jueves, 27 de septiembre de 2012

YO ROBOT - ISAAC ASIMOV


«A Pebble in the Sky»

Un guijarro en el cielo

Por

Arq. Víctor José Stilp Piccotte

Reservados todos los derechos

Al inicio de los cincuenta —siglo XX—, luego de tomar conocimiento de una serie de relatos difundidos en «Astounding Science Fiction», pertenecientes a un escritor nacido en Petrovichi, Smoliensk, años antes de conformarse la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas «URSS», una ignota editorial norteamericana decide publicar «A peeble in the sky»  novela cuyo argumento, encabezado por «Joseph Schwartz», mágicamente resulta transportado hacia el futuro.
Isaac Asimov
 

Isaac Asimov, escritor desconocido, incluso en las patillas trascendentes de aquel entonces temporoespacial, permitió que su novela inundara mi mente con quimeras —Macho cabrío o Χίμαιρα Khimaira, Hija de Tifón y Equidna, madre de la Esfinge y del León de Nemea, con cuerpo de cabra, cabeza de león y piernas de dragón, que vomitó fuego hasta ser derrotado por Belerofonte (no sin la ayuda de Pegaso) con una lanza con punta de plomo que al penetrar se fundió en el calor de su cuerpo—

Las quimeras, finalmente se transformaron y la mente descubrió a la ¡Fantasía!

Desde 1956, forma parte de mi vida, y como he aprehendido: “Las quimeras no son como los hombres, nos acompañan, pero nunca mueren”.

«Joseph Schwartz» protagonista al fin, descubre que ha sido enviado a una época en la cual el Planeta no es el único que porta vida en el Universo, pues la conexión espacial entre «Tierras similares» es posible; tal vez por ello Asimov le confiere la potestad de ser viajero en el tiempo, emergiendo con el «Sinapsificador» que le ayuda a comprender los nuevos y raros idiomas —un pequeño aparato «telepático» y «nanotecnológico» sólo concebido por una mente privilegiada—

Por cierto, «A peeble in the sky» y «Joseph Schwartz» pasarían desapercibidos en la historia de la literatura si no fuera por un pequeño testimonio: Isaac Asimov iniciaba con esa novela de ciencia ficción, el camino, un sendero poblado por Robots, y, además, por las leyes instauradas en el universo de la ficción.

“—Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto cuando éstas entren en conflicto con la Primera Ley. Un robot debe proteger su propia integridad, siempre y cuando esto no impida el cumplimiento de la Primera Ley y Segunda Ley.”

Isaac Asimov nació el segundo día de 1920 y emigró, cuando la «URSS» era «URSS», y por impulso de sus padres, hacia los «EEUU». Él mismo se encargó de conseguir la ciudadanía norteamericana al cumplir ocho años.

Matriculado en la universidad de Columbia, obtuvo el título de Licenciado en Químicas, luego, la licenciatura en Ciencias y Artes. Como meta, se doctoró en Filosofía. Por supuesta lógica, un cierto día decidió que su futuro se circunscribía en la literatura.

Como corolario a este pequeño comentario, sugiero que naveguen para conocer más de su historia. Concluyo su biografía, acotando que la muerte lo sorprendió —como sucede siempre con la gente buena— en la ciudad de Nueva York, en la primavera de 1992.

¡Otro certero ataque al corazón!
 

No son pocos los cuentos, complementarios y/o aleatorios que se infiltraron en el ámbito de la cinematografía. Cito a: «Yo, Robot» y «El hombre bicentenario» como ejemplos.

  

Pero mas allá de la existencia onírica del séptimo arte, sé, porque lo sé, y nadie debe decirme porqué lo sé, que leer y releer al bueno de Isaac es rencontrar la fantasía, una quimera que siempre circunscribirá la analogía.

 
Tal vez, por ser tal vez, y nada mas que el más famoso de sus textos literarios, la trilogía de «Fundación» inunda el universo con infinitas preguntas sobre el hombre y sobre el intrincado camino que éste debe enfrentar para comprender al futuro.

«Hari Seldon», protagonista principal, no del primero sino de toda la trilogía, muere en el primer capítulo, y desde ese mítico inserto temporespacial, los capítulos fluyen, junto a los miles y millones de años, que parecen segundos.

 
«Hari Seldon» organiza el Planeta «Fundación» con el objetivo de salvaguardar los conocimientos de la humanidad, con el convencimiento de que la visión del mundo futuro y de las nuevas formas de organización social, concatenan los avances tecnológicos. Esa simbología, o parágrafo que destaca en las novelas de Isaac Asimov, hacen a la realidad científica que declara el autor, y en ellas incluye y descubre la relación del Hombre con el Hombre Robot, como sucede en «El sol desnudo» publicada en su apogeo, allá por 1957.

Por cierto: Él nunca detuvo su imaginación.

No se contuvo en la utopía…

¡Continuó!
Isaac Asimov
 
         “—Hace cincuenta y un años que escribo cuentos y aun no he desistido (…) mis obras de ficción gozaron de popularidad desde el principio y han sido bien acogidas con el correr de los años. Pero no es fácil localizar cuentos que uno ya no tiene y desearía tener, o encontrar uno que oímos nombrar, pero nunca pudimos leer (…) mis cuentos se publicaron originalmente en una multitud de revistas cuyos números originales son imposibles de conseguir. Luego aparecieron en gran cantidad de antologías y compilaciones, también imposibles de conseguir.” Isaac Asimov, 1990, Nueva York.

Diferente a los soberbios intelectuales de estos lares, el bueno de Isaac converso en sus patillas, publicaba al final de sus libros innobles notas de rechazo.

Por ejemplo:

         “—Querido Asimov: las leyes de la mente prueban que la ortodoxia es defectuosa. Observe esa ecléctica clausula kantiana que roe con batiente mandíbula antilógica los carcomidos e inservibles dientes que asoman en buches modernos y mutantes. Aquí va su cuento (con exiguo aplauso) las palabras que anteceden nos excusan.” Erudita, pag. 699 – The complete stories, volumen I, diciembre, 1992. Ediciones B, S.A. Barcelona, España.
 

¡Ah!
Me olvidaba citar que sus Robots aun nos acompañan, ¡como mis quimeras

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