viernes, 9 de marzo de 2012

ESE PRECIADO ELEMENTO

HISTORIA DE UN RECLAMO


Relación desde 1536 hasta 1800





Por el arquitecto Víctor José Stilp Piccotte®


Reservados todos los derechos


Extractado del libro: Huaymocacasta, inhibición histórica de la Argentina® 2006




Prólogo





La impostación llevada adelante por los invasores españoles, suplantando al idioma natural, las formas de vida y las creencias monoteístas – Dios europeo – impactó la conciencia que sustentaban las culturas del noroeste argentino, ausente de pecado y especialmente nutrida por la “cercana presencia” de un panteón asequible… Tonapa[1], Anti[2], Paxni[3], Chiqui[4], etc.


Ello generó, detrás de las fallidas insurrecciones, el sometimiento que llevó a la pignoración de los pueblos originarios.


Esta “atroz capitulación” ha sido referenciada en diferentes documentos – cartas y relaciones – enviados por los Jefes de la gobernación del Tucumán (Tucumanahaho) al Rey ultramarino, omitiendo la realidad que los guiaba, que no era otra que apropiarse de los minerales que residían – aún residen – en las montañas del NOA, y fundamentalmente erigirse en dueños del agua, que encauzada a cielo abierto penetraba en los semidesérticos valles intermontanos.


Los originarios, privados de su ancestral cultura y del influjo Inca prorrumpido en “El Shincal”… 7 Km. al oeste de Londres, Catamarca. Sólo pudieron contemplar el exterminio (Amoyamba, entre muchos más) y se vieron obligados a la entrega violenta de sus bienes tangibles e intangibles.





Historia de un reclamo





En la segunda década del tercer milenio, los patriotas federales que sobreviven las migajas de lo que alguna vez intentó ser Argentina, saben que la división geopolítica instaurada en el siglo XX, ha generado un pensamiento perverso, unitario y distante – en el tiempo – del sentimiento Federal que prohijó al resto de las naciones de Abya Yala[5], al sur de la ciudad de “Santa María la Antigua de Darien[6]”.


Sin embargo, es la investigación poética, quien señala que… En la costa izquierda del río Tarena (Tarcone, o Dariena, o Daryen) Enciso y sus hombres establecieron una colonia con el nombre de Santa María la Antigua, que fue colocada bajo protección de la Virgen María.[7]


Por ese entonces, Vasco Núñez de Balboa que acompañaba a Francisco de Enciso, resultó elegido como Alcalde de la nueva ciudad, y durante la celebración de los juegos consagrados al sol, ocurre un hecho que marcaría a fuego la llegada de los nuevos adelantados españoles. Efectivamente, en ese particular evento organizado por los habitantes originarios, Balboa conoce a Anayansi, una princesa local que es entregada por su padre como prueba de amistad hacia los desconocidos visitantes. La joven, que es aceptada por el español, se enamora del poderoso Jefe, y le transmite una por una las míticas historias de su pueblo.


Balboa, ambicioso, se “apropia de aquellos héroes legendarios, y torna en alucinación la búsqueda del templo de la fabulosa Dabaibe”[8] transformando su misión en una exploración que ronda la ceguedad y la obsesión.


Esta es la cognición que conmueve los planes del español, máxime cuando es alimentada por las palabras del Cacique Kareta (Padre de la joven)… “Si tan valioso es este oro para vuestros ojos, y sólo para poseerlo abandonáis vuestra patria, exponiéndoos voluntariamente a toda suerte de peligros. (Debo decirte que) tras aquellos montes que al sur se levantan, existe un dilatado mar frecuentado por un pueblo que cual vosotros, posee barcos con velas y remos; su rey come (en vajilla de) oro, y el país está cruzado por ríos que son riquísimos en dicho metal, tan abundante allí como aquí el hierro”[9]


Balboa no dudó y se lanzó hacia aquel tesoro legendario, pero tras penosos avatares nada halló sobre la fabulosa ciudad. Fracasada la misión, sólo contuvo la esperanza de llegar hasta la ciudad de la que había sido ungido Alcalde… Allí toma conocimiento del abandono por parte de la princesa nativa.


Casado por despecho con una española que le había acompañado en la travesía, es desautorizado como gobernante por el Rey, enviando en su reemplazo a Pedro Arias Dávila – Pedrarias – quien secundado por Francisco Pizarro ordena la captura de Balboa y un posterior juicio, el cual concluye con su muerte y la de cuatro de sus ayudantes… La cabeza de Vasco Nuñez de Balboa, que se había casado con la española María Peñalosa en desaire a la voluntad de Anayansi, rodó en la mañana del 13 de enero de 1519.[10]


Con la muerte de Balboa, la leyenda del templo de oro de Dabaibe se diluye. Un hecho de mayor importancia ocupa la mente de los navegantes españoles, ya que el mar del sur permite conjeturar que… “las tierras tomadas como asiento por los adelantados no pertenecían al continente conocido, y que sólo eran elevaciones de pequeñas superficies, como un “simple escollo” o “isla grande” que interrumpía la navegación con destino a Asia”.


Por este motivo, persuadida sobre la importancia en acceder al continente asiático, la Corona autoriza a los integrantes de su Armada para iniciar la búsqueda de un paso que permita el tránsito marítimo alrededor de la “Isla grande” (Para llegar a Catay) Los relevamientos topográficos e hidrográficos fueron la consecuencia inmediata, y cuando los mismos satisficieron las expectativas del Rey, el alerta de Caboto descubre el velo que había cubierto la leyenda de Dabaibe, convirtiéndola en la mítica ciudad de los edificios de oro. La locura, entonces, encalló en las mentes españolas, perturbando las misiones y generando cruzadas, tratando de hallar, no las reliquias del hijo de Dios hecho hombre, sino al “Rey Blanco en la ciudad de oro y de plata” que “había sido visitada” por el fabulador Francisco de César[11].


El mismo Francisco Pizarro que decretara la muerte de Balboa, acuerda con Diego de Almagro, y ambos, protegidos por la aureola de Fray Hernando de Luque, dan inicio a la invasión de los territorios impostados por los Incas (A los quechuas, entre otros pueblos originarios) tras aniquilar al Cusco, condenar a Atahualpa por la muerte de su hermano Huáscar, y fundar la “Ciudad de los Reyes”… Actual ciudad de Lima.


Entre los territorios que formaban parte del gran imperio Inca, se encontraban los pertenecientes a la cultura Cacá (Actual noroeste argentino) cuyos habitantes abrevaban raíces en idioma y dioses propios.


Huelga acotar que el éxtasis se había expandido en las mentes de los invasores, y los proyectos de fundaciones hilvanados en las dulces noches de un Cusco desvanecido entre arcabuces, desaparecieron detrás de una única y mítica irrealidad: “Hallar la ciudad, donde un Rey Blanco gobernaba entre edificios construidos con oro, cuyas fachadas reflejaban en el cauce del río con aguas de plata”.


Si la leyenda de Dabaibe instaurada por la hija del Cacique Kareta, había sido el origen, el motivo para que Diego de Almagro siguiera los “consejos” (Entre otros) de Gonzalo Calvo de Barrientos[12] – Primer español en acceder al NOA – y se internara en las tierras ubicadas al sur del lago Titicaca, fue exactamente el mismo, apropiarse del oro y obtener con él, el poder de un Dios. Tal vez por ello, cuando Diego de Almagro llegó a la altura de Chicoana (Salta) el agua salada de los mares que había cobijado sus intenciones tras la partida de España, se convirtió en el agua dulce de los ríos interiores que alimentó la fábula, protegiendo de su avaricia – por misterioso legado – al sagrado contenido de los pueblos Cacá.


Los cauces de agua dulce que encontraron los invasores en el noroeste argentino, no se mostraban entonces como ahora… Devorados en diques y embalses artificiales.


Por el contrario, los ríos con nombres engendrados en “aba”[13] permitían el florecimiento de los valles intermontanos, consintiendo la germinación de las semillas que alimentaban a la desaparecida cultura.


Sin embargo, el fracaso de la primera expedición no amilanó a los españoles de la “Ciudad de los Reyes”, y tras reiterados intentos – incluyendo el éxito consumado por Pedro de Valdivia en Chile – en 1542, la codicia de un capitán asentado como gobernante en la antigua ciudad de “La Plata” (Actual Sucre – Bolivia) se vio perturbada por el nombre del río cuyo cauce concluía en una ciudad donde los edificios eran construidos con oro, y la plata, el lecho donde los habitantes reflejaban sus cuerpos por efectos de la luz fulgurada por la luna… “La ciudad de oro que se abría sobre el río Arauco”. [14]


Ese fabuloso río fue la causa para que Diego de Rojas retomara el camino de sus predecesores, y decidiera partir en busca de la ciudad donde derramaba sus aguas aquel mítico río… Rojas partió Junto a “ciento e treinta españoles”[15] o “doscientos y cincuenta hombres”[16] o “más de doscientos hombres”[17]. Y desde que salió del Cusco (…) transitó por un territorio que había formado parte de un solo Estado y que conservaba su organización”. [18]


A pesar de todo ello, su mente albergaba un irrenunciable interés ya que en… (…) aquellos aventureros estaba la idea de encontrar la región de Yungulo o Trapalanda.[19]


Por cierto que en otros textos difundidos, he relatado sobre el camino de Diego de Rojas y su trágica muerte. Como he conjeturado, y a pesar de las citas de la biblioteca – fundamentalmente santiagueña – y de los historiadores contemporáneos, éste español de rostro “tallado en aquilina forma” sólo alcanzó el cauce del río “Salí” hasta la junta con el río “Pueblo Viejo” (Tucumán) y desde allí cruzó las montañas allende al Aconquija para acceder a Punta de Balasto (Noroeste del cerro Aconquija, Catamarca) y luego a la ciudad Inca descripta por su predecesor Almagro, que se ubicaba en territorio de la actual Catamarca (Shincal, a 8 kilómetros de Londres) al norte de los pueblos de Aymogajta”[20] y Machigajta en el valle de Mocacaj[21].


Buscando la ciudad del Rey Blanco en un valle que llamó “Vicioso”[22], el Jefe de la segunda entrada española al noroeste argentino, sucumbió por efectos de una septicemia (Flecha envenenada)


“Así murió victorioso en Mocacaj[23]


Seis años después, Juan Núñez del Prado, Capitán enviado por el gobernante Pedro La Gasca, siguió la ruta de Rojas con la intención de fundar una ciudad y sentar jurisdicción sobre las ambiciones que llevaba adelante Pedro de Valdivia desde Chile.


Llevó a cabo su cometido sobre los faldeos del sudeste del cerro Aconquija (Actual territorio de Tucumán) en un sector adyacente a la desembocadura del río “Blanco” – actual Nevado – Allí, en honor a Pedro la Gasca, fundó la ciudad de “El Barco de Ávila”.[24] Luego cruzó la montaña – Abra del Toro – con destino a la ciudad Inca descripta por los sobrevivientes de la expedición de Rojas – Shincal de Londres – y alcanzó el Valle de Paccipas donde celebró un acuerdo de no agresión con el Cacique de Machigasta… “Manchingasta, cuyo cacique se llamaba Combo[25], y que fuera visitado por el español Nuñez del Prado”.[26]


El primer asentamiento español en el NOA, sufrió numerosos traslados de ubicación y de nombre. Hasta que en 1553 Aguirre, mano derecha de Valdivia la instaura como “Santiago la nueva” (Actual Santiago del Estero)


Cinco años después, el Capitán Juan Pérez de Zurita, incorpora los pueblos nativos de Aimogasta y Machigasta a la jurisdicción de la ciudad de Londres de la Nueva Inglaterra[27], fundando otra ciudad española sobre la traza de la ciudad Inca de “El Shincal”.


A fines de 1559 accede al antiguo Valle de Capayán el religioso de la orden Franciscana Juan Cedrón – También conocido como Cirón o Cerón – quien en compañía de Juan Rojo, da inicio a la plantación de especies vegetales de Castilla, entre las cuales se encontraban los olivos[28]Cedrón fue “quien plantara los primeros retoños de olivo y vid, traídos desde Panamá vía Perú”[29]


Los nativos inician la concentración de sus fuerzas y originan la primera reacción contra los invasores. Sin embargo, la fuerza de los españoles somete a los sublevados durante un lapso de treinta años… “Luego, la ciudad de Londres de la Nueva Inglaterra fue destruida (…) las tierras del valle de Paccipas fueron inculcadas por mandatarios de las órdenes religiosas asentadas en Lima, que empleaban traductores Quechuas para su comunicación con los nativos”[30]


Inmersos en el contraste de intereses y ambiciones, el pueblo de Machigasta, fue tomado en cuenta tras la llegada del capitán Juan Núñez del Prado, y desheredado, cuando en el mes de octubre de 1591, toma posesión de la merced del Valle de G(H)uaimoco o Aymocaj perteneciente a Juan Ramírez de Velasco, su encomendero Gonzalo Cristóbal de Contreras[31]. Quien llega con el objetivo de… Consolidar un asentamiento español, al oeste de las comunidades nativas de Aimovil…


Contreras toma posesión de la encomienda[32] cuando los pueblos de Malfin, Abaugean y Sunjin fueron (reducidos) a Pichana[33] y decide asentarse en un sector adyacente[34] al “delta” del río “Ashaj” o “Ashan”, distante proporcionadamente, de los diferentes pueblos nativos que habitaban ese sector del valle hoy conocido como Arauco[35]“Título formado a 24 de mayo de 1591[36] (…) haberle tocado los pueblos Anquilpato, Quilacolquincha, Pohangasta, Jungunigasta, Famatina, Anquinao, Quimamalinja, Ambaragasta, en el Valle de Famatinaguayo; Guaymoco, Aymohil, Quilmisquischa, en el Valle de Guaymoco o Aymocaj, y por fin los pueblos de Taogasta y Zoloagasta”[37]


El español y sus auxiliares – entre los que se contaban dos mujeres[38] permanecen en el nuevo pueblo hasta el año 1607[39], cuando emigran hacia la ciudad de Santiago del Estero.[40] Quedan en el poblado español, el oratorio y algunos edificios de adobe que cobijan a las familias surgidas de la unión entre españoles y nativos.


Transcurren dos décadas de olvido, hasta que en el año 1632 el Teniente Jerónimo Luis de Cabrera y Garay es enviado al pueblo indio de Aymogasta, y al… Pueblo indio de Manchigasta (que) era gobernado por el cacique Luis Calsapy.[41]


Intenta el joven español una alianza con los Caciques nativos, y aunque la misma no llega a cristalizarse logra desplegar un sistema defensivo que incluye la construcción de dos Fuertes – Pantano y Machigasta – y un nuevo asentamiento español que se conoce como “Pueblo del Pantano”


En el sitio del Fuerte, los españoles extrañan a los habitantes de los pueblos rebeldes,  que como sucede como los “Aymogajtas”… caen en la jurisdicción de San Juan Bautista de la Ribera de Londres.[42]


En el ecléctico lugar, los nativos sirven a los intereses españoles de apropiarse de minerales de los cerros adyacentes (Ayún y Aconquija) hasta que la región queda desmontada, y sin combustible para la fundición, los ultramarinos abandonan los asentamientos.


En 1634, con los Fuertes consolidados, la ofensiva Cacá se debilita, y seis años después, desarmada la asonada, los pueblos nativos más importantes, que se ubicaban en las adyacencias de la destruida ciudad de “Londres de la Nueva Inglaterra” son “reducidos” y “denigrados” con incierto destino. (Al respecto archiconocida es la historia de los “Jjjjilmes”[43] o “Quilmes”)


Pero es válido citar que un pueblo nativo llamado “de los Abaucanes”[44] – importante para la historia que relato – fue conminado a desaparecer, y acabó en común unión con los habitantes de otro cuyo Cacique no había participado de la rebelión.


Efectivamente, en 1640 el pueblo de Machigasta recibió la emigración de aquellos rebeldes comandados por el cacique Aballay[45]A la cabecera del pueblo (…) donde fueron trasladados los del pueblo de Abaucán”[46]


Tras su llegada, el Cacique absorbió con enjundia los derechos que les correspondían como habitantes originarios, a efectos de negar a los españoles sus intenciones de dominación; y especialmente, para evitar ser esclavizados y utilizados como mano de obra “barata” en la extracción de minerales del “Ayún” (Hoy Cerro el Pabellón - Sierra de Velasco)


Pedro Ramírez de Contreras recuperó los Fuertes[47] erigidos por orden de Jerónimo Luis de Cabrera y Garay[48], y levantó un oratorio en el pueblo de Machigasta para albergar la pequeña imagen de la Virgen del Rosario… Que se ubicaba sobre el camino que unía a la ciudad del Pantano.


Esta impostación de un Dios único, originó la resistencia de los habitantes del lugar, hecho que sumado a la obligación de aprender el idioma ultramarino – castellano – obligó a continuas luchas, acciones que, como hemos visto, fueron aprovechadas por un español llamado Pedro Chamijo, quien utilizando sus dones para hablar los idiomas Cacá y Quechua, se hizo llamar Pedro Bohórquez y Girón, y más tarde, enceguecido por la quimera, convenció a los crédulos nativos de que en realidad era un emperador quechua que se llamaba Huallpa Inca… El falso Inca “estuvo en las Campanas, bajó al Valle Vicioso, jurisdicción de Londres, y en el sitio de Los Sauces se detuvo más de diez días”.[49] Desde Los Sauces… “Acompañado de veinte indios de Acogasta, Pacipas y Amangasta, pueblos encomendados al Alférez Alonso de Orduña”[50] se dirigió hacia Amoyamba. En el famoso asentamiento nativo, durante… el año 1668, accedió al… pueblo indio de Machigasta que… era gobernado por el cacique Juan Combo,[51] quien unió sus fuerzas a la quimera del español.


Por cierto, sabemos que la aventura contuvo un final previsible, para él la muerte por garrote, para sus ayudantes – tal como sucedió con varias parcialidades, entre ellas la de Amoyamba – la condena al ostracismo o la desaparición cultural.


A fines de 1678 el extrañado pueblo de Aimogasta, y el originario Machigasta, sobrevivían gracias al producto de sus sembradíos, a la carne de los animales llegados desde España, y a la benefactora asistencia de las aguas del mítico río ¿que había aventurado a Diego de Rojas?[52]


Durante un largo período, los pueblos nativos, separados por una “lonja territorial poblada de algarrobos”[53] usufructuaron los beneficios del cauce que los “unía” desde tiempos inmemoriales, sembrando “semillas de maíz y de algodón”[54].


En 1796, José Francisco Chumbita, Cacique de Aymogasta, estaba casado con Ignacia Romero (La familia se completaba con seis personas a cargo de los primeros) Históricamente, Aimogasta había sido citada en numerosos relevamientos y censos españoles, especialmente, por el realizado por el Padre Pedro Antonio de la Colina[55], cura párroco de la parroquia de Los Sauces del Valle de Arauco, que lo cita como… Pueblo de indios Aymogasta,[56] distante del Agua Caliente al poniente, nuebe leguas. De Arauco al norte una legua.[57] El mismo pueblo que dos años antes, según otro censo, tenía ciento ochenta y nueve personas.


Por su parte, el Cacique de Machigasta, Florentino Catibas (nacido en 1745) estaba casado con Francisca Reinoso (La familia se completaba con doce personas a cargo de los primeros) El pueblo de Machigasta había sido gobernado por los Caciques… “Combo”, “Aballay”,[58] “Combo”, “Calsapy”[59], “Camisa”, “Cutayan”, “Catiba”, “Huanchicay”, “Catibas”[60], “Julaya”, “Pahuan”, “Chumbita”, y “Yabatis”. Se reconocía español como… Capilla de Machigasta, pueblo de indios distante de Aymogasta al oriente media legua.[61] Y estaba habitado por doscientas veintiséis personas[62]


Sin embargo, sin que fuera advertida por los habitantes, y menos aún, por los encomenderos, esta virtual independencia de ambos poblados nativos, impostados culturalmente por los españoles, había soportado cien años antes, un silencioso impacto que determinaría el establecimiento de un nuevo sometimiento a los habitantes originarios, que cercenaría definitivamente el derecho concedido por las Leyes de Indias.


Todo había comenzado a finales de 1680, con la llegada de un mestizo de Santiago del Estero apellidado Bargas, que según los títulos era heredero directo de las primeras familias españolas asentadas en el lugar, quien… “Había obtenido por merced las sobras realengas existentes entre ambas comunidades, distantes un cuarto de legua”[63]


El heredero expresaba sus intenciones de plantar reales en la región, aunque poco favorable resultó para sus proyectos observar la precariedad que disponían los “escasos habitantes de ambos pueblos nativos”. Tal vez por ello decidió regresar al lugar desde donde partió, llevándose los documentos y la historia de los dos asentamientos nativos, que se encolumnaban detrás de… “El cacique del pueblo de Machigasta, y el Cacique del pueblo de Aimogasta.”[64]


Ignorantes de que una familia española, afirmaba ser legítima propietaria de esas tierras, los nativos continuaban obedeciendo a los…  “Caciques o Mandones del linaje Chumbita (Aimogasta) y Catibas (Machigasta)”[65] Quienes controlaban el normal abastecimiento del agua de riego para los sembradíos.


Pero como la cadena histórica nunca deja de servir intereses y al poder, sucedió que a mediados de 1787, una descendiente de aquel español reclamante de 1680, llamada Urbana Bargas casada con Bernabé Sánchez, vendió la merced familiar a Pedro Miguel del Moral, quien, al revés de la decisión del santiagueño, tomó posesión del terreno y del agua. Dado el olvido de estas… “sobras de las cuales nunca tomaron posesión el beneficiario ni sus descendientes”.[66]


Fue entonces cuando la realidad golpeó a los pueblos comandados por los Caciques Chumbita y Catibas.[67] Que inmediatamente se opusieron a la usurpación que intentaba Del Moral, y para hacer efectivos sus reclamos, decidieron en 1788, buscar el resarcimiento histórico que les correspondía – corresponde a sus descendientes – recorriendo la distancia que los conectaba con La Plata (Sucre, Bolivia)


Cuando llegaron, expusieron su problema ante el protector general de la Audiencia, denunciando el despojo… “De su derecho inmemorial a toda el agua de un arroyo”[68]


Por lógica, este pedido había sido registrado en el reclamo efectuado oportunamente ante el protector de naturales y Fiscal de la Audiencia Francisco Manuel de Herrera, quien había expresado que... Estos dos pueblos de indios… tienen derecho preferente a usar a su arbitrio del agua del arroyo, que por sus terrenos corre primero que nadie.[69]


Chumbita y Catibas expusieron que en 1787, el subdelegado Juan Antonio Gómez… “Llevado de un espíritu de codicia (…) con ánimo de perjudicar a dichos pueblos… denunció las sobras de tierras que dijo existían de las que debía gozar Machigasta y de este principio tan vicioso han dimanado los padecimientos de ambos pueblos"[70]


Dado que el memorial justificaba la declaración “nula y de ningún valor ni efecto” sobre la denuncia de Gómez, consensuaba… No poder tener efecto la composición con su majestad que se verificó por parte de doña Urbana Bargas (…) bajo el concepto de ser dueños del agua a su arbitrio, declarándoles, sin embargo, este derecho, mandándolos restituir a su antiguo goce.[71]


Chumbita y Catibas acotaron que nada fue aceptado por “los propietarios” quienes apelaron ante el Tribunal, que finalmente… resolvió anular la decisión confirmando el despojo (…) El mismo hecho de ser merced de sobras por las que se ha procedido a admitir a composición el agraciado, no obstante la nulidad de esta admisión, está manifestando el derecho preferente de los indios de ambos pueblos al agua del arroyo como anteriores[72]


Sin embargo años más tarde, la junta superior – Auto del 9 de enero de 1798, resolvió… Librar despacho al subdelegado de real hacienda de la Rioja, Vicente de Bustos, a fin de que reciba información (…) indagar si los indios del pueblo de Aimogasta han estado en posesión pacífica juntamente con los de Machigasta, de usar y aprovechar libremente el agua que (…) corre por dichos pueblos[73]


Un año después, la Casa de Real Hacienda de La Plata evaluó los contenidos de la disputa y dictaminó que… se ampara a los indios de los pueblos de Aimogasta, y Machigasta… en la posesión en que estaban de disfrutar libremente y sin limitación alguna el agua del arroyo que corre inmediato a ellos antes de la denuncia de tierras sobrantes, y realengas, que hizo el año de mil setecientos ochenta y siete don Juan Antonio Gómez[74]


Finalmente, encontró justificado decidir que… El hecho de haber sobra de tierras de los pueblos nombrados Machigasta y Aimogasta (…) que sus naturales no tienen derecho a toda el agua (…) más que suficiente para regar sus propias sementeras y arboledas (…) por vivir entretanto abandonados a la holgazanería y detestables vicios.[75]


Como conclusión se determinó legal la venta de las tierras y por lo tanto el uso del agua por parte del español Pedro Miguel del Moral… Declarando por legítima la venta (…) a don Bernabé Sánchez en representación de su legítima consorte, de las expresadas sobras de agua y tierras que se componen de cuatro marcos, y cuatro cuadras de frente con legua y media de fondo, de quien por el propio título de compra y venta pasó a don Pedro Miguel del Moral (…) se restituya a éste a la posesión.[76]


La historia, por supuesto, continuó.





Apólogo





¿Qué pasó con los nativos?


Desaparecieron…


Como el oro que encegueció a los primeros invasores españoles.


Como el mítico cauce del río Arauco.


Como los ideales de recuperar las culturas sometidas por los ultramarinos.


Sólo quedan, como testigos del reclamo, el cauce seco de un río, cuyo nombre fue usurpado a lo largo de los siglos; Las atalayas del Fuerte de Cabrera y Garay; El desaparecido pueblo del Pantano; Y los enterratorios, dispersados a ambos lados del río  – hoy Aimogasta – cual simples mitos de una fábula que sigue siendo escrita – me incluyo – por los escribidores de siempre.





[1] Supremo dios de la cultura Cacá.
[2] Sol.
[3] Luna.
[4] Numen nefasto. (terremotos, sequías, vientos huracanados, etc.)
[5] Nombre nativo del continente americano. Instaurado a petición de líder Takur Mamaní.
[6] Darien es el nombre – interpretado por los españoles de la época – del río Tarena.
[7] Stilp Piccotte, Víctor José. “Huaymocacasta, inhibición histórica de la Argentina”
[8] Madre del dios creador del sol, la luna y de todos los elementos. Los nativos le habían construido un templo con paredes de oro puro.
[9] Al recorrer la lista de los temerarios que acompañaron a Vasco Núñez de Balboa, certifico la ascendencia de la Leyenda sobre la ciudad perdida del oro, o de los Césares.
[10] Mendez Pereira. Octavio. Ibídem. 
[11] Capitán bajo órdenes de Sebastián Caboto, que inventó una supuesta ciudad con edificios de oro y ríos de plata, gobernada por un Rey Blanco. De allí la mitológica “Ciudad de los Césares”.
[12] Español llegado con Pizarro, y condenado por éste – con la mutilación de sus orejas – al exilio a las tierras ubicadas al sur del lago Titicaca.
[13] Morfema Cacá que señala al río.
[14] Cieza de León, Pedro. “La crónica del Perú” Editorial Espasa Calpe de Argentina, Buenos Aires, 1945. Textos y Bibliografías de Cronistas.  
[15] Cieza de León, Pedro. Ibídem. 
[16] Gutiérrez de Santa Clara. Archivo General de Bolivia. 
[17] Fernández, Diego. Ibídem. Archivo General de Bolivia. 
[18] Piossek Prebisch. T. Ibídem.
[19] Martínez Martín, Carmen. “La Gobernación del Tucumán en la época española: aspectos geohistóricos” Universidad Complutense de Madrid.
[20] Carrizo de Garnica, Nicolás. Dirección General de Archivos. Archivo Histórico de Córdoba. T.II /111 1687 Ibídem. 
[21] Ramírez de Velasco, Juan. “Carta al Rey de España” del libro “Papeles de gobernadores…” de Roberto Levillier.
[22] Por los múltiples cauces de pequeños ríos que bajan de la montaña (Actual sierra de “Velasco”) como tributarios del “Abaucán” (Pucamayo o Colorado)
[23] Lozano, Pedro. “Historia de la Conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán” T. I. BMUNC Ibídem.
[24] El Barco, dado que La Gasca había nacido en un pueblo de Ávila, España, llamado de la misma manera. Ésta fue la primera fundación de una ciudad en territorio del NOA.
[25] “Combo” es apellido del linaje de caciques que gobernó Machigasta entre los años 1540 y 1590
[26] Lozano, Pedro. Ibídem. Acotación del autor: “Lozano expresa que el nombre era Francisco Combo, aunque descreo de la legitimidad de ese nombre castellano”.
[27] Nombre puesto en honor a la Reina de Inglaterra, María Tudor, que había contraído nupcias con el Rey Español Carlos I (También conocido como Carlos V de Alemania)
[28] En el año 1561 plantan los ejemplares de Huasán, en Catamarca, y de Arauco, en La Rioja.
[29] Picón, Fray Antonio. Archivo General de Indias (Sevilla) LXXV/VI/II copia adjuntada por Fray Buenaventura Oro, citado por Fray Antonio S. C. Córdoba “El Reverendo Padre Fray Juan Pascual de Rivadeneira” Revista Archivum T.II. C.1. Ibídem. 
[30] Cobo. Bernabé. Ibídem.   
[31] Contreras había sido partícipe de la fundación de la ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja.
[32] Ramírez de Velasco, Juan. Cartas al Rey de España. (Por el Valle de Arauco) De “Papeles de gobernadores” Ricardo Levillier. Ibídem.
[33] Lozano, Pedro. T. IV. BMUNC Ibídem. 
[34] Sitio de la actual plaza principal de la ciudad.
[35] Según se desprende de los documentos consultados, el valle de Mocacaj tomado como merced por el fundador de Todos los Santos de la Nueva Rioja, se encontraba habitado por diferentes parcialidades de la misma cultura – cada una respondía a un único líder, cacique, o mandón, según los españoles – En forma particular, la mancha urbana de la actual ciudad de Aimogasta contenía a cinco o seis parcialidades, con diferentes nombres. De allí la confusión de topónimos tales como Aymohil, Aymocaj, Mocacaj, Huaimoco, Huaimocaj, etc.
[36] Se sobreentiende el porqué de la pretensión del 24 de mayo como el día de la fundación de Aimogasta.
[37] Lozano, Pedro. T. IV. BMUNC Ibídem.
[38] Bargas y Nieto.
[39] Llegada de Gaspar Alonso Doncel, quien tenía la orden de refundar la ciudad de Londres de la Nueva Inglaterra. De “Papeles de gobernadores” Ricardo Levillier. Ibídem.
[40] Doncel, Gaspar Alonso. “Carta al gobernador del Tucumán” año 1607. De “Papeles de gobernadores” Ricardo Levillier. Ibídem.
[41] Parco, Mariano. Ibídem. 
[42] Carrizo de Garnica, Nicolás. Dirección General de Archivos. Archivo Histórico de Córdoba. T.II /111 1687 Ibídem.
[43] Abattista, Dardo. Real forma de expresar la palabra Cacá, según Delfín Jerónimo, de la Comunidad de Indios Quilmes de la República Argentina.
[44] Los abaucanes, según el primer mapa ¿del año 1645? realizado por los Jesuitas, se ubicaban al norte de la actual ciudad de Tinogasta, Pcia de Catamarca.
[45] El linaje de los Aballay gobernó durante décadas al pueblo indio de Machigasta.
[46] Del Moral, Pedro Miguel. Comprador de la Merced de la Sra. Urbana Bargas, en el pueblo nativo de Machigasta en el año 1797. Dirección General de Archivos. Archivo Histórico de Córdoba. Año 1797 T. I /4 Ibídem. 
[47] Fuerte del Pantano – existen restos – y Fuerte de Machigasta – inexistente – que es citado por el General Paunero, tras su paso como Comandante de la Coalición del Norte en las guerras de Unitarios y Federales.
[48] Nieto del fundador de Córdoba, por parte del padre. Y nieto del fundador de Buenos Aires, por parte de la madre.
[49] Lozano, Pedro. T. V. BMUNC  Ibídem.
[50] Lozano, Pedro. T. V. BMUNC  Ibídem. 
[51] Lozano, Pedro. T. IV BMUNC Ibídem.  
[52] Hoy llamado río Aimogasta.
[53] Dirección General de Archivos. Archivo Histórico de Córdoba. Año 1797 T. I /4 Ibídem.
[54] Dirección General de Archivos. Archivo Histórico de Córdoba. Año 1797 T. I /4 Ibídem.
[55] Autor del Censo realizado en el Valle de Arauco en el año 1795. Archivo del Arzobispado de Córdoba. Fotocopias del documento, cedidas por su Directora, Sra. Maria Celina Audisio.
[56] Fondo de Escribanías Nº 4 de la Dirección General de Archivos. Archivo Histórico de Córdoba. Allí se cita al expediente 1 Legajo 8 del año 1797, un procedimiento entre los indios “reducidos” Malligastas y los indios de “Aimagasta”. Ibídem.
[57] De la Colina, Pedro Antonio. Ibídem.
[58] El linaje de nativos “Aballay” gobernó Machigasta entre los años 1590 y 1610. Padrones existentes en el Archivo histórico de Catamarca.
[59] En el año 1632, cuando ocurrió la llegada de Jerónimo Luis de Cabrera y Garay.
[60] Florentino Catibas era el cacique de Machigasta que reclamó sobre el uso del cauce de agua del río que atravieza Aimogasta y Machigasta. (Testimonio Primero, realizado por el sub delegado de Real Hacienda Don Pedro Miguel del Moral, T. IV/4 L.8. del año 1797. y T.IV/5 L.7 del año 1796 por el sub delegado Juan Antonio Gómez)
[61] De la Colina, Pedro Antonio. Ibídem.
[62] De la lectura de los censos consultados, resulta inobjetable la tesis sobre la existencia del pueblo de indios de Machigasta (que hablaba el Cacá) con anterioridad a la llegada de los invasores españoles.
[63] Dirección General de Archivos. Archivo Histórico de Córdoba. Año 1797 T. I /4 Ibídem.
[64] Gómez Juan Antonio. Sub delegado de Real Hacienda. Dirección General de Archivos. Archivo Histórico de Córdoba. Año 1796 T.I. /2 Ibídem.
[65] Dirección General de Archivos. Archivo Histórico de Córdoba. Año 1797 T. I /4 Ibídem.
[66] Dirección General de Archivos. Archivo Histórico de Córdoba. Año 1797 T. I /4 Ibídem.
[67] Dirección General de Archivos. Archivo Histórico de Córdoba. Año 1797 T. I /4 Ibídem.
[68] Dirección General de Archivos. Archivo Histórico de Córdoba. Año 1797 T. I /4 Ibídem.
[69] Dirección General de Archivos. Archivo Histórico de Córdoba. Año 1797 T. I /4 Ibídem.
[70] Dirección General de Archivos. Archivo Histórico de Córdoba. Año 1797 T. I /4 Ibídem.
[71] Dirección General de Archivos. Archivo Histórico de Córdoba. Año 1797 T. I /4 Ibídem.
[72] Dirección General de Archivos. Archivo Histórico de Córdoba. Año 1797 T. I /4 Ibídem.
[73] Dirección General de Archivos. Archivo Histórico de Córdoba. Año 1797 T. I /4 Ibídem.
[74] Dirección General de Archivos. Archivo Histórico de Córdoba. Año 1797 T. I /4 Ibídem.
[75] Dirección General de Archivos. Archivo Histórico de Córdoba. Año 1797 T. I /4 Ibídem.
[76] Dirección General de Archivos. Archivo Histórico de Córdoba. Año 1797 T. I /4 Ibídem.

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