miércoles, 11 de enero de 2012

ARTICULO PUBLICADO (INSERTO A PEDIDO)

La ciudad perdida…
¿La ciudad perdida del Rey Blanco?
Valle de Arauco, Provincia de La Rioja

Arq. Victor Jose Stilp Piccotte
Reservados todos los derechos
Del Libro Huaymocacasta Inhibicion Historica de la Argentina Tomo III

Campo de la ciudad perdida - Río Abaucán (Actual Salado o Colorado)[1]

En el primer lustro del siglo XXI, distantes de las endebles defensas hacia la España invasora (Compartidas por la mayoría de los hispano parlantes de comienzos del siglo XX) nadie duda que gracias a la atracción que generaba el oro, y a la quimera que originaba el legendario pueblo de los edificios recubiertos en ese metal, en la plata y el cobre, se recorrieron los llanos y desiertos, se traspasaron las abras inescrutables, se remontaron los cauces y torrentes inaccesibles, y se elevaron en la poética histórica las fábulas de grandiosas ciudades apócrifas, en la representación mitológica de “Eldorado” o en la más cercana “Ciudad de los Césares”. (Yungulo, Linlín, La Sal, o Trapalanda, en las citas de Nardi[2])


“En nuestro propio nuevo mundo, hemos tenido un vellocino de oro más deslumbrador que aquel que trató de ganar el mitológico pupilo del viejo Quirón, pero nadie llegó a capturar, no obstante haberlo probado hombre más valientes que Jasón. (…) Porque el dragón que guardaba el vellocino de oro americano no era un quimérico perro faldero como el de Jasón, que se tragase una pócima, y se echase a dormir; era un monstruo mayor que toda la tierra en que vivían los argonautas, y que todos los países en que viajaron; un monstruo que todavía no ha logrado ningún hombre ni toda la humanidad, hacer desaparecer el mortífero monstruo de los trópicos”[3]


Tampoco concurren dudas, al afirmar que tras la llegada de Cristóbal Colón, del apronte de Américo Vespucio, y de la pertinaz derivación en la aventura de Vasco Nuñez de Balboa, todos los españoles, ilusionados al fin, conocían la historia de la ciudad elevada sobre una inexplorada prominencia, donde las estatuas eran de oro, el fondo de los ríos reflejaba la plata, y los muros y fachadas edilicias se mostraban recubiertos en cobre y diamantes.[4]
La alegoría americana refiere que previamente a la llegada de los anhelantes españoles que siguieron los pasos de don Cristóbal. (Colón) En un ignorado lugar del sur continental existía un pueblo que era comandado por un “Rey Blanco” (Supuesto profeta bárbaro, aunque existen aquellos que aseguran su ascendencia judía) quien había llegado tras atravesar el Océano Atlántico con la intención de impostar su religión y forma de vida a los habitantes nativos. Éstos, asombrados por la piel blanca y los cabellos dorados, rápidamente se sometieron a sus deseos, y con el tiempo consolidaron un pueblo evolucionado tecnológica y culturalmente.
En relación a lo explicitado, el Misionero Ramos Gavilán, en el año 1621, afirma que...


Tunapa era el Santo Blanco que predicó durante mucho tiempo antes de la llegada de los cristianos. Habría sido un profeta bárbaro venido del mar, padre de los pobres y dotado del don de los milagros.”[5]


Este Rey, o “Santo” Blanco, o Profeta devenido en mito, “conocía” los métodos para “convertir la roca en oro”, y por ese motivo, cuando nacía el nuevo día se cubría la piel con el polvo dorado, y al llegar la noche se introducía en el cauce de un río cercano para quitárselo.[6] Sin embargo, lejano a la codicia española, el “Rey Blanco” reveló sus secretos a los habitantes, quienes aprovecharon la generosa dádiva, e inmediatamente construyeron hornos para fundir las rocas y así obtener oro, plata y cobre.
El repentino esplendor del pueblo despertó la envidia y la codicia de los vecinos del valle, quienes cegados por la ambición atacaron la ciudadela, aunque sin poder penetrarla. Los embates continuaron por años, hasta que, cansados por el esfuerzo, desistieron, sometiéndose a los designios de aquel “Rey Blanco” que ostentaba mayor poder que el manifestado por sus dioses.
Ese hecho originó una variación en la leyenda original, y se expandió rápidamente por el continente, llegando, inclusive, hasta los territorios de la actual América Central.
Sucedió entonces, que cuando los españoles arribaron a Veragua, Francisco Pizarro, que todavía no era adelantado, tomó nota de la descripción efectuada por los nativos, y como había compartido con Vasco Nuñez de Balboa el relato del cacique Kareta – padre de la amante nativa de Balboa – dedujo que la historia era real. Desde ese momento, “la ciudad de oro gobernada por un Rey Blanco” pasó a ser un subterfugio sobre “Eldorado”. Y finalmente, un objetivo más que importante en la meta que se había propuesto alcanzar el español. El mismo, que en un lapso histórico de dos años, acabaría con la evolución alcanzada por las culturas originarias en el sur continental.
La versión del nacido en Trujillo fue conocida por otros españoles, y consecuentemente trasladada a España, donde numerosos e improvisados navegantes se lanzaron al mar soportando las peripecias del viaje transoceánico, no sólo para escapar de las penas y las desgracias de la península reconquistada (Toma de Granada) sino, porque tenían la certeza de que la puerta abierta en el nuevo continente facilitaría el acceso a la “mítica ciudad de Eldorado del Rey Blanco”, y con ella, a la fama y la fortuna, que por aquel espacio y tiempo eran condicionantes de la prosperidad del ser humano. (Entonces, como ahora)
En el año 1526, otro aventurero español llamado Juan Sebastián Caboto, cansado por los malos resultados de su campaña junto a Balboa, decide iniciar el recorrido como navegante de Loaysa (Portugués, como el obispo de Lima) convirtiéndose en comerciante de especiería, pero al llegar a Pernambuco retoma el camino primigenio.


Firma de Juan Caboto

Efectivamente, en aquel lugar conoce a un fabulador y ex tripulante de la fracasada expedición de Solís (¿Que había sido deglutido por los nativos de la Isla Martín García?) quien le informa sobre la riqueza que existía en ambos márgenes del Río de la Plata.
A pesar de que la narración, utópica y fuera de contexto, despierta la dormida ambición de Caboto, éste deja aflorar el espíritu florentino de los ancestros familiares y toma la decisión de retomar su derrotero; aunque al llegar al delta del actual Río de La Plata, otro suceso echa combustible a la quimera, pues la información dada a Caboto por el marinero de Solís, es ratificada por un desertor de la expedición de Loaysa, quien revalida los dichos y da veracidad al mito incorporándole la presencia de…


“Un poderoso señor blanco, que vive en una ciudad sustentada por una sierra de plata, donde el oro brilla y los ¿buenos aires? son de ensueño”[7]


El navegante, enceguecido por la utopía se lanza a la aventura, y una vez en el cauce del “Mar Dulce” (Río de la Plata) se asienta en tierra firme, y funda el Fuerte de “Santi Spiritu” (9 de junio de 1527) sobre la costa occidental, a orillas del actual Paraná…


Le llamó de Santi espíritus, el cual viendo la altura y comodidad de esta escala, fundó allí un fuerte de maderos con su terraplén.[8]


Pero el ambicioso Caboto, al establecer el asentamiento español en el actual territorio Argentino, no valoró como objetivo la expansión y apropiación territorial a favor del reino de España. (Tal como deseaba la Reina) desestimando, incluso, las pretensiones de la Soberana, que procuraba…


“inducir y traer los pueblos de las Indias y convertirlos á nuestra fe católica, enviándoles prelados, religiosos, clérigos y otras personas doctas para instruir a sus vecinos, doctrinarles y enseñarles buenas costumbres”[9]


Por el contrario, la meta de todo el accionar del navegante, se sintetizaba en el hallazgo de la fabulosa “Ciudad perdida de los Buenos Aires, del oro y del Rey Blanco”. La misma urbe que meses después describiría el capitán Francisco de César, asegurando haber accedido a la fabulosa ciudad de Jungulo[10], que se ubicaba en los confines del río con aguas marrones (Paraná) y se mostraba exuberante, con sus edificios recubiertos con láminas de oro y de plata, y gobernada por un gran Señor, al cual respetuosamente obedecían los habitantes…


llegados a su presencia, con reverencia y acatamiento, le dieron su embajada por el mejor modo (…) allí estuvieron muchos días (…) el señor les concedió liberalmente, dándoles muchas piezas de oro y plata, y cuanta ropa pudieron llevar.[11]


Las crónicas redactadas en América, y publicadas en Europa, recogen las diferentes versiones sobre la legendaria ciudad, asegurando que...


“Para darse una idea de las riquezas existentes en la ciudad (...) hay que hacer notar que sus habitantes dormían en camas de oro; que del mismo metal precioso estaban construidas las mesas, sillas y utensillos. Que poseían un idioma o dialecto sumamente extraño, no sólo para los españoles, sino para los nativos que ocasionalmente alcanzaban el lugar” [12]


Pese a todo, víctima del desencanto, Caboto inicia en el año 1530 el regreso hacia España, y tres años después…


Llegado Sebastián Caboto a Castilla el año de 1533, dio cuenta a su majestad de lo que había descubierto y visto en estas provincias.[13]


En conocimiento de las “verdades” del florentino, los aventureros españoles vieron disparados sus deseos y ambiciones, y muchos “se lanzaron al océano” dispuestos a reiniciar la epopeya. (Sin éxito alguno)[14]
Retomando el “hilo” histórico, y según los antecedentes, el río de color marrón (Paraná) era el único camino conocido para acceder a la ciudad, la cual se ubicaba en un punto desconocido entre Panamá y los lagos del sur, siguiendo la vértebra andina. Al respecto cita Francisco Cavada[15] que…


“Los habitantes que la pueblan son los mismos que la edificaron (...) pues en la ciudad de los Césares nadie nace y nadie muere; y que el día que la ciudad se desencante (Por hechizo) será el último día del mundo, por lo cual nadie debe tratar de romper su secreto”
Por cierto que en las traslaciones se interpola el nombre de “ciudad del Rey Blanco” por el de “Ciudad de Los Césares” – cita precedente – y a fines de comprender el porqué de ese nombre, debo acotar que luego de asentarse en el Fuerte a orillas del Paraná, Caboto organizó la “búsqueda” perfilando diferentes rutas, encomendando para ello a sus “aliados” más conspicuos. Uno de los grupos estaba comandado por el capitán Francisco de César,[16] a quien le encarga acceder al nacimiento del actual río Carcarañá, acción que lleva adelante don Francisco, pero diversas circunstancias obligan a un cambio de ruta, hecho que lo lleva a vislumbrar al actual Valle de Conlara. (San Luis)[17] César, sabiéndose fracasado en su misión, decide ocultar el fracaso de su expedición, y para congraciarse con su Jefe, confabula con sus ayudantes e “inventa un informe” en el que expone que “Jungulo”…


“la ciudad del oro, existía, y que se encontraba entre altísimas montañas, con un acceso sumamente peligroso, custodiada por guerreros con armamento y protección en oro y en plata.”


Agregó además, que la travesía resultó muy penosa, debido al ataque de nativos y animales salvajes, y que por ello, no recomendaba reiniciar la búsqueda, pues de hacerlo deberían soportar el suplicio de raras enfermedades…


“no debe ponerse en duda, que muchos de los expedicionarios del Capitán De César murieron por contraer enfermedades durante el trayecto”


Finaliza el informe, afirmando que…


“los habitantes de aquella espectacular ciudad se compadecieron de ellos, y los trasladaron hasta un centro de recuperación.”


Donde pudieron observar que...


“todos los elementos de uso cotidiano eran de oro y de plata”[18]


No cabe duda alguna, que este testimonio resultó ser el “aperitivo” que los habitantes de la península ibérica aguardaban. Efectivamente, fue tal la importancia dada a su relato, que de inmediato se suscitó el auge de los buscadores que trataron de llegar hasta la ciudad de oro y de plata. Por este motivo, el nombre del Capitán español se asoció a la leyenda; a punto tal, que el mito de “Jungulo” fue descripto como “La ciudad de los Césares”. (El apellido en plural por sus acompañantes.)
Ruy Díaz de Guzmán, cronista de la época, creyó en aquella historia.
Su mente predispuesta a la ficción lo llevó a conjeturar el destino sufrido por las huestes del capitán De César, e interpretar que las “raras” enfermedades que acosaron su “entrada” y la de sus soldados, impidieron que Sebastián Caboto relevara el camino, por lo cual, las coordenadas para ubicar a la ciudad se perdieron inexorablemente…


Suplico humildemente a todos los que la vieron, reciban mi buena intención, y suplan con discreción las muchas faltas que en ella se ofrecen (…) es fecha en la ciudad de La Plata, provincia de Los Charcas, a 25 de junio de 1612 años. (En referencia a la obra que había escrito)[19]
Hacia el centro del sur continental, en la zona que habían invadido Pizarro, De Almagro y sus aliados, se difundió la noticia de que unos navíos habían naufragado y que los tripulantes fueron rescatados y auxiliados por extrañas “gentes” ataviadas con oro y plata.[20]
Si bien todos los españoles estaban convencidos de que la mítica ciudad no era una quimera, sino una realidad, fue en la mente de Diego de Almagro donde encontró mayor aceptación. El “amigo y aliado” de Francisco Pizarro, ambicionaba sepultar la epopeya alcanzada por éste, y para ello pergeñó un plan que le “permitiría” ensalzar su nombre para toda la eternidad. (Anhelo que logró concretar de otra manera)
Fue por ese motivo, que Diego de Almagro decidió encabezar ¿la primera de las entradas españolas al NOA? acompañado por aventureros que concebían como recurrentes a las adaptaciones sobre la ciudad de oro y de plata que estaba gobernada por un Rey Blanco, ubicada sobre una sierra de plata en los extremos del collasuyu.[21] En efecto, desde los inicios del año 1536 hasta febrero del año 1538, e ignorantes de la suerte seguida por la expedición de Diego de Almagro, otros aventureros decidieron consolidar la ¿segunda entrada al NOA? Pero no fue sino hasta mayo del año 1543 cuando partieron de Cusco tres divisiones comandadas por el Capitán Diego de Rojas…


Por el camino de Tupiza accedieron a la actual puna jujeña (“Susques” hasta la altura de “San Antonio de los Cobres”, en la actual provincia de Salta) y aguardaron en el asentamiento de “Chicoana” (Actual provincia de Salta) utilizado por Almagro... Se había dado a Diego de Rojas (…) juntó asiento y tantos soldados, muchos indios amigos, armas y caballos, y determinó su entrada por la provincia de los Chicuanas.[22]
Evitando los “padeceres” sufridos por el “amigo y compañero” de Pizarro, Diego de Rojas y sus hombres cambiaron el rumbo, y en lugar de dirigirse – como asegura la historia oficial – hacia Salavina, en Santiago del Estero, se encaminaron por territorio de la provincia de Tucumán.
El Capitán aguardó allí la llegada de la segunda división comandada por el Capitán Felipe Gutiérrez, y una vez reunidas las fuerzas expedicionarios, Rojas dio orden de cruzar por el paso “Abra del Toro”, sospechando que en las cumbres encontraría “su tesoro”. Por lógica, nada encontró similar a la ciudad buscada, y por ello continuó con rumbo hacia el oeste hasta acceder a “Punta de Balasto” (Cruzando los faldeos del Cerro “Ñunorco” de 3320 Mts. S/M. y un paso nativo – Abra del Toro – sobre los nevados del “Anconquija” a 4400 Mts. S/M.) Retemplados los ánimos, los españoles continúan la marcha (por los faldeos del “Nevado del Candado”, cerro de 5450 Mts. S/M.) hasta ubicar la ciudad Inca descripta por los sobrevivientes de la expedición de Diego de Almagro. (“El Shincal” de “Londres”, al oeste de “Chaquiago”, en la confluencia de la “sierra de Belén” y la “sierra de Zapata”, provincia de Catamarca)


(…) en 1573, y en fecha anterior – 1543 – aquellos territorios fueron alcanzados en la expedición de Diego de Rojas (…) ya que en la mente de aquellos aventureros estaba la idea de encontrar la región de Yungulo o Trapalanda.[23]
Diego de Rojas – que había vivenciado, sin saberlo, la riqueza del cerro Capillitas – convencido de que el oro acumulado por los representantes del Inca se hallaba hacia el sur de la ciudad Inca, emprende la marcha hacia “Capayán”, donde el recibimiento escapa a las buenas intenciones que los nativos del norte mostraran. Por el contrario, la evolucionada cultura alcanzada por los habitantes de los valles ubicados al sur del “Shincal” generó una resistencia que contuvo las ansias de los españoles. Aunque lejos de retornar, éstos afrontan continuos ataques, en uno de los cuales Diego de Rojas es herido, y días más tarde fallece víctima de una septicemia…


“Así murió victorioso en Mocacaj”[24]
Sospechando de Felipe Gutiérrez como “autor” del ataque sufrido, Rojas, antes de morir, desaira su mando y designa a Francisco de Mendoza como sucesor…


Francisco de Mendoza prosiguió su descubrimiento hasta el río del Estero, que sale de la nevada cordillera, corre por unos llanos y viene a desparramarse en lagos y pantanos, por cuyas riberas estaban varios pueblos de indios llamados Xuríes y el río Talcano.[25]


Éste, cumpliendo las órdenes de su superior, envía al Capitán Felipe Gutiérrez hacia el Cusco, mientras, devenido en nuevo Capitán, se adelanta con las dos divisiones rumbo al río citado por Sebastián Caboto. (Desde “El Shincal” con rumbo al río Paraná)
Regresa con más penas que gloria desde el “Fuerte de Caboto”, y nada puede impedir la arremetida de sus hombres, quienes negando su mando deciden asesinarlo. (Al parecer influenciados por el maestre de campo Nicolás de Heredia) Por ese “peculiar” motivo, Francisco de Mendoza, tras recorrer el territorio de los “caminchingones” hasta el Río de la Plata, regresó al lugar de la muerte de Rojas, para (¡Vaya paradoja!) ser asesinado por sus propios soldados, el día 7 de septiembre de 1545.
Sin alterar la acción de sus “compañeros de expedición”, Heredia se había encargado de llevar adelante la búsqueda de la mítica ciudad en los valles adyacentes a la ciudad Inca, pues estaba convencido de que la misma se ubicaba en un sector cercano a los hornos de fundición de metales que se encontraban al sur del Valle Vicioso (Actual zona de Bañado de los Pantanos) Los documentos nada reflejan sobre el éxito o no de su intento. (No existe documentación) aunque convalidan que…


Nicolás de Heredia, luego de acceder a un desconocido valle (Calamuchita) regresó al lugar donde fue asesinado Diego de Rojas (¿Mocacaj?) dio muerte a Mendoza, y a principios del año 1546 condujo a los hombres hacia Perú.[26]
Nicolás de Heredia condujo a los hombres y mujeres (Maria López de Balboa, Catalina de Enciso, y Leonor Guzmán de Carmona, lo acompañaban) y siguiendo el camino nativo que conducía de “Guachipas” (Salta) a “Tumbaya” (Jujuy) en el otoño del año 1546 accedió a la Quebrada de Humahuaca (“Omahuaca”) y tras combatir con los “Omaguacas” (Muerte de Diego de Torres) atraviesa el desierto jujeño rumbo al Cusco, evitando el cruce de las altas cumbres por donde había ingresado rumbo al territorio del “Yucumanahaho” o “Tucumanahaho”...


El 8 de julio de 1546, tras haber retornado a la región del Tucma junto a López de Mendoza, Nicolás de Heredia fue degollado por Francisco de Carvajal[27], lugarteniente de Gonzalo Pizarro, quien se hacía llamar “el demonio de los Andes” (…) Su cabeza fue expuesta en la plaza de Arequipa.[28]
El silencio, entonces, cubrió con un manto de entereza a la resistencia nativa contra las ambiciones españolas, hombres y mujeres que priorizaron luchar para salvaguardar sus vidas, y en parte, a las ciudades fundadas, antes que dedicarse a la aventura de la búsqueda de la legendaria ciudad…


Sin embargo, en la memoria de todos quedaba latente, que aquella “Ciudad de los Césares” era tan real como la misma España.
De esta manera, simple como el relato, se originó la incrustación histórica de la “leyenda de la Ciudad perdida de los Buenos Aires gobernada por un Rey Blanco” en los Valles del NOA.
Pero antes de continuar el camino de esa fabulosa historia, resulta necesario remontarnos en el espacio y en el tiempo, para ubicar la investigación poética una década después de la fundación de la nueva Santiago, esta vez en las márgenes del río Estero, años antes del establecimiento de las más importantes ciudades de la actual República Argentina…


Porque con la intención de delimitar el territorio concedido por la corona, Pedro de Valdivia necesitaba consolidar la jurisdicción de la Nueva Extremadura, y esa era la orden que el, fundador y gobernador de Santiago del Nuevo Extremo, le había dado al implacable Francisco de Aguirre.


Precisamente de la segunda Santiago, esta vez sobre las márgenes del río Estero (Hoy Dulce) partió un grupo de soldados conocidos como “El grupo de los once”[29], convencidos en los datos aportados por los sobrevivientes de la expedición de Diego de Rojas, que certificaban la existencia de una ciudad perdida en los valles intermontanos…


Donde gobernaba un Rey Blanco en un palacio ubicado entre siete iglesias y edificios revestidos en oro y plata.
Esta parábola sobre la ciudad de edificios recubiertos con oro – impulsada por la necesidad material de los invasores – se recuesta en otros ejemplos de “ciudades perdidas”. Tal el caso de la sobrecogida Masqan Shapir[30] donde el sobreviviente fue el gas retenido en las entrañas del planeta – que estalló tras la erupción de un volcán – o las bíblicas ciudades de Sodoma y Gomorra – que también sucumbieron ante los embates de la naturaleza – donde los únicos sobrevivientes fueron Lot y sus dos hijas.[31] Sin embargo, en la aventura encabezada por Diego de Heredia, Juan de Barzocana, Jerónimo de Olguín, y otros once soldados españoles cuyos nombres resultan ajenos a la historia,[32] el único sobreviviente ha sido el mito.
En efecto, desencantados con el fracaso de su aventura, y empecinados en organizar una revuelta en contra del arbitrario Francisco de Aguirre, quien les impedía continuar con la búsqueda de la mitológica “Ciudad de los Césares”…


Simplemente porque Aguirre era un anticipado agnóstico.


Los tres comandantes y los once españoles desoyeron “los consejos” del “usurpador del título de fundador” (Porque la actual ciudad de Santiago del Estero, resultó de un triple traslado de la ciudad del Barco fundada por Nuñez del Prado) y se introdujeron en los extensos bosques de la región, dejando “falsas pistas” sobre el anhelado tesoro. Pasado el tiempo recibieron la noticia de que Aguirre se había retirado hacia Santiago del Nuevo Extremo. Y como no deseaban “pasar a la historia como desertores”, decidieron fundar una ciudad con el claro objetivo de defenderse de sus compañeros asentados en “La Nueva Santiago”, y también de los ataques perpetrados por Tonocotés, Meptanes y Socatonios. Irónicamente, Como muestra de ironía, impusieron a la ciudad fundada en el año 1566, el nombre de...


“Ciudad de Cáceres” (Apellido del Tte. Gobernador que en 1565 les hiciera conocer el mito) Sobre la margen izquierda del río Pasaje - ¿Esteco? – a ocho leguas al sur del Quebrachal, en el departamento de Anta. (Actual provincia de Salta)[33]


Un año después, el “reemplazante” de Francisco de Aguirre, Diego de Pacheco, indultó a los insurrectos, y reconoció la fundación, aunque trocó el nombre denominándola “Nuestra Señora de la Talavera del Esteco” y sin saberlo, giró una vuelta más a la tuerca de la fantasía, reviviendo la leyenda…


(…) la ciudad de Esteco, creada en 1567 por Diego de Heredia; mudó su nombre el gobernador Diego Pacheco, Nuestra Señora de Talavera (…) Descontentos los vecinos mudaron de lugar en 1605 y con el gobernador Alonso de Rivera, en 1609, se une Madrid a las Juntas, para desaparecer en 1692 tras un terremoto.[34]


Firma de Felipe de Cáceres.

De esta manera, la ciudad “rebelde” cobró mayor importancia que la “Nueva Santiago”, y pasó a ser una “ruta obligada para los españoles”…


Entra un río que llaman el Salado, es caudaloso, el cual atravieza toda la gobernación del Tucumán, y nace de las cordilleras de Salta y Calchaquí; baja a las juntas de Madrid y Esteco, y pasa a doce leguas de Santiago del Estero.[35]
Años después, la ciudad se denominó simplemente “Esteco”…[36]


La ciudad de Nuestra Señora de Talabera de Madrid, en lengua de indios, Esteco (…) De Xuxui caminando para la ciudad de Esteco se van cinco leguas al río de Perico, luego se camina por tierra llana montuosa, caliente y húmeda.[37]


Como estaba enclavada en un paso más cercano a Potosí, fue “transformándose en la más rica y poderosa de las ciudades del NOA”…


ochenta leguas de la ciudad de Esteco al oriente en veintinueve grados australes, está la ciudad de Santiago del Estero.[38]


Y según la invención de los españoles asentados en Lima, esta ciudad fue desde entonces “la mítica Buenos Aires que había sido gobernada por un Rey Blanco”, elevada en medio de un fértil y hermoso paisaje, con sus edificios recubiertos de oro y de plata.
Muchas leyendas se trasladaron en el espacio tiempo de la Cultura Cacá desde esa incrustación. Una en especial, recopilada en el siglo XX por Battini,[39] aseguraba que...


los habitantes, rodeados de tanta riqueza, mostraban su orgullo desmedido, y lujuriosamente se revelaban en medio de la ostentación y el derroche (…) Ocurrió entonces, que un religioso (…) se presentó en las viviendas de los orgullosos habitantes solicitándoles asistencia y apoyo (…) pero la respuesta fue negativa. Imaginó entonces el cura, que si se establecía en alguna de las siete iglesias que existían, podría desde el púlpito, llevar una palabra que significara la redención de todos. Pero nadie concurrió a oír sus misas. Desesperado, salió a la calle para gritar que si no se arrepentían de todos los pecados, el supremo hacedor destruiría a la ciudad (…) sólo una mujer dio crédito a sus afirmaciones. A ella le dijo el religioso que huyera de la ciudad, pues esta se perdería junto a todas las riquezas. Así fue, que luego de la salida de la mujer, la tierra comenzó a temblar, abriéndose grietas inmensas que dejaron escapar llamaradas gigantes; y la ciudad, y la gente, se hundieron en el abismo ardiente...[40]


Finaliza la narración mimetizándose con las historias bíblicas, y afirmando que...


la mujer se transformó en una mole de piedra (¿Huaca?) que permanece invisible a los ojos de los humanos”[41]
En conocimiento de la historia, el padre Du Toict[42] contribuyó con la imaginaría popular asegurando que efectivamente un castigo divino[43] destruyó a ciudad de “Esteco” en el año 1692.[44] También Juan Alfonso Carrizo la rescata en su mitológico “Cancionero de Salta”, y otros poetas populares como Horacio Jorge Becco le cantan elegías como esta…


“No sigas ese camino, no seas orgulloso y terco, no te vayas a perder, como la ciudad del Esteco”
El comienzo del siglo XVIII contuvo otro espacio único y contenedor, y con él se obtuvo la consolidación de la ciudad de Santiago del Estero. Desde ésta, los españoles trataron de asentarse en el Valle de Londres de la Nueva Inglaterra (Catamarca) utilizando las construcciones existentes. En realidad, “restos” de las fundaciones y traslados de la ciudad de Londres…


En el valle de Quinmibil hazia Chile en comarca de la nacion de indios Diaguitas, que todas sus serranías estas lastradas de minerales de plata y oro.[45]


Aunque la resistencia Cacá impidió que los asentamientos españoles en la región se consolidaran, los españoles se vieron obligados a variar la posición fundacional en diferentes lugares del extenso Valle, buscando una alternativa a fin de enfrentar con éxito la ofensiva de los nativos.
En el “tiempo circular” del NOA, y a pesar de estos acontecimientos, la leyenda de “la ciudad perdida” continuaba su camino existencial, esparciéndose por todo el territorio del Virreinato, y alimentando la ambición de los jóvenes españoles – ya no aventureros – que llegaban a la tierra de América (Por Vespucio) con la intención de “consolidar su futuro”…


“Julio Vicuña Cifuentes ha recopilado la versión popular sobre la desaparición de la primer ciudad fundada por Bohon (Juan de) en territorio Chileno con el nombre de La Serena; al respecto cita que en ella vivía Juan Soldado quien se enamoró de la bella hija del cacique. A pesar de que la joven correspondía a sus sentimientos, el orgulloso cacique impedía la unión. Como la mujer era cristiana, ambos se casaron en la iglesia de La Serena y luego intentaron huir, pero antes de consumar el hecho, se presentó el cacique con sus hombres decidido a terminar con la vida de la novel ciudad. Claro, que como en toda leyenda, el hálito de misterio cubre la historia, y antes de que se instrumentara la orden de destrucción, la ciudad comenzó a desvanecerse ante la vista de todos. Desde entonces, se suele escuchar música, y otras veces voces. E inclusive, hay algunos que aseguran haberla visto (a la ciudad)”


Oreste Plath, el recopilador de historias sobre el folclore de Chile, asegura que el soldado existió, pero que en realidad cumplió una venganza personal, y luego desapareció. Con el tiempo apareció muerto en la cumbre de un cerro cercano, y por ello se lo llama “Juan Soldado”…


En la región de La Serena, Chile, se habla de un paralelismo entre la mítica ciudad de La Serena, y el pueblo del Pantano en el departamento Arauco. Al igual que entre La Serena y la ciudad perdida de Riobamba la Vieja, en Ecuador, donde se asegura que la Virgen la hizo destruir por un terremoto, para castigar a una egoísta señora de la ciudad.[46]
Todos estos giros míticos, corroboran que desde “Esteco” la leyenda invadió hacia el sur la naturalidad del Cacá, y que la corrupción fonética impactó en los oídos “dulces” de los extranjeros convencidos de que la quimera continuaba siendo esquiva a su ambición. Lógico resulta suponer que las historias se trasladaron hacia cada “ciudad perdida, o desaparecida en los valles del NOA”, y por ello, no resultó eximida de la mágica tradición, la ciudad adyacente al Fuerte del Pantano…


“Por eso suena recurrente en los oídos de aquel que visita la tierra del Valle Vicioso, y penetra la aridez de Aymohill, o Aymocaj, escuchar la fabulosa historia de una ciudad perdida llamada “De los Buenos Aires y del Rey Blanco” que se hundió en los médanos del Pantano en el año 1850 (Otros aseveran que fue entre los años 1820 y 1830) sin que los españoles pudieran descubrirla”
Por diversas circunstancias, la evolución experimentada en la zona de San Fernando del Valle de Catamarca hasta Chumbicha, fue más concreta que la experimentada en los valles y poblados de la jurisdicción de la antigua “Londres de la Nueva Inglaterra”, y “Valle Viejo” (Entre las sierras de “Ancasti” y “Ambato”) pasó a ser tránsito obligado para unir a Santiago del Estero y Tucumán, con La Rioja y Córdoba… Por lógica con el puerto de Buenos Aires, de la ciudad de la Santísima Trinidad.
Este posicionamiento geopolítico, determinó que la nueva ruta influyera para el definitivo traslado de la mítica ciudad dedicada a la segunda esposa de Felipe II, la Reina de Inglaterra Maria Tudor[47], hasta la actual “San Fernando del Valle de Catamarca”, generando el olvido de los pueblos del Valle Vicioso…


“Ante la firme resistencia del pueblo Cacá, los españoles toman la decisión de capturarlos y “desarraigarlos” diseminándolos en distintas regiones conocidas. Así sucede que en la década de 1660 se originan las campañas de eliminación de nativos, donde los soldados armados diezman una población de mas de cien mil personas, y a los sobrevivientes los trasladan a pie, hasta los lugares predeterminados – resistencia de los Kilmes y posterior traslado a pie, hasta Buenos Aires”

Atalaya Sureste Fuerte del Pantano.[48]

Fue entonces, cuando la maleza y los médanos abrigaron los restos históricos…
Hasta que un historiador, arqueólogo y naturalista francés, llegado a comienzos del siglo XX con la idea de “redescubrir la historia perdida”, rescata la ancestral mitología que subyacía en el antiguo Tucumanahaho, y reivindica la historia de la mítica ciudad buscada por los españoles, situándola entre los médanos del “Pantano”…


Haciendo hincapié sobre la existencia de una fabulosa ciudad que reside debajo de la superficie de arena, cobijando innumerables tesoros, y objetos religiosos de oro, cobre y plata, en el interior de siete iglesias monumentales (…) El nombre del pantano se le atribuye a que el llamado río Bermejo o Abaucán o Pucamayu, derrama sus aguas en la región inundando los terrenos. De esta manera se forman pantanos que impiden trabajar la tierra.[49]
Con los años, la historia de “Esteco” o “Nuestra Señora María de la Talavera del Esteco”, que fuera instaurada por Bóman en el territorio de Bañado de los Pantanos, se integró a las “interpretaciones” de los habitantes del sector (renovadas en tres siglos, ante la ausencia de los españoles) y se consolidó como una fuente “mágica” de preservación nativa. Recientemente, se añadieron al aspecto mitológico, los resultados de investigaciones profesionales (entre otros, la Antropóloga Kusch[50] y el arqueólogo Valko[51]) quienes aportaron datos que concuerdan con los inventariados por Bóman[52], y por el arquitecto Greslebin[53] (1930)”
En tal sentido, se comprobó que en la ancestral región de Aymohil, residieron numerosas parcialidades de la Cultura Cacá hasta la época de la invasión española. Al respecto, cabe acotar que en los trabajos realizados en la década del noventa (Siglo XX) se prospectaron...


“Once asentamientos precolombinos, en una extensión de cinco kilómetros sobre la margen sur del río Pucamayo, desde el paraje denominado “Los Hornillos” hasta la confluencia del río Tuscamayo”[54]
Como poeta que bucea investigando las verdades universales, resulté influido por la mítica historia, y luego de innumerables contrastes e impericias, pude recorrer el lugar en diferentes oportunidades[55]


No exento de un lógico temor, por la presencia inquietante de peligrosos ácaros y serpientes.
En la exploración del terreno donde ¿se implantó? la ciudad, constaté la existencia de un espacio urbano de origen español, y en las adyacencias – radio de cuatro kilómetros – otros, de origen nativo, que se encontraban distribuidos de la siguiente manera: tres en la margen oeste, y dos en la margen este de un cauce menor del río Abaucán.[56] Además, un espacio defensivo alejado, rumbo suroeste, cuatro mil ochocientos metros del primero (Ejido) con cimentaciones que corresponden a espacios cubiertos para uso militar, y otros de abastecimiento y de asiento administrativo[57].
El espacio urbano de la denominada “ciudad perdida” – Pueblo del Pantano o Capilla de la Virgen del Rosario del Pantano[58] contiene vestigios de edificaciones religiosas y civiles, agrupadas en forma continua, con aperturas hacia “calles” que desembocan en un área publica, y en otra, para decantación de fluidos.[59]
En el terreno, resulta común hallar trozos o restos de elementos – cerámicos y madera – nativos y españoles, y otros de carácter arquitectónico, público y/o civil, que inducen a imaginar diferentes “funciones”, diferentes tipos de conductos (Acueductos) y también, espacios de producción de alimentos (Morteros individuales - Se destaca la presencia de bloques de adobe, con barro y liga de trigo)[60]


Por supuesto que no resulta ajena la variación mitológica citada por los actuales habitantes, reconociendo en sus voces a los nombres de “personajes” que han perdurado incólumes, ante el paso del tiempo y de la destrucción iniciada por la invasión del año 1535.[61]
Traslados lícitos o no, resulta real la existencia del asentamiento cívico militar Quechua. (Inca) que influyó en el desarrollo cultural de los asentamientos nativos ubicados al sur, “aptos” para la fundición y trabajado del cobre, y complementariamente de la plata (Ignoro la licuación de oro) bruto metálico que era transformado en barras como tributos destinados al Cusco. (El Shincal)[62]
Hecho insoslayable que coincide con mi perspectiva, ya que durante la recorrida por los parajes adyacentes, denominados “los Pozuelos” y “Quebrada de Fiango”, he observado que en las inmediaciones al espacio urbano español, se pueden observan vestigios de lo que conjeturalmente fueron tres hornos; y más alejados, paramentos de adobe desolados reconstruyendo disímiles espacios físicos...

(Uno de los cuales fue espacio religioso católico,[63] observandose la parte superior de la entrada – fenestracion con arco de medio punto, que parece simular la ubicación de un rosetón gótico – sustentada en mampuestos de barro)[64] Estos elementos estructurales parecen repetir… “¿Donde están, ciudad maldita, tu orgullo y tu vanidad, tu soberbia y ceguedad, tu lujo que a Dios irrita?”[65]

Capilla de la Virgen del Rosario o Capilla pintada.[66]

En las observaciones realizadas en el primer relevamiento (año 1999) constaté la existencia de trozos de maderas (Horcones) utilizadas en cerramientos horizontales y aberturas.
Aunque lamentablemente, en el relevamiento del año 2005 el deterioro causado por la falta de control oficial, y por la “dañina” acción de los comerciantes de cerámica nativa y elementos españoles, era notable.
Por otra parte, la arquitectura relevada en el espacio arquitectónico y urbano, parece confirmar la prelación existencial de los habitantes nativos, máxime cuando comprendo que...[67]


“se trató de un sitio de especialistas en el que coexistieron y se complementaron dos tipos diferentes de especialización, la alfarera y la metalúrgica”[68]


y que, además, las construcciones contuvieron el vuelo de las tecnologías de la época…


Los habitantes denominan a uno de los edificios con el nombre de “iglesia pintada” dado que sus paramentos – soterrados por los médanos – se encuentran pintados con figuras religiosas[69]


Hecho que revitaliza la primitiva estampa de las ciudades españolas, certificando que en la “Ciudad Perdida” cohabita la traza fundacional en damero. (Los restos de estructuras para gua potable en la esquina de la arteria más importante, lo refrendan)
Respecto del segundo espacio arquitectónico relevado, o sitio social donde se elevan los cónicos muros de las atalayas del Fuerte, hoy abandonado, he podido relevar diferentes restos arqueológicos patrimoniales, pertenecientes a un “pacha” que no debe ser ignorado si de Historia Argentina se trata.
Esta aseveración se fundamenta en la cohabitación existencial de espacios urbanos (españoles y nativos) junto a los paramentos derruidos del Fuerte restaurado por orden del Teniente de Gobernador de Londres Pedro Ramírez de Contreras…


Para el traslado de la llamada “ciudad de Papel”. Ver la acción de los españoles en el año 1635. (Luego de un ataque Cacá y la deserción de Cabrera y Garay)
La planta original del Fuerte basada en un rectángulo con su lado sur a norte de cuatrocientos metros, contiene cuatro atalayas de observacion y presidio (De las mismas, dos - la sureste y noreste pueden relevarse en forma directa - una - la suroeste - puede intuirse, y la restante - la noroeste - fue derrumbada por el cauce del Rio que la soterro definitivamente) Ademas, se complementa con la elevación de paramentos cuádruples (Se ha relevado la cimentacion) de forma cónica y truncada en su cerramiento superior. (Cual mímesis Gaudiana[70]) El muro se conserva a través gruesas capas de barro rojizo. (Característico del lugar)
En el relevamiento del año 1999, la porción edilicia existente mostraba la técnica constructiva original. Según los datos recogidos, pude observar que…


En la parte inferior del muro de la atalaya sureste, se utilizó madera de algarrobo como encastre, permitiendo que los paramentos volcaran hacia el interior del espacio cubierto. Los restos de madera de algarrobo permiten conjeturar que las vigas fueron encastradas hasta la tercera pared vertical, y, además que su posición no sólo servía a los fines de rigidizar la mampostería, sino que era utilizada como elemento de ascenso y de soporte (escaleras o entrepisos) determinando el cierre de los espacios internos, que permitían la separación y control de la población fortificada, y de las poblaciones nativas reducidas. (¿Prisioneros?)
Si bien estos espacios y tiempos “ocupados por el edificio del Fuerte” (hoy degradados u ocultos bajo el médano) rescatan la traza original (Española) no encubren el rol original, de servir como centro de protección para el espacio urbano español – Asentamiento del Pantano o ciudad Perdida – que confluía como un centro de producción de metales (Fundición de oro, cobre y plata) los que transformados en barras, se convertían en tributos de la Región Cacá destinados al Tahuantinsuyu, previo asiento y control en la ciudad Inca de “El Shincal”…


“En el valle de Quiriquiri o de Quirequire, a 30 leguas de la cordillera de Chile, estaban asentados capitanes del Inca con más de 20.000 mitimaes para sujetar a los naturales de la provincia de Londres, donde tenían minas, de las cuales extraía oro y plata para el Inca. Desbaratados por Almagro y enterados del dominio de los españoles en el Perú, se fueron en busca de otro capitán general del Inca que andaba conquistando lo que se llamó Cesar”[71]
Concordantemente, la arquitectura existencial de la Ciudad perdida (Capilla de la Virgen del Rosario en el Pantano) y el Fuerte del Pantano, se ubica en un sitio estratégico a mitad del trayecto que une a los actuales Valles de Londres y de Arauco, en las adyacencias del actual cauce del río Pucamayo o Abaucán; y tal lo aseverado, en medio de un extenso territorio que sirviera de posicionamiento a los bravíos Cacá (Para oponerse a los españoles) durante el alzamiento calchaquí en contra del gobernador Felipe de Albornoz, con la finalidad de recuperar las tierras usurpadas en los valles ubicados al sur del Aconquija, y al este de la sierra de Ambato.
Por cierto que la fama del espacio arquitectónico se extendió en el tiempo, y debido a las continuas derivaciones del cauce del río, trocó la denominación de “El Bolsón de Pipanaco” (Por el Salar[72]) dada por el geógrafo Romualdo Ardissone,[73] hacia “El bolsón de Paxsipas” (Por el nombre del Cacique Cacá del pueblo de Amangasta)[74] denominación que nuclea a todas las etnias que habitaron y residieron en el lugar… Ese mismo nombre figura en la cartografía de los siglos XVI y XVII.


“En el año 1607 Nicolás Carrizo figura como encomendero de las parcialidades de Paxsipas con setenta nativos, de Olcagasta con cien nativos, y de Amangasta con setenta nativos”[75]
Como hemos desliado, más cercano en el tiempo, Bóman recuperó el nombre de “El Pantano”.[76] Y a raíz de este intríngulis toponímico, en el año 1999 verificando los trabajos de ingeniería hidráulica que se ejecutaron en el sistema de derivación llamado “Captación de aguas del Tuscamayo”[77] (Con el objeto de llevar agua para riego hacia las plantaciones de comino en la nueva Bañado de Los Pantanos) comprendí el porqué de la amplia convergencia de datos históricos que coinciden sobre los traslados narrativos del mito de la ciudad perdida por el extenso Noroeste Argentino.
Efectivamente, ambas ciudades del NOA, Esteco y Pantano, habían corrido la misma suerte… “


La desaparición física”.
La primera…


“destruida” por un terremoto en el año 1692[78]
La segunda…


Según aseveraciones de los actuales habitantes, en las primeras décadas del siglo XIX (Con exactitud en la creciente del año 1850) debido a un aumento del nivel de las aguas del río, (Abaucán, Salado, Colorado) que indujeron al cauce para invadir los tributarios “secos”, sepultando al pueblo español del Pantano… el río – Pucamayo o Abaucán – causó una inundación devastadora en el año 1850.[79]
Con paciencia de “arquitecto impaciente”, he rescatado la ruta seguida por el Fuerte, la Ciudad Perdida y sus habitantes[80], cuyos sobrevivientes luego del fenómeno natural, se trasladaron hacia las zonas más altas de los faldeos de la sierra de Velasco, concatenando en sus historias la mitología del lugar.
Y aunque en este nuevo lugar, residen actualmente los descendientes, los nombres procesaron un cambio dialectal manteniendo el argumento, pues el nuevo asentamiento siguió “conectado” al cerro desde donde se extraían los codiciados metales, incluyendo el nombre de un “pueblo o asentamiento minero” que se “ubica” (Según el narrador de turno) en las altiplanicies de la sierra de Velasco (sector de confluencia con el paso hacia el Valle Vicioso en el límite con Catamarca) y que se llama Anquin. (En realidad, este pueblo que Quevedo cita como “Yulcagasta” se ubicaba en el nacimiento de la Quebrada de Fiango – ¿Huiyllanco? – sobre el Cerro “El Pabellón)[81] Entonces, el mito logra apropiarse de la historia, y la ciudad se “pierde” irreversiblemente…


Curiosamente en la zona de Bañados, sus habitantes, reacios a iniciar comentarios con buceadores de historias, aseguran que en la cima del Velasco existen “restos” de una ciudad llamada con el mismo nombre del cacique Cacá Anquin, que posteriormente se conociera como Anquincruz. [82]

Fuerte del Pantano.[83]

Si bien son múltiples los detalles que diferencian las historias de las ciudades perdidas en el NOA, la principal reside en que la “Ciudad perdida” del norte riojano incorpora el nombre de la primigenia “Buenos Aires” en el Valle de Aymohill, o Aymocaj (Arauco, Bañado de los Pantanos) asegurando que la fundación de ésta se produjo en una fecha anterior a la segunda fundación de la portuaria capital de la República Argentina, dado que…


“Los españoles llegaron, porque en la ciudad de César, Linlín o la Trapalanda, había Incas, pero también oro”[84] ya que todos sabían… sobre los Ingas que se asentaban en Londres como gobernadores del imperio del Cusco, y que, además, cobraban los tributos en oro y plata que extraían en el valle de Londres y del Pantano para enviárselos al Inca (…) cuando llegó Almagro a las proximidades del paso de San Francisco con dirección a Copiapó, los Incas estaban trasladando oro hacia el Cusco (90 andas con 90.000 Pesos en oro fino de 22 quilates en tejuelos señalados con la marca del Inca)”[85] y, también, porque al…“ enterarse los nativos de la entrada (de los españoles) al Cusco, se retiraron de los valles citados, iniciándose con su traslado la leyenda de la ciudad de los Césares o Linlín, que se levantaba en la cadena montañosa que divide el Valle Vicioso del Valle de Famatina (Actual Sierra de Velasco entre San Blas de Los Sauces y Arauco)”[86]


Respecto del nombre y de sus variaciones, no es absurdo suponer que el “calificativo de la destruida ciudad de Pedro de Mendoza” haya sido rescatado por los adelantados que penetraban desde el norte. Aunque es preciso señalar que la narración sobre la “Ciudad perdida de los Buenos Aires y el Rey Blanco” sigue análogamente el argumento de la narración sobre la ciudad de “Esteco”.

Fuerte del Pantano – Edificio principal.[87]

En la tercera década del siglo XVII el nieto de los fundadores de Córdoba y de Buenos Aires, Jerónimo Luis de Cabrera y Garay, obligado por la resistencia de los caciques nativos se ve forzado a recluirse, y para ello traslada la ciudad de “Londres” a los faldeos del Ambato (Pomán)[88] – en un lugar cercano ¿a la mítica ciudad de las siete iglesias? – en forma paralela, decidido a consolidar la estrategia española, ordena elevar los muros de fortificaciones defensivas[89] entre diciembre del año 1632 y febrero del año 1633. Si bien los muros cobijaron a los españoles, no impidieron la avanzada Cacá.
Por ello, y a efectos de contrarrestar el movimiento español, los Jefes nativos urdieron una estratagema basada en un aluvión sobre los terrenos del Fuerte, y para ello derribaron los diques de contención de agua para riego – construidos en el cauce del Abaucán – permitiendo la inundación de los arenosos terrenos. La caballería española se vio “empantanada entre los medanos” perdiendo la operatividad…


La avanzada nativa indujo al capitán español a cargar cuanto podía, y tras ordenar a sus hombres la huida, encauzó las filas con destino a la ciudad de “Todos los Santos de la Nueva Rioja”.
En febrero del año 1635, El gobernador del Tucumán, Albornoz, decide separar a Cabrera y Garay, y para ello ordena que Pedro Ramírez de Conteras asuma como Teniente de Gobernador de Londres. (La orden determinaba que Cabrera y Garay, debía recuperarse en la ciudad fundada por Velasco) En el mismo ínterin los guerreros de Chelemín atacan la fortificación de Famatina, acción que impulsó la reacción del nuevo Teniente de Gobernador, quien a efectos de defender a sus hombres, restaura uno de los maltrechos Fuertes de Cabrera y Garay.
El intento se transforma en éxito, y ello le permite a Ramírez de Contreras allanar la situación en el Valle, y tras la definitiva reconstrucción del Fuerte en el año 1635 (Actual Fuerte del Pantano) resuelve trasladar la ciudad de Londres – jurisdicción – hasta el mismo, y al mismo tiempo obtiene la apertura del espacio tiempo español en el valle, ya que desde ese mismo instante los españoles se asientan definitivamente en lo que luego se conocería como “Pueblo español del Pantano” – posteriormente conocido como “Ciudad Perdida”.

Capilla de la ciudad perdida (croquis del autor)


La firmeza de la defensa militar, que es reconocida a la Virgen del Rosario (Imponiendo la imagen que había sido traída desde el pueblo nativo de Manchingasta) obliga a Ramirez de Contreras a ordenar la elevación de una capilla en el nuevo pueblo en advocación a la Virgen, y ceder el edificio y la atalaya del Fuerte en advocación a San Blas, por lo que el mismo transigió llamarse “Fuerte de San Blas en el Pantano”.[90] Luego, el español da inicio a la persecución de Chelemín (Se eleva el Fuerte de San Felipe de Andalgalá) a quien apresa en el Valle de Hualfín. (El final del nativo ya ha sido relatado)
Debido a la presencia de estos bastiones se incentiva la migración de encomenderos españoles, quienes mestizaron con los nativos evolucionando hasta los años de la independencia…


En ese lapso histórico, los nuevos pueblos españoles fueron abandonados a su suerte por el lógico cambio de la ruta comercial entre Potosí y el Puerto de Buenos Aires; y el pueblo del Pantano no fue la excepción.
En el año 1850, una creciente del río Abaucán invadió los antiguos cauces, y arrastró el médano acumulado en los tributarios secos, sepultando al pueblo español del Pantano.


(Los sobrevivientes decidieron trasladarse al actual sitio de la ciudad de Bañado de los Pantanos, y la imagen de la Virgen del Rosario fue trasladada a sitio seguro, en el pueblo del Agua Caliente)
La cita precedente, confirma que antes de este trágico período histórico, el Fuerte de San Blas del Pantano[91] (Del cual se conserva un extremo del Presidio y partes de las atalayas[92]) sirvió como lugar de control para la extracción de minerales dada su cercanía con la mina “El pabellón”. (Actual sierra de Velasco)
A efectos de cerrar este análisis sobre la ciudad perdida del pantano, e imbuido de la mística que otorga penetrar en un recinto que contiene las voces de sus habitantes originarios, conjeturo que la realidad se contrapone a la fábula, y para sustentar la suposición concedo respeto a los actuales pobladores cuando aseguran que la riqueza cobijada en la ciudad fue ocultada para preservarla de la avaricia española, y la sangre derramada por las espadas y armas con percutor, fue expiada por Tonapa, quien en señal de castigo cambió el cauce del río…


hasta que los espíritus de los nativos se serenaran en la contención de sus dioses.
La perspectiva del agnóstico induce a sospechar que luego del natural transcurrir del tiempo, el río ocupó el actual cauce natural, y sobre la cuenca seca que sepultara al pueblo del Pantano, comenzó a cruzar un “misterioso viento blanco” que redescubrió los edificios de la “Ciudad perdida”…


Un viento que es conjurado por el eterno cuidador mítico, a fin de expulsar a todo el que quiera robar los tesoros que allí se guardan.[93]

Atardecer en el Fuerte del Pantano.[94]

Por lo tanto, resulta incontrovertible comprender que en el tiempo descendente de los “invasores españoles”, posterior a la “violenta pacificación” del Valle de Aymohill, o Aymocaj, una excepcional creciente del Abaucán abrió el suelo para que la ciudad desapareciera. Y a raíz de ello las construcciones cedieron bajo el impulso de las rojas aguas; mientras seguros y lejanos, sólo los muros del Fuerte permanecieron en su sitio original… Los que he tocado con mis manos ¿Son esos muros?
La iglesia relevada fue cubierta por la arena, que se llevó hacia la oquedad de la tierra el secreto de sus tesoros y documentos. Marginalmente, el viento zonda se transformó en pánico y ardor incendiando los bosques de algarrobos, cuyos troncos servían de combustible para fundir el cobre y la plata extraída de las cavernas del Cerro el Pabellón. (¿También el oro?)
La “Ciudad del Pantano” entonces, se transformó por acción de los hombres y los dioses, en la mítica “Ciudad perdida de los Buenos Aires gobernada por un Rey Blanco”. Leyenda que fue ungida por las “bocas de la precordillera” bajo ríos de médano y agua, como una mímesis de lo ocurrido con las entradas a las cavernas de la Quebrada de Huiyllanco…


Por ese motivo callan los pobladores… Y del silencio sobreviene el silencio…


Hasta que algún extraño “retorna” para desentrañar la historia; en ese momento se acercan para infundirle temor y lograr que desista de su intento. Al hacerlo, ceden partes de la historia y aseguran que algunas veces, cuando “Pococho” lo permite, las finas arenas se mueven dejando libres o descubiertas a las construcciones…
De ese modo, los privilegiados testigos se fascinan con las magnificas iglesias, y las imágenes revestidas de oro y de plata.[95]


Otras veces, según relatan, algún desprevenido visitante ignorante de la presencia del Centinela[96] o cuidador de los tesoros de la ciudad perdida, intentará llevarse alguno de ellos. Pero eso no los preocupa, ya que antes de realizar su mala acción, el forastero se verá sitiado por un violento viento que lo trasladará hacia otro lugar del Valle sin que pueda impedirlo… Así, hasta que desista de su intención.
En la actualidad, el cauce del Abaucán (Junto a los cauces que del mismo derivan, y sus tributarios, por ejemplo el Uscamayo) no exhibe el caudal que guiara a Diego de Almagro hacia Copiapó, y que luego ensalzara Cieza de León. Tampoco se muestra como el magnifico río que sedujera a Diego de Rojas para hallar la ciudad de César, o Jungulo, o Linlín, o La Sal…
“O la ciudad de oro que se abría sobre el río Arauco”. [97]


Aunque es posible imaginar la conmoción de los invasores españoles, cegados por el sol mítico que se mostraba en un oculto lugar del nuevo continente.
Pero no termino aquí la narración, pues luego de recorrer el territorio, asombrado por la historia que cobijan los médanos del Valle; cual “Qamayoq” o “Sintisi” o “Tabor”, me encontré solo ante la presencia quimérica de la historia, y pude contener mi fantasía transformada en realidad…








En definitiva, las conjeturas del agnóstico fueron permitidas, ya que las leyendas y la realidad tienen un punto de confluencia…[100] pues todo aquel que visita la mítica “Ciudad Perdida de los Buenos Aires y el Rey Blanco” en la región de “La ciudad perdida del Pantano” [101] (Por la que tanta sangre desaguaran los invasores españoles) contará, como me ha sucedido, con la persistente vigilancia de un Centinela, quien sólo consentirá observar los hornos de fundición, y los muros de adobe de lo que alguna vez fueron ¿Edificios civiles? ¿Religiosos? pero nunca la ¿fastuosidad? de la ciudad sepultada por los médanos…


Luego, otra vez sobrevendrá el silencio...
Como el relato sugiere, lo mismo sucedió con la ciudad de “Esteco”, y es probable que la “Ciudad perdida del Pantano” o “La ciudad perdida de los Buenos Aires, gobernada por un Rey Blanco”, haya sido destruida por la impetración de los nativos a su dios, como consecuencia de la intrusión invasora de sus tierras.
Al respecto, los jóvenes de la actual población han incorporado diversos personajes a la historia original. Y tal como sucede en las citas sobre la ciudad perdida de “Esteco”, algunos atestiguan que…


un religioso que ofrecía sermones en ¿las iglesias? fue expulsado porque criticaba el modo de vida licencioso de sus habitantes.[102]


Y que…


con el paso del tiempo el sacerdote regresó, pero para maldecir el lugar. Por ese motivo la ciudad se encuentra bajo la influencia de un “hualicho”.[103]
Otros sobre el…


religioso que anticipó la destrucción[104] (Al que nadie escuchó)


E introducen variantes sobre la destrucción, que incluyen al terremoto, o a una erupción del volcán “El Manchao”, o una creciente del río Abaucán.


Y, además, que…


Todos los vecinos consultados hablan de la Ciudad Perdida de las siete iglesias, en el paraje Los Hornillos.[105]

Fuerte del Pantano. Izq. (Norte) se observa una de sus atalayas.[106]
23º 15’ y 28º 20’ (Latitud sur) 66º 42’ y 66º 55’ (Longitud oeste)[107]

Finalmente, los ancianos aseguran que…


el centinela (Qamayoq) que vigila, es en realidad el espíritu del nativo Sintisi (de allí centinela) que fuera ahorcado por orden del Teniente español Jerónimo Luis de Cabrera y Garay [108]
Como sarcástica conclusión de esta tercera parte sobre el mito de la ciudad perdida del pantano, me permito conjeturar que los restos de los hornos donde se fundían los metales (Paraje “Los hornillos”) tal vez conserven, junto a los derruidos muros del Fuerte restaurado por Pedro Ramírez de Contreras, la historia olvidada por la historia conocida. (A la cerámica, a las tejuelas desparramadas por la zona, y a las torres de la construcción religiosa)


Esa que atestigua que la Ciudad oculta bajo los médanos del Valle Vicioso, de Aymocaj y de Palcipas, es en realidad la mítica ciudad de los Césares, que recibiera los nombres de Linlín, Yungulo, La Sal, o Trapalanda, citadas por Alonso de Tula Cerbín y por Juan Ramírez de Velasco. La misma, que quizás cobije los tesoros ocultos por nuestros antepasados, donde se resguardan celosamente las actas de fundación de las ciudades del Valle, o los escritos traspapelados de los religiosos Barzana, Cobo, Angulo y Añasco, confirmando que el verdadero nombre es...


“Ciudad de los Buenos Aires del Rey Anquincruz”.
Erráticamente, el día 30 de diciembre del año 1966, por iniciativa del Prof. Julián Cáceres Freire, el Poder Ejecutivo Nacional por Decreto Nº 5175 declaró al lugar como Monumento Histórico Nacional[109], protegido en el marco de la Ley 12.665 como “Yacimiento histórico arqueológico Fuerte del Pantano”, expresando en su artículo segundo que…


“La Comisión Nacional de Museos y Monumentos y Lugares históricos, convendrá con las respectivas autoridades la forma de proceder a la conservación del lugar, y de las reliquias que en él se hallaren”

Fuerte de San Blas en el Pantano.[110]

Tristemente, como he afirmado, en el séptimo año del tercer milenio después del nacimiento del hijo de Dios, nada delimita la zona, y, nada además, divisar señales de que alguien la proteja.


Irónicamente, inmersos en el existencialista “Tiempo Circular”, y tal como una paráfrasis de la leyenda de la ciudad perdida del Pantano, puedo revalidar que también nosotros hemos sido inhibidos con la asistencia de inexistentes “señales”; fundamentalmente, por haber permitido una educación como “descendientes de los barcos”, e inequívocamente, porque también a ellos…


(A los españoles) La necesidad los llevó a expresarse por señas, con las cuales llegaron a entender que tributaban (Los nativos del valle vicioso) adoraciones al sol y a la luna, como supremas deidades[111]
Divinidades, que por inhibición desconocemos, y que por cultura negamos, pero que indudablemente forman parte de nuestro propio “pacha”…
De nuestro propio espacio tiempo existencial…
Como el desaparecido pueblo del Pantano y el derruido Fuerte de San Blas.
Que sin vida, sólo residen, poética e históricamente.[112]



[1] Fotografía de la colección de imágenes del NOA. Del Arq. Víctor José Stilp Piccotte.
[2] Nardi, Ricardo. “El Kakán, lengua de los Diaguitas” Pág. citada. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[3] Lummis, F. “Exploradores españoles del siglo XVI” Barcelona, España 1922.
[4] Resulta concordante afirmar que gracias a la búsqueda del mítico lugar por parte de “sus súbditos”, la corona española se vio favorecida con la exploración de todo el territorio “descubierto”.
[5] Pasenkiewicz, Jadwiga. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[6] Lummis, F. sobre Jasón y los argonautas, mito de la antigüedad. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[7] Caboto, J. S. “Diario de Viaje” 1527.
[8] Guzmán, Ruy Díaz de. “La Argentina” Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[9] Testamento de Isabel la católica.
[10] Guzmán, Ruy Díaz de. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[11] Guzmán, Ruy Díaz de. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[12] De Angelis, Pedro. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[13] Guzmán, Ruy Díaz de. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[14] Basta decir que Hiram Bingham, cuando en 1912 descubrió la ciudadela de Machu Pichu en el Valle de Yucay, imaginó haber alcanzado la inmortalidad por develar el misterio de la leyenda. Igual metáfora podría aplicarse a Gene Savoy, cuando en 1964 descubrió la ciudadela de Vilcabamba, que estaba considerada como la capital del refugio Inca en la selva; y también, al grupo de exploradores comandados por Peter Frost, que en el año 2004 halló la ciudadela de Corihuayrachina, a 3352 metros sobre el nivel del mar, en el distrito de Santa Rosa, ubicado en la cordillera meridional del Perú. Binghman falleció en Londres en el año 1956 – año de mi nacimiento – convencido de que la ciudadela era la “puerta” hacia el sueño de oro y de plata.
[15] Cavada, Francisco. “Carta a Caboto”. Cavada era el capitán de los adelantados españoles en la expedición de Caboto.
[16] Del Techo, Nicolás. Ob. Citada. “El primero en visitar la región del Tucumán fué un soldado de Sebastián Gaboto, llamado César, quien el año 1530, con el objeto de abrir un camino al Perú por el río de la Plata, se embarcó con tres compañeros, y vió su audaz empresa favorecida por la suerte; atravesó tierras aún inexploradas, yendo por medio de montañas ásperas y lagunas y recorrió el Tucumán, las fronteras de Chile y gran parte del Perú (…) De las tierras que descubrió se han contado muchas fábulas, las cuales, después de un siglo, todavía fascinan el ánimo de no pocas personas, quienes tienen por cierto que en ellas hay plata y oro en abundancia y un pueblo noble de civilización adelantada (…) Cinco años después, cuando el gobernador D. Pedro de Mendoza construyó el fuerte de Buenos Aires á orillas del río de la Plata, cinco soldados memorables por su audacia huyeron al Perú por el Tucumán, y allí encendieron los ánimos de sus compañeros con la esperanza de conquistar una región dilatada.”
[17] Sánchez, Osvaldo H. “Ayer para conocernos hoy” 2004 Córdoba.
[18] Pasenkiewicz, Jadwiga. “La gran época olvidada de la historia americana” Editorial almagesto. Buenos Aires. 1997.
[19] Guzmán, Ruy Díaz de. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[20] Relatos sobre el hundimiento de navíos, abundan en la mitología post invasión, de todos se destaca el presente, y el descubrimiento de los cajones con las imágenes del Cristo crucificado y la Virgen del Rosario, que el Obispo Vitoria había enviado desde España con destino a Salta y a Córdoba del Tucumán.
[21] Años después, esta variante del mito original conmocionó al Fraile Francisco Meléndez (descubridor del Nahuel Huapi) quien indagó sobre las historias originadas en Asunción y en el Cusco; base sobre la que situó imaginariamente a la ciudad, centrándola en un punto del actual sur argentino junto a la cordillera (El fraile murió mientras intentaba llegar a la ciudad, que en realidad resultó ser nuestra conocida “Carmen de Patagones”)
[22] Guzmán, Ruy Díaz de. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[23] Martínez Martín, Carmen. “La Gobernación del Tucumán en la época española: aspectos geo históricos” Universidad Complutense de Madrid. www.ucm.es
[24] Lozano, Pedro. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[25] Guzmán, Ruy Díaz de. Ibídem. ( Pedro. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)

[79] Bóman, Eric. “Estudios arqueológicos riojanos” Anales del Museo Nacional de Historia Natural Bernardino Rivadavia. Años 1927 a 1932.
[80] Relato sobre la ciudad perdida del Pantano.
[81] Príncipe.
[82] El actual (2005) Director de Turismo de la Municipalidad del Dpto. Arauco, convalida la presunción de una ciudadela ubicada en la altiplanicie del Velasco, afirmando que existen habitantes de San Blas de Los Sauces que han llegado hasta ella.
[83] Fotografía perteneciente a la colección de imágenes del NOA, del Arq. Víctor José Stilp Piccotte. (Germán Stilp y Ariel Carrasco)
[84] Cerbín, A. de Tula. (Cit.J. R. de Velasco) Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[85] Levillier, Roberto. Cartas Anuas. Ibíd. Cit. en Anexo sobre bibliografía general.
[86] Levillier, Roberto. Ibíd. Carta citada y detallada en Anexo sobre bibliografía general.
[87] Croquis de interpretación. Por el arq. Víctor José Stilp Piccotte.
[88] Aunque el español conocía la existencia de ese nuevo pueblo español en el Valle, que lejos de ser mítico se encontraba.
[89] En la desembocadura de la Quebrada de Fiango elevó el primero, luego otro entre Amoyamba y Machigasta, y finalmente en Nonogasta, lugar donde acabó con la resistencia nativa encabezada por el cacique Coronilla, a quien luego de apresar, ordenó darle muerte tal la usanza española. (atadas las extremidades del Cacique a cuatro caballos)
[90] El día 2 de febrero de cada año, se celebra en Los Sauces, la fiesta en honor a su patrón: San Blas.
[91] El Poder Ejecutivo Nacional, por iniciativa del Prof. Julián Cáceres Freyre declaró al lugar como Monumento Histórico Nacional (30 de diciembre de 1966 por decreto 5175)
[92] En el año 2007 continua un rápido proceso de deterioro.
[93] Como aseguran los habitantes, Tal vez sea esta, y no “Esteco” la ciudad de Los Césares que en vano buscaron los invasores españoles.
[94] Fotografía perteneciente a la colección de imágenes del NOA, del Arq. Víctor José Stilp Piccotte. (Germán Stilp y Ariel Carrasco)
[95] Relato recogido en la zona.
[96] En las audiciones he registrado el nombre de “Sintisi” “Qamayoq” y “Tabor”
[97] Cieza de León, Pedro. Ob. Citada. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[98] Fotografías de Ariel Carrasco y Germán Stilp.
[99] En el año 1970 la NASA confirmo que el salar de Pipanaco, que se encuentra en el límite de las provincias de Catamarca y La Rioja, entre los Valles de Andalgalá, Belén, Pomán y Arauco, es uno de los lugares especiales con que se cuenta en el Planeta, a efectos de detectar rayos cósmicos.
[100] Cito que de las fotografías que tomé durante la recorrida, sólo he podido recuperar las que obtuve del Fuerte español y no las de la ciudad perdida.
[101] En el censo del año 1795, cuyo original se conserva en el Archivo del Arzobispado de la ciudad de Córdoba, se cita al pueblo de la capilla del Pantano. (Ver en detalle el Umbral Nº 3. sobre el censo realizado por El Padre Pedro Antonio de la Colina)
[102] Similitud con la narración de la ciudad perdida de Esteco, recopilada por Berta Vidal de Battini.
[103] Esta variante se confunde con una invención popular, la cual asegura que Francisco Solano de paso por el Valle Vicioso y de Aymocaj, tuvo tan mala impresión de los habitantes del pueblo del Pantano, que cuando salió con destino a la ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja, se sacó las sandalias para sacudirlas, no fuera que algún grano de arena de aquel Valle le acompañara.
[104] Algunos narradores del lugar, incorporan la figura del padre Solano (Mas tarde San Francisco Solano, fallecido en la ciudad de Lima) quien debió marcharse del lugar, triste ante la indiferencia de los pobladores, de manera tal que antes de tomar el camino hacia Aimogasta, sacudió sus sandalias, para que no se marchara con él ninguna piedra o arenilla del lugar.
[105] Datos extractados de la cita anterior. (Julián C. Freires cita una frase similar atribuyéndosela a Bóman.) Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[106] Fotografía perteneciente a la colección de imágenes del NOA, del Arq. Víctor José Stilp Piccotte.
[107] Fotografía perteneciente a la colección de imágenes del NOA, del Arq. Víctor José Stilp Piccotte.
[108] Los relevamientos posteriores han perfilado la ubicación de diferentes “cementerios”, cuyo método de inhumación es similar al utilizado en los enterratorios nativos de Aimogasta, y de Machigasta.
[109] “Visto este expediente Nº 113603 la Secretaría de Estado de Cultura y Educación (…) solicita la declaración de Monumento Histórico para las ruinas del fuerte denominado “El Pantano” (…) que dicho lugar constituye un establecimiento militar y reducción de indígenas, fundado en 1632 (…) en oportunidad del alzamiento calchaquí (…) que existen en el lugar restos de edificaciones construidas por naturales de la época, y cuya antigüedad puede datar del siglo XVI (…) puede clasificarse como elementos de equitación donde sobresalen por su variedad y riqueza, los estribos y objetos de culto religioso y adornos (…) El Presidente de la Nación decreta: Articulo primero: Declárase Monumento Histórico al Yacimiento arqueológico conocido como Fuerte del Pantano (…) Decreto 5175 del 30/12/1966”. Mucho tuvo que ver en el logro del presente decreto la labor del antropólogo cultural Profesor Julián Cáceres Freyre.
[110] Fotografía perteneciente a la colección de imágenes del NOA, del Arq. Víctor José Stilp Piccotte. (Ariel Carrasco y Germán Stilp)
[111] Lozano, Pedro. T. IV. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[112] Contrariando lo dispuesto por la Ley citada en el Tomo I, en el Museo Arqueológico de La Rioja, “Inca Huasi” se encuentran diferentes objetos pertenecientes a las culturas que habitaron el Valle de Arauco. (ídolos de laja, fetiches de piedra, quirquincho de piedra, diversos pucos y urnas funerarias, pipas con caño bifurcado para la inhalación del polvo del cébil, hachas de piedra, estatuas erectas, entre muchos más)
Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[26] Canals Frau, Salvador. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[27] Nacido en Trujillo, Extremadura, España.
[28] Documentos del Archivo Histórico de Perú.
[29] ¿Extraña similitud con la historia de Diego de Almagro?
[30] Ciudad sobre el río Eúfrates que fuera cegada por la implosión del gas natural que contenía el terreno sobre el que estaba asentada. (Se conjetura que ésta fue la mítica Gomorra)
[31] Aunque la relación carnal entre Lot y sus hijas. Permite conjeturar la traslación de la maldición mítica.
[32] Si bien existe documentación sobre el nombre y apellido de cada uno, los diferentes estudios realizados no coinciden sobre los mismos. Razón que me induce a su lógico “olvido”.
[33] Documentos del Archivo histórico de Perú.
[34] Martínez Martín, Carmen. “La Gobernación del Tucumán en la época española: aspectos geo históricos” Universidad Complutense de Madrid. www.ucm.es
[35] Guzmán, Ruy Díaz de. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[36] ¿Por Asticku, que significa pasaje?
[37] Vásquez de Espinosa, Antonio. “Compendio y descripción de las Indias occidentales” BMUNC Transcripción de Charles Upson Clark. Smithsonian Institution Washington, EEUU, 1948.
[38] Vásquez de Espinosa, Antonio. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[39] Vidal de Battini, Berta E. Precursora en el rescate de la mitología popular Argentina.
[40] Es esta la etapa que ignora el Licenciado Marcelo L. Valko (“La ciudad perdida de Bañado del Pantano, Un mito centenario”) pues de estas narraciones derivan las historias impostadas en el noreste de La Rioja, luego de las exploraciones efectuadas por Adan Quiroga y Eric Bóman a comienzos del siglo XX.
[41] Battini, Berta E. Vidal de. 1960 “Cuentos y Leyendas populares de Argentina” Selección – Consejo Nacional de Educación – Buenos Aires.
[42] Del Techo, Nicolás. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[43] ¿Terremoto?
[44] En relación con el mito, la historia asegura que la ciudad de “Esteco” no desapareció por los efectos colaterales de un terremoto, sino que se fue despoblando paulatinamente por diversos motivos. El obispo Melchor Maldonado Saavedra, que visitó la ciudad en 1634, dijo que “Se trataba de una villa pestífera, cono no más de sesenta casucas en medio de malezas llenas de tigres, sapos y culebras, con los mayores temblores que yo he visto en las indias” www.eltribuno.com.ar
[45] Vásquez de Espinosa, Antonio. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[46] Plath, Oreste. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[47] Por Londres de la Nueva Inglaterra.
[48] Croquis de un relevamiento efectuado por el autor en el año 1999.
[49] Lozano, Pedro. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[50] Kusch, María Florencia. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[51] Valko, Marcelo L. “La ciudad perdida del Bañado del Pantano, Un mito centenario” Latin American Studies Association, XXIV Internacional Congreso Dallas 2003. University of Pittburgh.
[52] Boman, Eric. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[53] Greslebin, Héctor. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[54] Kusch, Maria Florencia. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[55] La primera en el año 1999 y la segunda en el año 2005.
[56] Existen otros no explorados.
[57] Los Jesuitas citan a éste lugar como “Reducción del Pantano”.
[58] Según el censo del año 1795.
[59] Posible estanque para almacenamiento de agua potable, aunque la corroboración científica, necesita la incorporación de fuerzas mecánicas que permitan el movimiento de los médanos que lo cubren
[60] Lamentablemente, desde julio de 1999 – fecha del primer relevamiento – hasta mayo de 2005 – fecha del último relevamiento – he constatado que los “huaqueros” han “despoblado” de restos arqueológicos al lugar. Todo ello ante la desidia oficial, a pesar de mis continuas advertencias.
[61] Nombres, apellidos y topónimos que he podido cotejar con los padrones consultados.
[62] En el acto de Jurisdicción de la fundación de la primera Londres de la Nueva Inglaterra, no figura pueblo alguno con el nombre de “El pantano”.
[63] Ardissone, Romualdo. Geógrafo e investigador de la zona, afirma que “Se otorgó a la zona el nombre de Bolsón de Pipanaco, pero no seria correcto utilizarlo, ya que Palcipas o Paccipas era el nombre de las etnias existentes en el lugar en tiempos de la conquista, nombres que también figuran en la cartografía histórica de los siglos XVII y XVIII, por lo cual debería denominarse “El Bolsón de Paccipas”. (Acoto que en la cartografía jesuita de la época figura como Palcipas)
[64] En el censo del año 1795, y en anteriores documentos, se cita que el pueblo del Pantano sólo tiene una capilla.
[65] Becco, Horacio Jorge. 1960 “Cancionero Tradicional Argentino” Fragmento – Editorial Hachette – Buenos Aires.
[66] Croquis de interpretación de la Iglesia Pintada, por el arq. Víctor José Stilp Piccotte. “Sobre los restos de una construccion que emerge de las dunas en el sitio del antiguo Pueblo del Pantano”
[67] He hallado restos de elementos (que he vuelto a cobijar debajo de la fina arena) de forma rectangular (Juzgo sobre la forma ya que no se encuentran completos) que presumo fueron utilizados como “baldes” para el acopio de metales fundidos.
[68] Kusch, Maria Florencia. Ibídem. (Obra det. en Anexo II, Tomo V)
[69] En la recorrida sobre el sector oeste de esa virtual “plaza”, he hallado restos de cinchas y tejuelas.
[70] Por el arquitecto catalán, Antonio Gaudí.
[71] Levillier, Roberto. Ibíd. Carta de Blas Ponce, citada y detallada en Anexo sobre bibliografía general.
[72] Una denominación que creo es errónea dada la abundante datación de los cronistas citando la ubicación de ese bolsón salino más cercano a los faldeos del Ambato, y a las ciudades de Colpes, Saujil y Andalgalá.
[73] El salar de Pipanaco es una gran salina que limita a la provincia de Catamarca (70%) y a la provincia de La Rioja (30 %) en la zona noreste de esta última. En sus profundidades se cobija el depósito de los acuíferos provenientes de la sierra de Famatina y de la sierra de Aconquija. (Lamentablemente las explotaciones mineras que se producen en la actualidad ponen en riesgo la calidad de este bolsón de agua potable, sin que las autoridades de ambas provincias hagan algo al respecto)
[74] Aunque este pueblo indio, ya desaparecido, se ubicaba como primera parcialidad, entre los pueblos de Los Sauces y Pituil.
[75] Doncel, Gaspar. Informe al Rey, del Teniente Gobernador de Todos los Santos de la Nueva Rioja, sobre los indios de Londres y su jurisdicción. (1607)
[76] Por la leyenda de la inundación que impidió la orden de Jerónimo Luís de Cabrera y Garay.
[77] 1998 a 2002.
[78] Lozano,

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