domingo, 2 de octubre de 2011

INMACULADA INAIMOGASTA

Una divagación intelectual de un cordobés proscripto.


Croquis de Víctor José Stilp Piccotte - Capilla de Aimogasta (1830/2004 demolida)


Arq. Víctor José Stilp Piccotte ®

Del libro del mismo nombre.

Reservados todos los derechos



Incontexto



En el año 2004, una máquina pintada de amarillo demolió el edificio de la capilla de Aimogasta (El templo católico de la Inmaculada Concepción) Cuatro años después, fervientes adherentes al Unitarismo Contextual, idearon un Parlamento intelectual para determinar (¡Vaya acto de soberbia!) si la ciudad había sido ungida – o no – producto de una fundación.

En el primer año, de la segunda década del tercer milenio, la máquina y los Unitarios (Que aún no lograron reconstruir el edificio religioso, y mucho menos, determinar la verdad sobre el origen de la ciudad) postmilitan, indiferentes a los tiempos y a los espacios, atacando muros e ideas, y prosopéyicamente, violentando el derecho constitucional de expresar libremente las ideas, sin censura previa.



Inargumento



El análisis que contiene mi investigación, trata de desplegar variantes sobre las invariantes conocidas. Y conducentemente, exponer textos del pasado para no pecar de ignorancia sobre el verdadero presente.

Pasado y presente que conviven con los habitantes, en una idílica mezcla de idiomas y costumbres, desconociendo las ordenes educativas que se mantienen fieles a las primigenias Leyes de Indias.

Por ese peculiar motivo, la mácula de la Virgen no existe en los escritos, como tampoco existe la mácula de la ciudad nativa en los improperios de “quienes aseguran decir la verdad”.

En realidad, el “in” de “Inmaculada”, y el “in” de “Inaimogasta”, sólo intentan representar la inestabilidad del pensamiento. Una oscilación de nuestra capacidad para imaginar la Historia, más allá de las licencias que iluminan la verdad de los hombres, y más cercana a la verdad del Universo.

En el pueblo donde resido desde la última década del pasado siglo (Las leyes humanas la consideran ciudad) Las pasiones Federales de la República han cedido al Unitarismo, y el sesgo divisorio – esa fantástica extravagancia que poseemos los argentinos, para odiarnos los unos a los otros – se expresa en “amenas”, “idílicas”, y “sublimes dimensiones”. Extensiones que parecieran unir polos disímiles, pero que sólo sirven para mostrar los impedimentos inherentes que contenemos “inmente”.

Sin embargo, este páramo viviente que ha permitido mi residencia en la Tierra, muestra a los ojos de aquel que contiene la visión, la belleza incomparable de la vida. Y lo hace ajeno a la intolerancia que nos afecta, sin comprender (Conjeturo) la delgada línea intelectual que nos obliga a desdeñarlo.

Cuando camino – pocas veces – por las angostas calles de Aimogasta (Más angostas aún, tras la “minimal” dinámica de cambio) los bordes conceptuales desaparecen, y los paisajes y horizontes, desavenidos de desavenencias, se muestran íntegros y desnudos, abriendo al cielo las raíces del pasado, ilustres y nobles, fuera de toda lógica y razón.

Es entonces,  cuando el “in” que representa la inestabilidad del pensamiento, se transforma en el “in” del “im” que impide – como una barrera de algarrobos blancos – apreciar la pasión que albergan los médanos, y los pequeños cauces que abren el cordón montañoso que corona el valle.

“Inmaculada Inaimogasta” contiene la esperanza.

La fe que profesan los trozos de cerámicas nativas, esparcidas ante nuestra mirada, mostrándonos inconsolables, la historia que resguardan.

No la escrita por los Unitarios escribidores contemporáneos, sino aquella, que fuera pintada por los Federales habitantes de la Patria.

Esperanza y Fe, como sinónimos de la verdad aristotélica.

Una Poética consumada por humanos, que a pesar de las dilaciones que nos encierran, todavía nos revelan puertas; Poternas que nos conectan con las fábulas y quimeras, que contribuyeron a gestar los ideales de los revolucionarios de mayo, y que aún – como lo he afirmado – nos permiten el sueño libertario, conteniendo la epopeya del pensamiento, que es la única gesta que debemos alcanzar.

Concluyentemente, sé, por el sólo hecho de saberlo, y por haber aprehendido del adobe “inmaculado”, que nada interesa a la Historia de los hombres, más que la verdad universal de la Poética. 

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