martes, 27 de marzo de 2012

PAGANO E INPAGANO

Señor De La Peña


Un dios pagano[1]


                                                                                 





Por el Arquitecto e Investigador Poético Víctor José Stilp Piccotte©


Reservados todos los derechos


Extractado de “Huaymocacasta, inhibición histórica de la Argentina” 2006®





PLANIALTIMETRÍA DELPARAJE SEÑOR DE LAPEÑA [EMAP2009]



Allí, por efectos de un terremoto, o por la fuerza de un caudaloso río, ya desaparecido, una enorme pieza pétrea muestra hacia el sudoeste el perfil de un rostro humano (…) En épocas prehispánicas era considerada una “Huaca”. 








Prólogo








Luego de padecer días y meses sin que el cielo permitiera la bendición del agua sobre el desierto noreste de La Rioja, un Pastor decidió trasladar sus animales (cabras, vacas, caballos y otros, domesticados) hacia el faldeo de la montaña, donde los pequeños ríos suplirían la necesidad, obteniendo el elemento, tan vital para la cría de las especies.








El Señor








El guía no tuvo en cuenta la distancia a cubrir, ni los innumerables obstáculos a vencer para concretar su intento. Así fue que en medio de tan impiadoso clima, alcanzó a cubrir en diez días la mitad de su camino.


Cansado, con animales mal alimentados y sedientos, decidió una tarde abandonar su intento, aun sabiendo que ello significaría el final de los animales, y la irrecuperable pérdida de su capital.


Se quedó absorto, observando el infinito rojo de las rocas cercanas, a la espera de que Dios le ayudara. La noche cubrió al páramo, y tanto él como los vertebrados se durmieron profundamente.


Cuando el sol superó las cumbres, el desierto habíase transformado en un inmenso barreal, donde el agua y los vegetales abundaban por doquier.


El Pastor, conmovido por lo sucedido, atinó a contemplar a sus animales, que alegres por la cercana comida y la insustituible bebida, corrían embistiéndose unos contra otros demostrando agradecimiento a la vida.


Al llegar hasta la orilla divisó una extraña presencia…


Una inmensa roca pulía el horizonte con multiplicidad de perfiles.


Intrigado, se acercó. Fue entonces cuando pudo distinguir el rostro perfecto de su Dios.


Impactado, se arrodilló y elevó una plegaria en agradecimiento.


Días después, al llegar al pueblo, contó a sus amigos lo que había ocurrido…


- ¡En la peña, hay un señor que me ayudó! -


- ¡Él está cuidando mis animales! –





Apólogo





Si bien ésta que acabo de narrar, no es la única relación existente sobre el mito arauqueño, resulta válido agregar, que al escuchar el relato del guía, y conmovidos por el relato, los habitantes del valle accedieron hasta el lugar dispuestos a comprobar la veracidad de la historia.


Luego, perplejos por lo que observaban, manifestaron que efectivamente, todos los animales descansaban custodiados por la altiva presencia de aquella roca…


¡El Señor de la Peña!








[1] La roca ha ocupado el lugar más allá de los quinientos años de invasión ultramarina. Se conjetura que cayó de las cumbres cercanas debido a un movimiento sísmico de gran intensidad, o bien por causa de un desmembramiento pluvial.

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