miércoles, 28 de enero de 2015

ME PREGUNTO (IV)

¿Son lágrimas las que se deslizan por el rostro de los políticos…? o, quizás, son señuelos?
Esos tibios desencantos de la miseria humana, que parece contenernos.
Al respecto…
Alguien dijo, alguna vez, que ese es el sentido de la Política que expresan los políticos.
En realidad, fingir, en las lágrimas, el sentimiento que expresa el desencanto y la miseria humana.
Porque en definitiva…
Los políticos deben obedecer, tácitamente, a la etimología de la palabra griega “polis”, que alude a los asentamientos que conformaban el Estado griego, con un gobierno –no del todo- democrático.
Evitando, de esa manera, formalizar las necesidades humanas, para organizar la vida social, y consecuentemente, un “transparente” sistema de gobierno.
Aristóteles…
El Polímata –no Alejandro Polímata- de la antigua Grecia…
Escribió una obra que tituló: “Política”.
Pero a nuestros políticos, como ignoran ese escrito de Aristóteles –eso interpreto, y pido disculpas si mi ignorancia supera la realidad-  les resulta más placentero interpretar a “su manera” la forma de “ejercer el poder”, porque de esa actitud deviene la facilitación para que resuelvan los problemas que se les anteponen a su meta, minimizando –siempre- el choque de intereses -perjudiciales para ellos- en el seno de la sociedad.
Lo cierto es…
Qué…
Cuando las sociedades se desasen del compromiso asumido por los políticos que ignoran a la Política, las jerarquías -el Poder adquirido por los políticos sobre el resto de la sociedad- exteriorizan las debilidades del sistema permisivo y corrupto que han instaurado.
De ello deviene...
Algunas veces, que las derivaciones preceden a la instauración de la violencia…
Otras, que las derivaciones propician revoluciones…
Pero, a decir verdad…
Las consecuencias de la exteriorización de las debilidades del sistema permisivo y corrupto, jamás permiten retornar al estado original, previo a la instauración.
Retomo entonces la pregunta…
¿Son lágrimas las que se deslizan por el rostro de los políticos…? o, quizás, son señuelos?
Esos tibios desencantos de la miseria humana, que parece contenernos.
Aunque...
Claro…
Ya lo sé…
Los desencantos humanos, son tan antiguos como la propia humanidad.
Sólo me queda retroceder, replegarme, para intentar derribar todos mis equivocados conceptos…
Y al hacerlo, torno, y me pregunto:
¿El pueblo?


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