lunes, 5 de septiembre de 2011

UNA LEYENDA SOBRE EL OLIVO DE ARAUCO

Nanja
"El árbol de las ánimas"
S/V/Cornelio Sanchez Oviedo



por Arq. Víctor José Stilp Piccotte
"Mi lamento por el encierro al que ha sido sometido"
Reservados todos los derechos
Del libro "Huaymocacasta, inhibición histórica de la Argentina" Tomo III 2006




Prólogo





Hijo de Hanja, Jefe de la aldea, llevó por nombre Nanja. Las predicciones auguraron un futuro brillante, al que sólo la tierra, el agua de los ríos, y el sol, podrían opacarlo. Tan importante sería, que nadie, en los tiempos por venir, ocultaría su valor.


Los años pasaron. El niño, convertido en portentoso joven, vivía desilusionado al no ver concretadas las predicciones. Se recluía bajo la copa del árbol mayor, que se elevaba incólume, allende el bordo de greda que precedía a la montaña. Una tarde, sentado contra el grueso tronco, sintió que algo extraño perturbaba el bucólico paisaje. Primero un grito aterrador, luego otros, finalmente un concierto abrumador que expulsó del lugar todo tipo de ave o animal.


El joven no se inmutó, y los gritos desaparecieron tal como se iniciaron. Un viento gélido cubrió la copa del árbol y el cuerpo del joven, pero tampoco ahora éste se inmutó. Las ramas, entonces, azotaron con violencia su presencia, pero no lograron perturbarlo. Finalmente…


- ¿Cómo te llamas? - La voz sonó en el desierto páramo donde se elevaban las ramas de antiguo árbol.


- Dime, por favor ¿Cómo te llamas? -


El joven, atónito, observó cómo las ramas cesaban de golpearlo, y creyó mover las hojas en un sin fin acompasado.


- Es que necesito, saberlo - Repitió la voz.


El sol, dibujaba el contorno del elevado bordo de greda que se mostraba cercano.


- ¿Cómo te llamas? -


- ¡Nanja! – Contestó.


- Dime Nanja - Serenó la voz - la valentía demostrada al permanecer irreductible ante lo sobrenatural ¿Te ayudará a permitir que este viejo árbol, se libere definitivamente, del horror y del dolor que ha vivido? -


- ¿Cómo puedo ayudarte? - Replicó Nanja.


- Sólo debes cortar mis ramas, y clavarlas en la extensa dimensión del valle que se abre ante ti -


- Pero… Eso significaría dejarte sin hojas para que respires… Te mataría, si lo hiciera -


- Debes hacerlo, ya que el horror y el dolor del pasado, lo lograrán finalmente -


- ¿Tanto es el horror y el dolor que has visto? -


- He visto perecer a muchos niños, hombres y mujeres, hermanos y hermanas, Nanja. Tantos, que mis brazos explotan en agudos silbidos al llegar la noche, sonidos que espantan a aquellos que desean guarecerse debajo de mi copa -


- ¿No hubo otros? -


- ¡Sí los hubo! Los primeros que se cobijaron en mis brazos, fueron los que lograron salvarse de la violencia de aquellos que blandiendo sus lanzas y sus armas, ocuparon tu tierra mucho tiempo antes de mi elevación hacia el cielo. Tal vez fue Tonapa[1] quien los adoptó, o tal vez, fue el nuevo Dios llegado con los hombres armados, quien se compadeció de tanto dolor y los mimetizó con mi cuerpo. Sólo sé, que ellos quieren separarse de mí para penetrar en su tierra nuevamente, y permitir que su dolor abandone la savia, y determine el nacimiento de una nueva vida. Por ello tienes que cortar mis ramas y plantarlas en el valle. Sólo así he de sobrevivir, y sólo así sobrevivirá mi especie, en ésta región donde reina el zonda, y el sol evapora el agua de los pequeños cauces -


- ¿Cómo he de hacerlo, si no poseo nada tan filoso que pueda seccionar tus ramas? -


- Busca alrededor de mi tronco, pues en uno de los pliegues, se oculta la filosa espada que un orgulloso español clavó con ironía, un lejano y salvaje día -


Nanja, rápidamente encontró la filosa hoja de metal, y comenzó a cortar, rama por rama, todos los nacientes del antiguo tronco. Terroríficos alaridos emergieron al espacio.


Mientras introducía la hoja metálica en las vetas de la madera, un espeso aceite color verde se derramaba hacia la tierra, y al tocarla, se convertía en roja sangre. Así transcurrieron varios días, en los cuales, ni ave, ni animal alguno se acercó hasta el árbol. Una vez concluida la tarea, convencido de las sabias palabras del mismo, Nanja comenzó a plantar cada rama en la virgen tierra del valle.


Cuando regresó al lugar donde se elevaba, el ahora limpio tronco del árbol, notó que el mismo mostraba una rigidez mortal. Desesperado, intuyendo haberlo matado, ofreció a Tonapa su propia sangre, pidiéndole a cambio, que dejara fluir nuevamente la savia en el cuerpo del árbol. Mientras lo hacía, Nanja, arrepentido por haber obedecido sus impulsos, se abrazó con fuerza al tronco muerto. Una extraña luz brilló en el horizonte, fusionando el cuerpo del valiente joven con el tronco del árbol.


Al nacer la nueva mañana, éste mostraba orgulloso sus nuevas ramas, complacido al ver que sus antiguas ramas liberadas de la maldad de los hombres, y renacían en el extenso valle.





Apólogo





Las plantas de olivo poblaron el valle de Arauco, y permitieron que su savia verde, ofreciera la esencia a los nuevos pobladores. Aunque desde aquel día, éstos, al llegar cada noche, desconociendo lo sucedido entre Nanja y el árbol, afirman escuchar voces extrañas, convencidos que el antiguo árbol las emite. No comprenden que cuando el sol se oculta tras el bordo de greda, Nanja deja escapar su propia savia en la del vegetal, con la alegría de saber que su valentía bendijo la noble tierra, y liberó del dolor y del horror a su gente.


Por eso, el hijo de Hanja se convirtió en leyenda. Corroborando las predicciones que auguraron para él un futuro brillante, al que sólo la tierra, el agua de los ríos, y el sol, podrían opacarlo.


Tan importante sería, que nadie en los tiempos por venir, ocultaría su valor. [2]





[1] Supremo dios de las civilizaciones amerindias del noroeste argentino.
[2] Notas: A) Nanja, es un nombre ideado por el autor del libro para relatar una leyenda sobre el olivo existente en Arauco, que con más de cuatrocientos años, atestigua el paso de los invasores en el territorio arauqueño de La Rioja. B) Cornelio Sánchez Oviedo cita: “La distinguida señora Celina Rodríguez de Salazar, Directora de la Escuela Nacional N° 51 Provincia de Jujuy, me ha honrado invitándome a inaugurar el Libro de Anotaciones Históricas de la localidad, del referido establecimiento, con unas líneas en las que dé, algunas noticias sobre el histórico olivo de Arauco, que se encuentra a pocos metros de distancia. La tradición de éste pueblo lo llama, “El olivo de las animas” por una sentida leyenda, que transmitida de generación a generación ha llegado a nuestros días, evocando un pasado que tiene contornos de epopeya. No soy, pues, el llamado a repetirla aquí, que es su fuente, que todos los hijos de éste pueblo la conocen, ya contada, en torno del fogón familia, ya en la hora del trabajo, ya cuando el crepúsculo va enlutando el cielo diáfano de Arauco para anunciar que el día ha terminado. (Escrito consultado por el autor en el libro Histórico de la Escuela 51 de Arauco, La Rioja. El mismo escrito ha sido publicado por ediciones Laínez de la misma provincia en la cuarta década del pasado siglo XX)

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