que nunca se sentaría con un hombre que acumulaba riqueza con el sudor y la sangre de los débiles y humildes”

Los Cronistas citan otra anécdota, asegurando que una zona próxima a Santiago del Estero (Río Hondo) se abatió una nube de langosta, y que los habitantes dada la presencia del franciscano, le rogaron que las echase del lugar. Solano les dijo a las langostas que él, en nombre de Dios, ordenaba que no abrieran las bocas para comer el trigo, y de rodillas en el suelo, les gritó que se marcharan hacia las montañas, donde habitaban los infieles que no conocen la fe de Cristo, y que comieran lo que allí había.[14]

En el año 1595 (noviembre) fue llamado por el Virrey de Perú para que desarrollase tareas de evangelización en Lima. Durante su permanencia en la ciudad fundada por Pizarro, se relacionó con el laico Diego de Astorga, y recibió visitas periódicas del encomendero tucumano Juan Fernández, y del licenciado Gabriel Solano de Figueroa. Entre los años 1600 y 1602, desempeñó tareas como ayudante de secretario para el nuevo provincial del Perú, el sacerdote Francisco de Otálora, aunque bien sabía éste último, Solano renegaba de ese trabajo, y por dicha causa decidió enviarlo hacia Trujillo, un convento que había sido fundado en las primeras épocas de los españoles. (Año de 1530) Tenía por entonces Solano cincuenta y tres años. En diciembre del año 1605, según narraciones de Fray Diego de Ocaña, un monje jerónimo que ocasionalmente pasaba sus días en la ciudad de  Lima, que en la Pascua de Navidad del año 1605 viendo que el mar había escapado de la costa anegando el pueblo y puerto de Arica, escuchó a un fraile franciscano, descalzo en la plaza afirmar que…

temiesen semejante daño como aquél y que según eran muchos los pecados de esta ciudad que les podría venir semejante castigo aquella noche, antes de llegar el día.

Luego de cumplir sesenta años de edad, Francisco Solano se encontraba en extremo débil, y así lo expresa el médico que lo controla…

con una flaqueza por esencia en los pulsos y en todo el ámbito del cuerpo, que con los muchos ayunos, mala cama y abstinencia grande que tenía, aun en salud estaba hecho un esqueleto, cuanto más en la enfermedad. El día 12 de julio del año 1610, los hermanos de la Orden le proveyeron el viático, y coadyuvaron a la renovación de los votos. Francisco Solano permaneció un prolongado tiempo en oración, hasta que el sueño lo venció. Al finalizar el día 13 de julio, el corazón de Solano dejó de latir. Tras simples preparativos sobre su cadáver, el Arzobispo y el Virrey, acompañados por los habitantes de la Ciudad de los Reyes, asistieron el día 15 de julio a los funerales.

El Fraile Gerónimo de la Torre decidió...

Levantar al cadáver e hincarlo de rodillas, haciéndole girar la cabeza a una parte y a otra de los hombros, y los dientes unos contra otros. Cuando decidieron sacarle la corona, arrancaron cabellos junto con la misma, y atónitos comprobaron que manaba sangre del cuero cabelludo.

Fue entonces cuando la gente se abalanzó sobre el cadáver de Solano y...

“Con los dientes mordían partes de los pies”

Inmediatamente (Fines del mes de julio) el Arzobispado dio inicio al proceso para su canonización dado que los testimonios de su santidad y de sus milagros eran innumerables…

Diez resurrecciones llegaron a atestiguarse, tres en vida del Santo y siete después de su muerte.

Luego de un corto proceso, fue beatificado en el año 1625 y en el año 1726 canonizado como Santo por el Vaticano.[15] Desde entonces se lo conoce como San Francisco Solano…

La historiografía asegura que…

En el año 1590 había llegado al Tucumán el franciscano Fray Francisco Solano, quien se dedicó a evangelizar a los aborígenes de la región. Aprendió rápidamente la lengua tonocoté, llegando a hablarla mejor que los propios indígenas. Estuvo en la ciudad de Salta en 1592 donde, al igual que en las restantes poblaciones a las que llegó, dejó fama de santo. En 1595 se trasladó a Lima, donde falleció en 1610, a los 61 años. (…) Los testigos de su labor que fueron llamados a declarar, sostuvieron que fue un ser excepcional por diversos motivos, entre ellos su ascendiente sobre los indios que lo amaron entrañablemente, los numerosos milagros que Dios hizo por su intermedio, la dulzura con que siempre trataba a las personas, los ininterrumpidos sacrificios voluntarios que realizaba, etc. Se dijo que fray Francisco Solano fue para las Indias Occidentales, lo que Francisco Javier para las Orientales.[16]



[1] Fuentes utilizadas: Archivo de Santiago del Estero, Archivo Histórico de Lima.
[2] Rosso, J. L. y CIA. Buenos Aires, 1910. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[3] Iraburu, José María. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[4] Rosso, J. L. y CIA. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[5] Alvarado, Cristóbal Barba de. Del folio 474 del expediente vaticano de canonización. Archivo del Vaticano. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[6] Iraburu, José María. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[7] Como muestra de la incongruencia de la “biblioteca” sobre el tema, se cita en su lugar al Padre Alfonso Díaz.
[8] Iraburu, José María. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[9] Nueve mil nativos fueron convertidos y bautizados ese día. (San Francisco Solano y su acción evangélica en la ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja – Dr. Pedro Goycochea – El Movimiento – Página 6 – Edición del día sábado 07 de abril de 2007 – Separata del diario El Independiente, de la Pcia. de La Rioja)
[10] Folio 473 del expediente vaticano de canonización
[11] Documentos del proceso de canonización. Archivo del Vaticano. según testimonios del franciscano Almeyda y del capitán Pedro Sotelo
[12] Del Techo, Nicolás. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[13] Iraburu, José María. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[14] En el folio 1081 del proceso de canonización en el Vaticano; además, se afirma que las langostas le hicieron caso
[15] En la ciudad de Santiago del Estero, en el Convento de San Francisco, hay una celda capilla reconstruida que habitó el franciscano, y, además, pueden observarse la casulla, el cordón, la estola y el manipulo de Solano.
[16] Rosso, J. L. y CIA. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)

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